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8 Opinión MIÉRCOLES 26 10 2005 ABC LA BURBUJA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. ¿PERO HAY ALGO QUE NO TENGA SUBVENCIÓN? Un preso, una celda Antes era un hombre, un voto; pero los tiempos cambian y España está ya a la cabeza de porcentaje de población reclusa (140 por cada 100.000 habitantes) La política penitenciaria se rige por el principio de un preso, una celda (no, no es una broma) Y para ello construimos diez cárceles más. La sociedad calla y mira para otro lado, cuando no lo celebra. ¿Cómo podemos aceptarlo como si fuera consecuencia del progreso? ¿Achacándolo simplemente al incremento de las mafias o de la inmigración? La construcción de cada metro cuadrado de una cárcel es un fracaso social absoluto: fracaso educativo, asistencial, salarial y político. ¿Nadie se pregunta cuántas cárceles más serán necesarias para solucionar el problema de la miseria social? Está estudiado: hacen falta treinta. Y después ¿qué? Emilio Iglesias Delgado. Sevilla. E N las economías modernas todo está subvencionado: cuando los gobiernos son de izquierdas, porque otorgar subvenciones es su manera de captar votos; cuando son de derechas, porque no pueden retirarlas sin arriesgarse a perderlos. Una de las actividades económicas más rentables y menos arriesgadas que hay en estos momentos en el mundo es la de asesoramiento soLUIS IGNACIO bre los más de PARADA 8.600 tipos de subvenciones a las que cualquier ciudadano espabilado puede acceder. Ya no se distingue entre subvenciones que reducen los gastos de capital (fijos) y los de explotación (variables) Ni entre las subvenciones que sostienen artificialmente los ingresos privados y los que maquillan los precios públicos. Y, así, están subvencionadas la agricultura, la pesca, la minería, la educación, el cine, el teatro, la compra de una vivienda, las pymes, la investigación... Los economistas que alertan sobre la injusticia y las distorsiones que provocan determinadas subvenciones han perdido todas las batallas contra los políticos que arbitran ayudas para salir de emergencias sociales o alimentar clientelas electorales. Abiertas o encubiertas a través de deducciones fiscales, las subvenciones no son más que una forma de ocultar los costes reales; utilizar los impuestos de todos los ciudadanos en servicio de unos pocos; sostener ciertas actividades económicas marginales que no podrían desarrollarse sin algún tipo de apoyo; reducir los niveles de paro o conflictividad social; disfrazar, en fin, de desgravación fiscal lo que es un subsidio social. Dicho esto, habrá que añadir que el aumento de los precios del petróleo ha perjudicado a todos los ciudadanos, pero no a los estados, que recaudan más. Y que si el Gobierno quiere ser justo debe bajar el impuesto de hidrocarburos y no hacer concesiones a los pescadores. Porque seguirán los agricultores, los camioneros, los taxistas, los autónomos, las líneas aéreas, los ferrocarriles, las eléctricas... Y así, hasta las funerarias. El federalismo alemán Como es bien sabido, Alemania es una nación federal desde que la unificó Bismark en el siglo XIX. Desde hace años, los estados alemanes han seguido un camino contrario al seguido en España, pues han cedido al estado central cuantas competencias han podido. Actualmente, el Gobierno alemán de coalición surgido de las últimas elecciones tiene entre sus tres principales fines la revisión del federalismo, por las descoordinaciones que se producen y por el exceso de burocracia que requiere. En España, con la mitad de habitantes y una renta per cápita muy inferior a la suya, tenemos prácticamente el mismo número de comunidades autónomas que Alemana de estados, con unas competencias superiores a las de ellos y casi el mismo número de funcionarios, 2.750.000 en España y 3.000.000 en Alemania. Si Alemania se ve obligada a revisar el federalismo, para reducir el gasto y poder competir internacionalmente, carece de sentido que en España estemos tratando de ampliar las competencias de las comunidades, que consumen algo más del 50 por ciento del gasto público. Esto ocurre además cuando no sólo los economistas independientes, sino el propio ministro de Hacienda, Pedro Solbes, ha reconocido ante la televisión que la economía española tiene fragilidades y debilidades a