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ABC JUEVES 27 10 2005 Opinión 7 Presupuestos para 2006 así lo prevén. El elevado déficit por cuenta corriente no tiene efectos financieros sobre los tipos de interés, ni el tipo de cambio, puesto que estamos en el euro; sin embargo, significa creación de empleo en el exterior, lo que puede poner en entredicho la generación de empleo interior en el futuro, lo cual incidirá negativamente en las rentas y por tanto en la demanda futura de consumo y de adquisición de vivienda. Otro aspecto preocupante de nuestro modelo de crecimiento reside en el elevado endeudamiento de las familias, circunstancia que podría traducirse en un fuerte retraimiento de la demanda en caso de que los tipos de interés subieran significativamente, si bien no es previsible que el BCE los eleve más de medio punto en 2006. Por otra parte, la escalada de los precios de la vivienda a lo largo de este periodo ha hecho crecer el temor a la formación de una posible sobrevaloración inmobiliaria, cuya caída produciría efectos devastadores sobre la economía. Sin embargo, la posibilidad de que se produzca esto es despreciable y ni siquiera está claro que realmente exista tal burbuja. Finalmente, debemos considerar como un riesgo añadido la posibilidad de ruptura de la unidad del mercado nacional que representa el proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña, puesto que significaría un fuerte incremento de los costes de transacción, aumento del intervencionismo y empeoramiento de las expectativas institucionales. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EL RUIDO Y LA FURIA A La corrección de los desequilibrios que acompañan nuestro modelo de crecimiento requiere de una política económica restrictiva que contenga el crecimiento de la demanda. Ante la imposibilidad de recurrir a la política monetaria, puesto que ésta se encuentra ahora en manos del BCE, la única herramienta de estabilización económica a disposición de las autoridades económicas es la política presupuestaria. Ésta debería adoptar un sesgo restrictivo con fuertes superávit para contener la demanda interna y frenar así tanto la inflación como el déficit por cuenta corriente, si bien los Presupuestos para 2006 caminan en la dirección contraria; a la vez que seguir impulsando la oferta desregulando mercados y recortando impuestos, en especial los que más afectan a las empresas, como son el de sociedades y cotizaciones sociales. Las reformas incluidas en los Acuerdos de Lisboa se deberían aplicar ya. En definitiva, es necesario mejorar las eficiencias de nuestros mercados e incrementar el potencial tecnológico y humano para aumentar nuestra competitividad y seguir creciendo sostenidamente. laeconomía europea ha propiciado unaampliación de nuestro déficit por cuenta corriente que se puede acercar al- 7,5 por ciento del PIB, que se ha agudizado en el último ejercicio, con una aportación negativa al crecimiento de dos puntos porcentuales. Este fenómeno está manifestando una preocupante pérdida de competitividad, que también representa una pérdida de cuota de mercado de nuestras exportaciones, y que vendría acentuada por un hecho que constituye otro de los aspectos menos favorables de la evolución de nuestra economía, que es el escaso esfuerzo tecnológico de nuestro sistema productivo, que se debe incrementar: los PALABRAS CRUZADAS ¿Se han llevado mal las negociaciones con transportistas y pescadores? CON LOS PIES SE HACE LO QUE SE PUEDE ÓMO quiere que yo sepa de qué manera se gestiona una crisis como la del encarecimiento del crudo. He observado la realidad política y económica durante más de tres décadas y no he conocido gobierno que supiese afrontar el tema. Culpar al equipo de Zapatero, o al de Aznar, de las consecuencias del incremento del precio del petróleo, ese bien escaso y administrado por sátrapas, es, simplemente, desenfocar el objetivo. Y eso que forzoso es admitir que este Gobierno nos explica mal las cosas: a nosotros, particulares damnificados porque el precio de las gasolinas se nos atraganta, y a los colectivos afectados. Transportistas, pescadores, quizá mañana agricultores, elevarán sus voces indignadas- -porque nosotros, meras individualidaFERNANDO des, no podemos hacerlo- pero solamenJÁUREGUI te una revolución universal, que pase por quitarnos de en medio a la OPEP y suprimir globalmente los impuestos sobre los carburantes, arreglaría el problema. Hombre, Zapatero, que es culpable de tantos desafueros, no puede echarse encima la responsabilidad de cómo hemos gestionado el petróleo durante el último medio siglo. Menos aún la ministra Espinosa, que