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16 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN POLÉMICA EN EL PSOE LUNES 24 10 2005 ABC Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía desde 1990 y presidente federal del PSOE desde 2000, es una voz clave en plena jaula de grillos socialista. Su oposición al Estatut no alcanza el estruendo de otros pepitos grillo de su partido. Mide, con metro de carné socialista, palabras y gestos. El lastre de la presidencia federal le obliga a tolerar a Maragall Chaves contra Chaves TEXTO: INMACULADA NAVARRETE FOTO: DÍAZ JAPÓN Las vicisitudes del socialismo español del último cuarto de siglo han acabado por convertir a Manuel Chaves en un personaje clave, no sólo del partido sino de la política nacional. En su persona confluyen dos de los ríos mas poderosos de la actual orografía hispana: la Presidencia Federal del PSOE y la Presidencia de la Junta de Andalucía. En el actual debate territorial, con la patata caliente del Estatut las miradas de muchos socialistas, de muchos andaluces y de muchas autonomías, se han vuelto hacia él esperando que aparezca el presidente del Partido, el presidente del Andalucía o el hombre de Estado que fue ministro de Felipe en los inquietantes años de la transición y del I Estado Autonómico. Chaves está (su oposición al Estatut es nítida) pero, curiosamente, se le sigue esperando. Frente a las advertencias de la vieja y sabia guardia, frente a la aguerrida protesta del extremeño Rodríguez Ibarra o al ataque de urticaria que el texto catalán ha producido en el gallego Francisco Vázquez, Chaves sigue, al pie de la letra, el guión de La Moncloa: sosegada oposición a la espera de tiempos mejores. En los últimas semanas, tras el estallido del texto catalán en los adentros del PSOE, Chaves se ha cuidado de especificar su oposición al mismo como presidente del Gobierno autonómico; como socialista, sólo se pronuncia en la Ejecutiva. Si como presidente andaluz sigue el guión de La Moncloa, como presidente del PSOE sigue el de Ferraz. prensión llegó también al partido, al apoyar la federación andaluza la presencia de José Montilla en la ejecutiva, si bien como táctica para parar... ¡a Maragall! el monstruo que el socialismo de Chaves ayudó a engordar. Aquellos servicios a ZP y a los socialistas catalanes, cuyo éxito dependía en buena medida del voto andaluz emigrante, se volvió en contra de Chaves, al que, desde entonces. empezaron a crecerle Andalucía los enanos: alertados por su súbita catalanización, la vieja guardia del proceso autonómico andaluz (el ex presidente de la Junta, Rafael Escuredo, el el ministro de UCD, Manuel Clavero y el líder histórico del andalucismo, Alejandro Rojas Marcos) creó una plataforma, Andaluces Levantaos para concienciar a la ciudadanía del peligro catalán, mientras la oposición (PP, IU y los nacionalista del PA) arremetían contra su sumisión a Maragall y ZP. A la fuerza ahorcan. La arquitectura del eje saltó hecha añicos cuando ABC desveló los contactos de CarodRovira, entonces consejero en cap, con ETA. Chaves respiró con su dimisión, pero fue sólo eso, un respiro. Ahora, Maragall vuelve a ahogarlo con un Estatuto contrario a la esencia del eje: singularidad con constitucionalidad. General sin galones Tras un proceso de contradicciones y rectificaciones, de intentos, incluso de incluir en el nuevo Estatuto andaluz aspecto que, como la gestión de los ingresos de la Seguridad Social, no calzan con la España solidaria, Chaves ha convenido como presidente andaluz, que el Estatut es anticonstitucional, cuando no ha poco meses, por ejemplo, aseguraba que debería ser una comisión de constitucionalistas los que decretaran si el término nación es susceptible de de figurar en un estatuto. Maragall, que lo llegó a culpar del retroceso autonómico del PSOE, no le ha dejado otra salida. Pero de ahí a que Chaves acepte los galones de general en la batalla interna del PSOE contra los excesos nacionalistas del socialismo catalán, como le pidió Rodríguez Ibarra, media un abismo. Dos gestos definen al personaje: toda España pudo contemplar su emoción cuando accedió a la presidencia federal del PSOE y toda España pudo escucharle proclamar, en una entrevista de Pedro Ruiz en TVE, que ese fue, efectivamente, el momento más emocionante de su vida. Nada de ministerios ni de presidencia autonómica. El peso de la púrpura federal siempre pudo más que el del armiño del Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de Andalucía. Chaves protegerá siempre el plato antes de sacar los pies de él. Disciplina y sumisión Siempre ha sido así. La biografía de Chaves está marcada a sangre y fuego por la sumisión o disciplina partidista. En contra de su deseo personal, accedió a la Presidencia de la Junta en 1990 para sustituir al defenestrado José Rodríguez de la Borbolla, logró flotar como una boya en altar mar en la guerra de las Dos Rosas (guerristas- felipistas) y sin quererlo ni beberlo desmontó, por orden de su amigo Felipe, la sólida estructura del guerrismo andaluz. Desde entonces, reina plácidamente como secretario del PSOE- A y como presidente autonómico. La derrota electoral del felipismo y la consiguiente crisis interna (el fiasco de Almunia y la espantá de Borrell) convirtieron a Chaves en el referente de la vieja guardia. Presidió la gestora previa al XXXV congreso (año 2000) en el que un tal Rodríguez Zapatero iba a dar la campanada. Con el aval de Felipe como as perpetuo en su manga, apoyó la candidatura de José Bono, pero el peso del socialismo andaluz no fue suficiente. Zapatero ganó por los pelos (414 frente a los 495 de Bono) y necesitaba la protección de una pelu- Presidente y secretario general del PSOE, en uno de sus últimos encuentros ca: la de Chaves, que se reconvirtió en zapaterista con la misma maestría con la que de guerrista de librillo pasó a felipista doctorado. A cambio de no tocar la añeja estructura del PSOE- A, donde los zapateristas puros se cuentan con los dedos de una mano, Chaves puso al servicio de ZP la maquinaria más sólida para acceder a La Moncloa: la federación socialista andaluza y el Gobierno andaluz. Para lograrlo, no le dolieron prendas: a finales de 2003, quizás creyendo que ZP no llegaría a palacio, lanzó un presuntuoso eje Cataluña- Andalucía, destinado a diseñar, si el PSOE ganaba las elecciones, el II Estado Autonómico. Pero otra vez, contra pronósticos, ZP volvía a ganar, dejando a Chaves a los pies de los caballos. Desde entonces, el presidente andaluz ha sido rehén del eje, de la compresión socialista de las demandas del nacionalismo. Bastaron las primeras escaramuzas de Maragall (financiación autonómica, definición de nación, ataques al subsidio andaluz... para poner a prueba la fragilidad de un eje, por definición, anti- natural: no es lo mismo una táctica electoralista que una estrategia de gobierno. Cataluña y Andalucía no son iguales, como tampoco lo es el socialismo catalán y el andaluz. El proceso de catalanización de Chaves durante la campaña de las elecciones autonómicas estuvo plagada de excesos: no sólo apoyó la solución federal que el PSC propugnaba para el Estado sino que llegó a afirmar en un mitin que lo que entiende Pascual es lo mismo que entiendo yo Esa com- Frente a la aguerrida protesta contra el Estatut de otros, el presidente andaluz sigue el guión de Moncloa: una sosegada oposición