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ABC MIÉRCOLES 26 10 2005 Madrid 45 Faemino y Cansado abren la programación de la nueva sala, que gestionará el productor Pedro Larrañaga En este teatro actuó la mítica Sarah Bernhardt en 1922 y Celia Gámez estrenó El águila de fuego Martín y Ricardo Castiella. El 12 de enero subirá a escena Witt una dura función de Margaret Edison dirigida por Lluís Pasqual y protagonizada por Rosa María Sardá, cuya interpretación le ha valido varios premios. esta obra estará en cartel hasta el 19 de marzo. Sin fechas concretas todavía está el siguiente montaje: Óscar o la felicidad de existir un monólogo de EricEmmanuel interpretado por Ana Diosdado y dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente, ex director del Centro Dramático Nacional, y que se estrena como productor con este texto. El teatro Maravillas echó su cierre en febrero de 1999. Su empresario entonces era Enrique Cornejo, que se encontró con un repentino precinto municipal. Aunque Cornejo tenía ya previsto bajar el telón a finales de marzo para después demoler el edificio y emprender la construcción de un nuevo local que albergaría el nuevo teatro Maravillas. El Ayuntamiento madrileño, sin embargo, precintó el edificio a mediados de febrero, ya que, según los responsables municipales, se había exigido a la propiedad del teatro que realizara una serie de reparaciones necesarias según un informe técnico realizado en 1997. Al no realizarse estas reformas (que afectaban a la techumbre y a la propia sala) se optó por el precinto y el cierre anticipado por tanto de la sala. La voz del grupo y el percusionista son los dos artistas españoles del cuarteto DANIEL G. LÓPEZ El grupo Cadofío da a conocer la música griega en la Sala Clamores, en una actuación donde se unieron modernidad, tradición y nostalgia entre un público muy entregado Aires musicales helénicos en la Sala Clamores TEXTO: JOSÉ M. CAMARERO Sala centenaria El teatro Maravillas es una sala con más de cien años de actividad. Su propietario actual es Luis García Ramos, hijo del que fuera durante muchos años el impulsor y alma de la sala, que toma su nombre probablemente del barrio donde se encuentra (el barrio de Maravillas) aunque hay varias leyendas sobre su origen. Una de ellas se refiere al Rey Alfonso XIII, que acudió al teatro para ver a Raquel Meller (el Monarca, al parecer, habría querido que fuera la artista quien actuara en el Palacio Real, pero aquella dijo que la misma distancia había de ida que de vuelta) El Rey, tras ver su actuación, habría exclamado: ¡Qué maravilla! lo que habría dado origen al nombre del teatro. Lo que no es leyenda es la historia del teatro, dedicado durante mucho tiempo a las variedades. El Maravillas fue testigo, como recordaba en este periódico Manuel Martín Ferrand el día de su cierre, de la actuación de la mítica Sarah Bernhardt en el año 1922; de la despedida de Rosario Pino con una obra de los hermanos Álvarez Quintero; o del estreno de El águila de fuego protagonizada por Celia Gámez. MADRID. Cuatro músicos, dos busukis- -el instrumento típico griego- -y cierto aire de nostalgia helénica. Estos fueron los elementos que el martes por la noche acogió la Sala Clamores en la representación que el grupo griego Cadofío llevó a cabo en una velada donde parte de la colonia griega de la capital se unió a los amantes españoles de una música minoritaria aunque relevante. Precisamente fue ese desconocimiento de la música griega en España lo que hizo salir a la luz a este grupo que interpretó 20 de sus canciones en dos tandas donde los ritmos rebético y laicó se conjugaban junto a las palmas, bailes y coros también interpretados por un público ávido de oír una música tan cercana sentimentalmente, pero lejana en la distancia. El recital comenzó con dos temas sin voz, para poner en ambiente al público. Y, desde luego, con sólo escuchar los primeros acordes de los busukis, el ambiente de la Sala Clamores se transformó radicalmente para poner al público en situación. Temas modernos y nostálgicos se mezclaban para un público dispuesto a cualquier opción. Para los de toda la vida, a la quinta canción, los griegos ya se animaban a interpretar los bailes típicos de su país, con danzas en corro, e incluso palmas en alto, lo que hacía presagiar el agradecimiento de los asistentes ante esta actuación que puso los pelos de punta a más de uno. Precisamente, ese era el objetivo del concierto y del propio grupo Cadofío desde su naci- D Rivera abre el Festival de Jazz de Madrid El cubano Paquito D Rivera, acompañado de la cantante brasileña Rosa Pasos, inaugurará el 1 de noviembre el XXII Festival de Jazz de Madrid, que, durante un mes, atraerá a la capital a grandes figuras internacionales y nacionales para mostrar la variedad y vitalidad de este género musical nacido en Nueva Orleans. A esta cuna del jazz que el pasado septiembre quedó devastada por el huracán Katrina, el Festival de Jazz de Madrid quiere dedicar cada nota, cada aplauso de esta cita que convertirá la ciudad en un punto de encuentro para los amantes de la música urbana por excelencia según comentaba en la presentación la concejala de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, Alicia Moreno. Veintisiete conciertos, en los que actuarán entre otros Chick Corea, Joe Zawinul, Roy Haynes o Giland Atzmon; 134 actuaciones en los catorce clubes y salas de música en vivo, las seis que componen el Festival de Jazz del Colegio Mayor San Juan Evangelista y las cuatro del distrito de Ciudad Lineal. miento: mostrar un tipo de música desconocido en nuestro país a través de un cierto aire de fusión mediterránea, puesto en práctica a través de sus componentes. De hecho, de los cuatro artistas que forman Cadofío, sólo dos son de origen griego, Dimitris Harisis, al busuki y voz, e Ilías Danelis, al piano; los otros dos, Aurora Golderos, la voz, y José San Martín, busuki y percusión, descubrieron su pasión por la música helénica a través de un viaje a Grecia y del contacto con otro grupo asentado ya en Madrid como era Mesoyios. Amores perdidos, guerra... Aunque muchos de los que se encontraban en el local- -con una acústica que mejoraba aún más los sonidos y voces del cuarteto- -parecían no entender las letras de las canciones, deberían saber que se trata de temas donde el rebético, con elementos otomanos y griegos, amores perdidos y la guerra con los turcos; y el laicó, la música preferida de las capas humildes griegas, combinaron para dar a conocer, aunque sea de manera exclusiva, una música en la que se halla parte de la fusión de oriente y occidente. Y esa amalgama se adivinaba en el tono de las canciones de Cafodío, con cierto ritmo árabe, procedente de las raíces turcas que llegaron con la invasión. Lo dicho, mezcla de música oriental y occidental; letras del pasado y del futuro; componentes nativos y foráneos; y público nostálgico deseosos de conocer nuevos ritmos. Heterogeneidad como en toda Grecia.