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6 Opinión MIÉRCOLES 26 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA WOLFRAM WEIMER DIRECTOR DE LA REVISTA CÍCERO LOS ENGAÑOS DE ZAPATERO C UANDO José Luis Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa, parece que hace mil años, uno de mis mejores amigos en el ámbito socialista trató de convencerme con la peregrina teoría según la cual el nuevo presidente era la versión ibérica de Tony Blair. No creo en la intención engañosa de mi amigo; pero, a juzgar por los hechos, Zapatero se parece a Blair, según su propia confesión, como un rojo a un laborista: poca cosa. Cuando, por ejemplo, el primer ministro británico se asoma a la realidad es para postular una reforma crucial en la degradada educación del Reino Unido para que las escuelas públicas, venidas a menos, resurjan de sus cenizas con la elecM. MARTÍN ción privada de su propio FERRAND modelo de gestión. Quiere recobrar la autoridad de los maestros y llevar al límite el aprovechamiento de los alumnos porque entiende que el futuro ha de cimentarse en la mejor formación de quienes mañana serán ciudadanos. Zapatero, si es que piensa, no lo hace con el futuro como objetivo. De ahí el fundamento de sus actos de gobierno. Además de ser y decirse rojo que es posición tan antigua y desfasada como ser y decirse azul se pierde por los laberintos de la nostalgia e, instalado en el peor guerracivilismo frentista, no acorta la distancia entre los españoles opuestos entre sí, sino que la incrementa con golpes de torpeza e improvisaciones electoreras. Como ahora le recuerdan sus socios de ERC, todavía no hace un año desde que dijo, con tanto énfasis como irresponsabilidad: Aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña Lo aceptó, disfrazado de Pasqual Maragall, en Barcelona; pero, aunque con disimulo, lo está negando en Madrid haciéndole vivir al socialismo español un síndrome esquizofrénico y sometiéndonos a los demás a una ducha escocesa que lleva a la Nación, la única que tenemos, de la congelación a la escaldadura. En el fraccionamiento de sus juicios y criterios, según sea el escenario de su actuación, lleva el PSOE una espoleta de tiempo que puede hacerlo saltar por los aires. ¿Cómo van a poder compadecer lo que han venido afirmando en el Parlamento de Cataluña con lo que ahora se proponen negar en el Congreso de los Diputados? El truco de los expertos que, ahora son constitucionalistas, ha vuelto a sacarse de la manga Zapatero para escamotear su propia responsabilidad, primero, en el impulso al nou Estatut y, después, en su profunda recomposición para que pueda adaptarse a la Constitución resulta tan absurdo y pueril que, independientemente de lo que puede afectar al tripartito catalán, cimentado sobre un acuerdo incumplido, sirve para ir enfriando con chorros de incoherencia e irresponsabilidad, el calor socialista alcanzado el 14- M. Hasta sus más entregados votantes empiezan a descubrir que Zapatero no es una apuesta de futuro y aquí estamos hartos de pasado. EL DESENLACE ALEMÁN El autor analiza los pros y los contras con los que cuenta la gran coalición que se ha formado en Alemania tras las elecciones y se muestra optimista sobre las posibilidades y el margen de maniobra de Angela Merkel al frente de la cancillería OS alemanes nos hemos vuelto muy cautelosos. En ningún país del mundo existen más seguros, nadie verifica más meticulosamente los riesgos de los productos alimenticios, los gases de escape o las escaleras mecánicas; algunos nos consideran los inventores de la burocracia, o al menos creen que hemos llegado a perfeccionarla. Para los italianos, la vida es un juego; para los españoles, una fiesta; para los franceses, una novela; y para los alemanes, la vida requiere un manual de uso con garantía de seguridad técnica. Del mismo modo, en política nos gustaría ser campeones mundiales de la cautela. El resultado de las elecciones al Parlamento Federal es la mejor muestra de esta actitud. Alemania estaba harta del gobierno rojiverde de Gerhard Schröder. Los ciudadanos ya no deseaban esta singularísima mezcolanza de socialismo de salón y fanatismo medioambiental, ya que, después de siete años rojiverdes, Alemania tenía 10.000 potentes turbinas de viento y un bastante grotesco sistema de separación de desperdicios y depósito de envases, pero también cinco millones de parados. L modelo inglés. Pero las cuentas se hicieron con el pueblo equivocado. A los alemanes ya no les gustan las revoluciones, quizá porque en el pasado ya han seguido a falsos revolucionarios. El resultado de la votación no es, por tanto, un empate típico. Todo muy alemán. Como si se tratara de un partido de fútbol. Se prefiere un cero a cero, con una defensa fuerte, a jugar bien y al ataque pero para terminar perdiendo el encuentro. Por otro lado, al obediente electorado alemán le faltaba coraje para decidirse por una política liberal que haga resurgir la economía. Con Angela Merkel teníamos a una Maggie Thatcher alemana como candidata y su programa de Gobierno en parte también era una copia del Por consiguiente, se forma una gran coalición. Angela Merkel se convierte, en efecto, en canciller. Pero del programa de la Thatcher alemana quedará muy poco. En Berlín se habla de la coalición de los perdedores y de una política del mínimo común denominador o incluso de una boda de dinosaurios que ahora tienen que bailar un ballet. Las expectativas que se tienen con el nuevo Gobierno son, en todo caso, muy escasas. Y sin embargo, podría aguardarnos a todos una agradable sorpresa. Alemania tuvo ya una gran coalición, que se remonta a 1966. Y ésta soprendió al mundo realizando grandes reformas. A lo mejor también ocurre lo mismo esta vez. Hay buenas razones para creerlo. Por ejemplo, un motivo personal. En Berlín se está formando un gabinete de pragmáticos y expertos. La generación de los Merkel tiene algo esperanzadoramente orientado hacia objetivos prácticos. No van arrastrando una bandera ideológica por la vida, no son revolucionarios, renegados ni