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ABC MARTES 25 10 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TEORÉTICOS ESDE el tripartito, hace unos días, se subrayaba la constitucionalidad del término nación, aplicado a Cataluña, por su carácter polisémico O sea, que su significado es plural y, por tanto, todo vale, según la intención de cada uno. Ahora, los juristas del PSOE han ido un paso más allá. Para no pillarse los dedos sobre si la nación catalana cabe o no cabe en la Constitución, han tirado por la calle de en medio con un argumento que se condensa en la expresión dimensión teorética que debe ser como la piedra filosofal socialista para encontrar el remedio y la salida al atolladero en el que se han metido ellos solitos. Entre lo polisémico y lo teorético, las ocho fórmulas de Zapatero son el reflejo sintomático de cuán peripatético resulta abrir el pico para construir un discurso metafísico que puede- -no quisiera ser profético- -resultar fatídico. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR ARCO DE TRIUNFO PARA ZIPPIES PROBLEMA INFERNAL DE SAMANTHA POWER FCE México, 2005 636 páginas 28 euros U Que venga el Tío Sam La legión de críticos que arremete contra la política militar exterior norteamericana debería leer este libro. Si lo hiciera, aceptaría un par de cosas: que Estados Unidos no intervino donde debió hacerlo, es decir, en los grandes genocidios que ensangrentaron Armenia, Alemania, Camboya, Kurdistán, Ruanda o Bosnia; y que, cuando lo hizo- -el caso de Alemania o Bosnia- llegó con retraso. O lo que es lo mismo, el supuesto imperialismo norteamericano peca por omisión. Samantha Power sostiene- -con razón- -que la no intervención obedeció al interés de una clase política que no estaba dispuesta a pagar los costos políticos y económicos que ello conllevaba. Más allá del hecho en sí y su motivo, el trabajo de nuestra autora tiene el mérito añadido de mostrar que, en determinadas ocasiones, la intervención militar es una obligación moral y un deber político. Obligación moral, porque permite ahorrar vidas. Deber político, porque favorece la estabilidad internacional. Por decirlo en otros términos, se necesita una fuerza de disuasión e intervención militar capaz de mantener el orden y la seguridad. Veamos, ¿qué fuerza? ¿Dice usted la ONU? ¡Ha! Será mejor que venga el Tío Sam. MIQUEL PORTA PERALES N mundo de individuos puede componer muchas melodías- -dicen los viejos maestros- -pero no se da la orquestación por un solo compositor. Eso es básicamente la globalización. En el caso de Europa, el I+ D no entra en la partitura como estaba previsto en la Agenda de Lisboa, con un 3 por ciento del PIB en el año 2010, mientras en los Estados Unidos y Asia se ven incrementos del 7 por ciento, según The Financial Times No hace falta ser futurólogo para suponer que el siglo XXI será asiático y no europeo. En los sesenta aparecieron los hippies En los ochenta, estaban los yuppies Ahora aparecen los zippies muy jóvenes. Los define Thomas Friedman- -gurú de la mundialización desde las páginas del New York Times -en su libro reciente, El mundo es plano Si los hippies surgieron en California y los yuppies en Manhattan, los zippies asoman en la India que se olviVALENTÍ dó de la economía planificada y ahoPUIG ra vende servicios informáticos para todo el mundo. Los zippies son la generación que está de lleno en el comercio global y en la revolución informática. Un zippie hindú o chino quiere obtener un visado para estudiar en los Estados Unidos, instalarse luego, vender servicios informáticos externalizados y tener la mayor capacidad adquisitiva. Su hábitat será cada Sillicon Valley que emerja en Asia, para los mejores graduados de los institutos de tecnología. Van a comerse el mundo. En su versión británica, la revista Wire también les llama tecno- hippies. Ahí adoptan una curiosa mixtura de racionalismo y espontaneidad. Algunos sociólogos lo llaman un modo de vida posconsumista. Algunos ya andan opinando y manifestando sus voluntades en los blogs españoles. En realidad, no existirían sin el crecimiento económico y las opciones que ofrece la globalización, tan denostada por los carrozas de la última generación ideológica, los proteccionistas que desearían poner vallas a un comercio mundial que a la larga ha de aportar beneficios a los países menos desarrollados. Absortos en los tópicos de la antimundialización, los padres de los zippies no han querido saber que surfear por internet ayuda a todos. Esa dinámica tan nueva tiene mucho que ver con la abertura de mercados que paso a paso va propiciando la Organización Mundial del Comercio, tan anodina en sus rondas de negociación y tan decisiva a la hora de hacer posible que los países más pobres puedan vender sus productos a los países más ricos. Posterior al ciberpunk el zippie vuela por internet y toma clases de yoga. Al final va a resultar ser una nueva generación de la abundancia, psicodélica y tecno- optimista. No ponen reparos a la idea central de libre iniciativa y se adaptan de forma característica al espíritu de empresa. Todo ese bullicio, indudablemente, va a crearles muchos quebraderos de cabeza a los encuestadores, porque son formas de estar en la vida que sustituirán los moldes políticos actuales por expresiones sociales de índole muy distinta, desde el modelo de partidos a las agendas de acción pública. Pudieran ser presencias fugaces, como lo es la juventud por su propia naturaleza. Aún así, pronto arbitrarán los gustos y las estéticas que predominen en el mercado. Los hijos o nietos de los hippies pasan ahora a ser zippies La música, la moda y la interacción informática se ponen a su disposición. Los grandes centros comerciales serán su arco de triunfo, aunque sea comercio virtual: comprar mocasines apaches por internet o recibir los mensajes de un nuevo gurú del espíritu por la pantalla del teléfono móvil. Le están segando la hierba bajo los pies a José Bové y Le Monde Diplomatique Andan por internet a la velocidad de la luz, mientras los últimos ideólogos anticapitalistas dan pesados pasos de dinosaurio. Tienen en pantalla el precio del barril de petróleo, el horóscopo y la efigie aureolada de Bill Gates. vpuig abc. es