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ABC LUNES 24 10 2005 Opinión 5 MEDITACIONES CAPTACIÓN ESPLEGADO el mapa de España sobre la mesa de luces, Gobierno y PP colocan banderitas en aquellas provincias donde la batalla electoral se les antoja más ardua o donde las posibilidades de uno y de otro por arañar un escaño pasan por un puñado de votos. Hoy por hoy, aunque José Blanco sólo confíe en las suyas, las encuestas- -a la espera del CIS- -reflejan una situación de empate técnico, por lo que Ferraz y Génova están en plena estrategia de captación. Todos los colectivos, gremios, asociaciones, clubes y entidades valen para inclinar la balanza. Pero hay uno que preocupa y ocupa especialmente: los discapacitados, especialmente los sordos- -en España hay 800.000 personas que no oyen o presentan graves problemas de audición- -que se han convertido, lo sabe bien la Confederación Nacional de Sordos, en objetivo preferente. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR UN ANIMAL CURIOSO ISAAC NEWTON DE JAMES GLEICK RBA Barcelona, 2005 256 páginas 18 euros El mito de la manzana Fruto mítico, la manzana. Eva mordió la manzana y perdió el Paraíso. Newton vio caer una manzana y acuñó la ley de gravedad. Nació el mismo año que Galileo y cambió el mundo. Ligó tiempo, espacio y movimiento. ¡Afortunado Newton, en la feliz infancia de la ciencia! Para él, la naturaleza era como un libro abierto proclamará Einstein. Newton vivió ochenta cuatro años, pero tardó décadas en desvelar sus descubrimientos de física, óptica y cálculo. Fue un profesor solitario que no desdeñó la teología ni la alquimia. Se le quiso ver como el Hacedor de la Revolución Científica que bendijo el dogma del Progreso. Pero Newton no hizo de la Ciencia un sistema prepotente; como dijo Keynes, no fue el primer representante del Siglo de la Razón, sino el último gran espíritu que observó el mundo visible con la misma mirada que aquéllos que empezaron a construir nuestro patrimonio intelectual hace nada menos que diez mil años Gleick descubre al indagador de un mundo proteico e inalcanzable que murió sin hacer testamento. Hoy, apunta Enzensberger, la ciencia más avanzada es una forma contemporánea del mito como aquella caída de la manzana. SERGI DORIA L bueno de Giovanni Sartori, quien al principio de su discurso de recepción del Premio Príncipe de Asturias se definió como un animal curioso deslizó en el mismo algunas obtusas necedades que, dejando a salvo el sustantivo, nos hacen dudar sobre la propiedad del epíteto. Trataba el bueno de Sartori, al parecer, de expresar sucintamente una teoría de la democracia, hilo conductor de su extravagante pensamiento (uso, de nuevo, un epíteto elegido por el propio Sartori) previsiblemente, acabó denostando la religión de forma bastante sumaria, demostrando que su pensamiento, amén de extravagante, es de los que embisten. El bueno de Sartori es uno de esos ingenuos ateneístas a los que se refería sarcásticamente Ignacio Sánchez Cámara en un artículo reciente, que alardean de su increencia como si fuera un certificado de genialidad y perspicacia; para estos pintorescos JUAN MANUEL especímenes, la religión es prejuiDE PRADA cio, y sus prejuicios sentencias oraculares de los sabios Pero analicemos las necedades introducidas en su discurso por el bueno de Sartori. Se preguntaba nuestro descreído ateneísta: ¿Cuál es el factor que hace rígida, casi impermeable, una identidad cultural? Y enseguida aportaba su respuesta oracular, fétida de prejuicios: A mí me parece indudable que es el factor religioso, y más concretamente el monoteísmo, la fe en un Dios único que por eso mismo es el Dios verdadero El bueno de Sartori, en su atolondramiento dogmático, establece una clasificación ramplona de las religiones digna de un alumno de primero de la ESO; pero no es esta división, tan esquemática y pobretona, la que invalida su sentencia oracular. ¿Se habrá molestado el bueno de Sartori en estudiar los orígenes del cristianismo? ¿Habrá leído siquiera alguna epistolilla de San Pablo? ¡Pero si la identidad cultural cristiana nace, precisamente, fu- E sionándose con la identidad cultural pagana, incorporando su acervo, fundiéndola en su misma esencia! La filosofía griega y el derecho romano vertebran nuestra identidad cultural gracias, precisamente, al cristianismo; si hoy leemos a Homero, Aristóteles o Virgilio es gracias a esta religión que cree en un único Dios y sin embargo supo ser permeable y nada rígida. Cuando un pensador renuncia a la curiosidad y se instala en el prejuicio, convierte su pensamiento en paparrucha. El bueno de Sartori, tras lucirse con la anterior sandez, aseveró a continuación que este monoteísmo puede ser neutralizado y detenido por la rebelión de una sociedad laica que separa la religión de la política Aquí el bueno de Sartori, en su exaltación del laicismo, confunde la necesaria y benéfica separación entre Iglesia y Estado con la nefasta separación entre religión y política. La distinción entre estas dos separaciones resulta evidente cuando analizamos el nacimiento de la democracia americana a la luz de Tocqueville: liberada desde su raíz de interferencias clericales, pero al mismo tiempo imbuida por un solidario espíritu religioso capaz de unir a ciudadanos de confesiones muy diversas. Una política que extirpa esa inspiración religiosa aconfesional acaba pisoteando- -como está ocurriendo en Europa- -la moral y el Derecho natural; acaba, también, generando necrosis y apetito de autodestrucción. Las religiones se caracterizan por tener fe en el futuro; las sociedades que expulsan la religión a las tinieblas exteriores, creyendo- -como el bueno de Sartori- -que la voluntad de Dios y la voluntad del pueblo son divergentes (este prejuicio tan botarate daría para otro artículo) acaban pereciendo por falta de fe en el futuro. El bueno de Sartori encarna a la perfección el pensamiento declinante de Europa. Cada época premia a sus conductores; es natural que la nuestra agasaje al bueno de Sartori, guía de una Europa agónica que camina risueña hacia el abismo.