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ABC LUNES 24 10 2005 Opinión 7 ESPERANZA SANTOS La otra gran polémica es la de la financiación. Los socialistas catalanes defendimos recoger también en esa materia las recomendaciones hechas por el Consejo Consultivo; por ello tuvimos que modificar nuestra propia propuesta en dos puntos concretos y no aceptamos el modelo de CiU, que el Consejo rechazó. Ni privilegios, ni concierto económico, ni cupo. Así, la Agencia Tributaria de Cataluña colaborará con la administración tributaria del Estado, no siendo absolutamente independiente de ella como pretendía CiU; la aportación a la Hacienda del Estado se fijará a través de porcentajes acordados sobre el rendimiento de los impuestos pagados en Cataluña y, por lo tanto, no es un cupo o una cuota como pretendía CiU; y la propuesta recoge, de forma específica, la participación en mecanismos multilaterales de solidaridad, lo que tampoco ocurre en un sistema de concierto. Es, pues, un sistema de financiación generalizable. Sin establecer fórmulas concretas, que corresponden a acuerdos tomados por las instituciones y organismos económico- fiscales de carácter bilateral y multilateral, se propone que el cálculo de la aportación para financiar los gastos del Estado para el desarrollo de sus servicios y competencias se realice fundamentalmente a partir de criterios de población. En cambio, para definir la aportación a la solidaridad y a los mecanismos de nivelación previstos en la Constitución, se propone garantizar el principio de que todas las Comunidades Autónomas puedan prestar un nivel de servicios similar si realizan un esfuerzo fiscal similar, y se afirma que el mayor esfuerzo fiscal de los ciudadanos de Cataluña se debe traducir en mayores recursos para la Generalitat, y que la aplicación de los mecanismos de nivelación no puede alterar la posición de Cataluña en la clasificación de renta per cápita de las Comunidades Autónomas. Así, Cataluña no sólo seguirá siendo solidaria, sino que, al no ver cercenadas sus posibilidades de crecimiento, seguirá siendo tan solidaria como haga falta por tanto tiempo como haga falta. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EL MIEDO M las sesiones correspondientes del debate constituyente entendían que nación y nacionalidad eran lo mismo, es decir, conceptos idénticos e intercambiables También el Consejo Consultivo indica que si el término de nación recogido en la propuesta de Estatuto pretendiese atribuir a Cataluña elementos de soberanía política, sería inconstitucional. Dado que el mismo artículo 1 de la propuesta de Estatuto establece que Cataluña ejerce su autogobierno mediante instituciones propias, constituida como Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución no cabe dudar de su constitucionalidad. ¿Es un Estatuto discutible? Sí, como cualquier propuesta de reforma. ¿Merece el respeto de ser discutido? Sí, como cualquier propuesta que se haya tramitado de acuerdo a los procedimientos establecidos, velando con carácter previo por su constitucionalidad y, habiendo recibido un soporte tan amplio. ¿Es un Estatuto que pone en riesgo la unidad de España? De ninguna manera, la unidad de España sólo se pone en peligro por quienes no quieren escuchar, quienes no están dispuestos a negociar y quienes se niegan a acordar un tema tan trascendental para el futuro de España como éste. PALABRAS CRUZADAS ¿Se puede ser del Barça y tener un cuñado franquista? LOS CHINOS SÓLO NACEN EN CHINA AY cosas que la teoría rechaza como posibles, aunque luego la vida real sea siempre solidaria hasta con las más acentuadas contradicciones. No parece lógico ser chino y haber nacido pongamos que en La Mancha (La Mancha de aquí, no Manchuria) bueno pues no sé si mucho o poco, pero seguro que ocurre. Y si la lógica del mundo ha sido capaz de consentirque nazcanchinos o bielorrusosen Tomelloso o La Mota del Cuervo, no parece gran cosa que haya permitido esa misma lógica que en Can Barça hubiera alguien afiliado a la Fundación Francisco Franco. Y por más que nos sorprenda que un franquista pueda sentirse cómodo en la directiva del señor Laporta, más habría de sorprendernos lo OTI R. contrario: lo cómodos que se sentían todos MARCHANTE en el Club, desde jugadores a operarios y equipos técnicos, con el funcionamiento del señor Alejandro Echevarría, quien al parecer trabajaba como un chino en bien del Barça. Aquí la lógica falla dóblemente, porque, por tradición, los cuñaos que se arriman siempre han sido vagos, cortitos de cerebro pero de mano larga. El cuñao del señor Laporta no tiene estos defectos sino otro: tener una ideología que, por cierto, nadie