medio y largo plazo Y creo que las tiene: las jubilaciones, el seguro de enfermedad, el déficit exterior, la inflación, la burbuja inmobiliaria, etcétera. ¿No sería prudente, para reformar los estatutos de nuestras comunidades, ver cuáles son la experiencia y las conclusiones alemanas después de cincuenta años de federalismo? Después de todo, ya copiamos algunas cosas de su constitución cuando hicimos la nuestra. Antolín Martínez Martínez. Burgos. ción; pues no. España es la envidia de muchas naciones. ¿Qué pretende con esas aclaraciones chuscas, que volvamos a vivir aquellos años? Pues no, otra vez. Silverio Aguirre Campano. Madrid. A huelga por semana La conflictividad laboral es ya un hecho. Después de la huelga de los transportistas tenemos ahora una huelga del sector pesquero. Jesús Caldera, ministro de Trabajo, se enfrenta a una movilización de los trabajadores en un pésimo escenario: recalentamiento de la economía, incremento de la inflación y la amenaza de una recesión general debido al precio de la energía. Parece que el famoso talante consiste en decir que sí a todas las propuestas, por dispares y contradictorias que sean. Y es que las concesiones a un sector que presiona generan inevitablemente movilizaciones por emulación en otros sectores. Es verdad que los transportistas vivían una situación muy difícil, con una subida de los costes de gestión paralela a la del petróleo y difícilmente repercutible en los precios finales. Su movilización arrancó a Zapatero una serie de concesiones que iban directamente contra las políticas decididas inmediatamente antes con los representantes de las comunidades autónomas. Un gobierno débil con los fuertes- -con las grandes empresas extranjeras y con los gobiernos europeos- -es un gobierno que invita a la conflictividad. Lo han visto, de momento, los pescadores, pero el otoño es largo. Si además el Gobierno no se enfrenta a los problemas estructurales y genera otros nuevos, como la ruptura de la unidad de mercado derivada del Estatuto catalán, habrá muchos más conflictos. Un gobierno fuerte con los que cree débiles, capaz de abaratar universalmente el despido a 33 días sin ninguna negociación, y capaz de romper la caja única de la Seguridad Social para contentar a los nacionalistas periféricos a costa de los trabajadores, es un gobierno que sólo piensa a corto plazo. Juan Carlos Moreno González. Sevilla. ¿Pero qué mundo es éste? Hoy he leído en los periódicos dos noticias que me han dejado pasmada. La primera, que la todopoderosa NBA ha prohibido a sus jugadores que se exhiban con vestimenta poco decorosa, a su entender, como camisetas sin mangas, gorras, joyas excesivas... distintivos del movimiento asociado a la música rap, que yo particularmente no comparto, pero que me parece tan respetable como cualquier otro. No entiendo muy bien qué es lo que realmente les molesta. La otra noticia que me ha dejado de piedra es que pretenden prohibir a los conductores noveles que circulemos entre las 23 y las 6 horas, con la excusa, por supuesto, de protegernos. La DGT dice que los conductores que tenemos, menos de un año de carné deberíamos hacer nuestras prácticas de conducir en horas diurnas Y digo yo: ¿no son suficientes las prácticas que hacemos antes de examinarnos? ¿Acaso no estoy preparada para conducir después de haber aprobado mi examen? Si se consideran prácticas de conducir, ¿voy a tener que pagar 24 euros, más el iva, cada vez que coja el coche durante 45 minutos en horario nocturno? Si lo llego a saber, no me gasto 1.200 euros para poder ser conductora. Mejor me voy en transporte público... Olga Domingo. Madrid. ¿Rojo? Según he leído, el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, se considera sí mismo rojo Eso me recuerda a los años 36 39 (nacionales y rojos) Ahora, y desde la Constitución de 1978, en Es- paña existe o debe existir derecha, centro, izquierda; lo de rojos y nacionales pasó a la historia negra de España de mediados del siglo XX. ¿Qué quiere decir rojo en la actualidad? ¿Otro enfrentamiento entre españoles? Volver a antaño, presumir de esa época, añorar el fusilamiento de los abuelos y de muchísimos no abuelos; pues no. Según mis criterios y el de todos los españoles que, como yo, sufrimos esa desgraciada etapa, excepto los de las provincias que quieren convertirse en na-