no es la peor de las ministras del Gobierno. Convenga usted conmigo en que no es el momento de ceder a las presiones de todos los afectados por las subidas, aunque los otros acabarán cediendo. Y conste que entre estos afectados nos hallamos usted y yo, sin ir más lejos. L AS negociaciones del Gobierno con los sectores más afectados por la subida de los carburantes se han llevado con los pies. Y hay que insistir en lo de más porque afectados somos todos, a ver quécara se nos vaa poner cuando llegue la factura de la calefacción; pero es evidente que agricultores, transportistas, pescadores y taxistas sienten más que el resto de los ciudadanos el vacío del bolsillo. A veces los gobiernos de izquierdas creenque los trabajadoresjamás vana soliviantarse con quienes tienen en sus siglas laspalabrasobrero o socialista. Puesa Felipe González le hicieron la huelga más grave de la historia de la democracia y a Zapatero se le han puesto en pie de guerra los transportistas, luegolos agricultores y ahoPILAR ra los pescadores. No es un tema menor, y CERNUDA no se comprende por tanto que la ministra Espinosa- -que ya ha demostrado sus malas dotes negociadoras en Bruselas- -no haya hecho un esfuerzo por sentarse a hablar con los afectados semanas atrás. Cada día pasado sin diálogo ha enconado más el asunto. Y el resultado es el queahora vemos: mercados vacíos, millones de euros perdidos cada día, puestos de trabajo de futuro incierto y una imagen de España que ha sorprendido desagradablemente a los miles de turistas que pensaban pasar un día de descanso en puerto. La subida de los carburantes no se puede abordar con palabrería hueca y encogimiento de hombros. C ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate NDAN mis amigos catalanes un tanto pesarosos por la ola de pasión y furor que, en su percepción, ha desatado más acá del Ebro el proyecto de estatuto que sus electos han tenido a bien despachar al Congreso de los Diputados. Se preguntan, y te preguntan, a qué viene toda esa furia. Y piensan, aunque no lo dicen, que todo este jaleo tiene mucho que ver con el hecho de que el paquete venga expedido desde Cataluña; que si el remitente fuera otro no se habría armado una zapatiesta de tal magnitud. Hay mucho de pesar en la expresión de ese asombro, pero también un punto de delectación. Como si el hecho diferencial viniera confirmado en esta ocasión por el plus EDUARDO de agravio que ellos han SAN MARTÍN debido sufrir y que otros, más iguales, no habrían tenido que padecer. De tal manera que, corriendo todos los riesgos, me atrevo a formular una hipótesis: reacciones más templadas habrían provocado alguna decepción en muchos de los que ahora hacen trizas sus vestiduras. Escribo esto porque desempeñé un papel de actor secundario en una experiencia similar, vivida cuando se formó el gobierno tripartito catalán. Ante las muchas voces que se levantaron aquí y allá, una televisión catalana desplazó un equipo a Madrid y otras ciudades de España. Entre los que fuimos requeridos a prestar nuestro testimonio, algunos procuramos manifestarnos con ciertas dosis de templanza, aun expresando nuestras reservas con toda claridad. Y ello, a pesar de la insistencia de la entrevistadora en obtener respuestas más calientes Gran sensación de asombro. Sospeché que no habían encontrado lo que buscaban. Y mi sospecha se convirtió en certeza cuando vi el reportaje final: las expresiones de moderación acababan ahogadas en un mar de declaraciones apocalípticas proferidas por un coro de energúmenos que, creo yo, no representaban adecuadamente la pluralidad de opiniones que el vuelco producido en el escenario político catalán había provocado en el resto del país. Pero, claro, otro tratamiento no habría confirmado el apriorismo con el que, a todas luces, se había planteado ese trabajo. Quiero tranquilizar, si puedo, a esos amigos catalanes. El ruido no tiene por qué representar un mal augurio. La Constitución de 1978, el monumento político más hermoso que los españoles han sido capaces de construir en muchísimas generaciones, se elaboró sobre el sonido de fondo de un ruido ensordecedor. Y mereció la pena. El silencio es siempre mucho más inquietante, sobre todo cuando lo que está en juego nos concierne de manera tan directa. Lo que se oye ahora es una nana infantil en comparación con el estruendo de entonces. Importa mucho más lo que se discute que los decibelios. Y lo que está en discusión no gusta a muchos españoles. Esa es la partida que se juega. Y lo será aunque mandemos callar a la orquesta. Eso sí, en las próximas fiestas brindaré con buen cava catalán a la salud de todos nosotros.