sabe cuál es (Laporta lo ha dicho: Yo no lo veo franquista Pues bien, o se aclara con su ideología o no tendrá sitio en un Club como el Barça, en el que todavía, que se sepa, no ha nacido ningún chino. SÍ, Y LAPORTA ES LA PRUEBA E puede ser del Barça y tener un cuñado franquista: es el caso de Laporta, el presidente de frente lambrosiana. Lo que no se puede es ser franquista y tener un cuñado del Barça: es el caso de Echevarría, a quien, éticamente, no le ha quedado otro remedio que la dimisión. El franquismo y los cuñados nunca ligaron bien: ahí está Serrano Súñer, aunque tampoco es cosa de compararlo con Laporta, quien, como cuñado, a su lado, parecería el de la Kangoo Pobre Barça, condenado como el personaje de Galdós a rescribir la historia lógico- natural de España no como ella fue efectivamente, sino como debió haber sido. Durante cuarenta años ese club estuvo tan a disposición del dictador que éste no tuvo IGNACIO RUIZ la menor ocasión de ejercer su dictadura soQUINTANO bre él. Tres lustros tardó el Madrid en ganar una Liga con el Generalísimo: mientras tanto, el Barça, venga de ganar campeonatos. Para malquistarlo contra el pueblo autoelegido Bernabéu le contaba a Franco chistes de catalanes, como el de Montal: cómo éste había comprado un caniche en el extranjero y cómo, al pasarlo por laaduana, puesto que había que pagar las tasas por animales vivos, resolvió disecarlo. Franco se reía, pero luego nombraba a Juan Gich mandamás del ramodeportivo y le negaba al Madrid la ampliación del estadio en la Castellana. Al final, este Laporta caerá como Rafael de Casanova: de viejo y gritando ¡Viva España! H S ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ÁS allá de la alarma racional, amenaza el miedo catastrofista. La novela Estado de miedo, celebrado y provocador thriller de Michael Crichton, desarrolla la tesis del falso miedo como técnica de dominio sobre los ciudadanos, convertidos ya en simples consumidores e hipnotizados por toneladas de información alarmante. La metáfora de Crichton duda incluso de los riesgos del cambio climático y critica el objetivo de los agoreros apocalípticos: imponer un permanente estado de miedo que desemboque en un constante ataque de pánico, hasta instalar en el mundo la cultura del pánico. Ántrax, bombas sucias, armas de destrucción masiva; vacas locas, virus del Nilo, profecías de acabamiento del tiempo; desastres naturales (frecuentes tsunamis J. J. ARMAS y terremotos inmediaMARCELO tos) accidentes trágicos, devoradores incendios, terribles inundaciones y enfermedades casi olvidadas (la peste y la viruela redivivas) Y la gripe aviar, que en el peor de los escenarios posibles mutaría en pandemia capaz de matar a dos millones de personas en un golpe de aire. Según Crichton, cuando no encontramos un enemigo a nuestra altura, acabamos por imaginarlo y diseñarlo a nuestra imagen y semejanza para que el pánico termine por dominarnos el alma mucho más allá del sentido racional que tenemos de las cosas. Hay que saber distinguir entre la alarma que se debe pedir a una población cualquiera ante un peligro determinado y la propagación del pánico gratuito que desarrollaría la histeria colectiva al ir más allá de la racionalidad para instalarnos en un primario instinto simplemente animal. Junto a Estado de miedo, los ensayos Falsa alarma, de Marc Siegel, El cerebro emocional, de Joseph Ledoux y La cultura del miedo, de Barry Glassner, estudian nuestros pavorosos miedos contemporáneos que desbordan la capacidad del ser humano de pensar por sí mismo para dominar a la bestia del pánico. Como en la clásica El sirviente, la gran película de Joseph Losey, se comienza por acariciar al bicho con familiar complacencia y el miedo termina por dominar cada uno de nuestras mínimos reflejos, hasta el punto de tener pánico de salir a la calle porque se nos pueden perder las llaves de casa. Contratamos al asistente para que nos resuelva nuestros problemas domésticos y terminamos por desarrollar fobias repentinas, estrés sobredimensionados y recurrencias obsesivas, origen de frecuentes crisis de ansiedad, enfermedades que quiebran el esencial equilibrio de la mente, palpitaciones y ataques cardíacos. Es la patología del pánico, que desde el miedo inventa nuestros miedos, los mismos temblores que acaban por limitarnos y llevarnos al borde mismo de la destrucción. Nada de lo que escribe Crichton pertenece al mundo de la ficción. Lo sufren millones de seres humanos en todo el mundo. Lo saben los neurólogos, los cardiólogos, los psicólogos y los psiquiatras. Y todos los que, de una u otra manera, hemos sufrido alguna vez la mordida del virus del pánico.