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80 DOMINGO 23 10 2005 ABC FIRMAS EN ABC Sin embargo, su obra más trascendente fue la preocupación organizada y sistemática por los necesitados, los postergados, los marginados, aquellos que no tienen vivienda ni abrigo con que protegerse, ni pan con que alimentarse. Sacudiendo las costras de la indiferencia de quienes podían compartir y no lo hacían, creó un sistema de apoyo que le permitió gradualmente atender a los muchachos vagos, abandonados a su suerte, a los que cada noche salía a recoger en una camioneta verde que forma parte del aspecto mitológico de la caridad que inspirara don Alberto. En seguida estableció casas de acogida para los ancianos, todo ello en una creciente articulación de obras, estructuradas bajo la denominación genérica de Hogar de Cristo Con ellas no buscaba sólo ejercer la caridad sino transformarlas en instrumentos creadores de justicia social, superadoras de las injusticias que inevitablemente generaba un sistema en que primaba el afán de lucro. El Padre Hurtado concebía que el Hogar de Cristo tenía por finalidad hacer que las personas acogidas en él desarrollen gradualmente la conciencia del valor que tiene cada cual como persona, de su dignidad de ciudadano y, más aún, de hijo de Dios Transcurridos cincuenta y tres años de la muerte del Padre Hurtado, el Hogar de Cristo sigue en plena actividad, cumpliendo su benéfica labor en un país en que, no obstante los progresos logrados, existe aún un vergonzante si bien decreciente nivel de compatriotas en estado de extrema pobreza. La cantidad de jóvenes que colaboran en estas tareas ratifica, además, que la preocupación pedagógica que les prodigó el Padre Hurtado, asesorando sus organizaciones y predicándoles la doctrina social de la Iglesia, ha rendido frutos. El Hogar de Cristo ha terminado siendo el más importante y potente milagro del que es autor el sacerdote que hoy accede a los altares. La rica personalidad del Padre Hurtado, recogida en numerosas obras, es difícilmente resumible en un artículo periodístico. Con todo, lo brevemente descrito explica la alegría con que Chile recibe esta distinción eclesiástica. Es que el Padre Alberto Hurtado es un Santo para todo Chile, no sólo para los católicos, ni siquiera sólo para los cristianos. Es el paradigma de la solidaridad, de la unidad alguna vez quebrantada en el país. Simbolizando esta acogida universal que despierta en su patria este Santo de carne y hueso que se regala a Chile, su presidente de la República, Ricardo Lagos, agnóstico, estará presente en la ceremonia de canonización. Con sobrados títulos representará a todo el pueblo chileno que sabe que el Padre Hurtado no ha muerto, que su presencia sigue siendo un ejemplo a seguir cotidianamente, porque su Eucaristía era el servicio diario que consagraba al servicio de los pobres, una misa que siempre entendió que debía ser prolongada. El Padre Hurtado sigue viviendo en los ojos cansinos de los pobres de Chile que saben que gracias a él recuperaron la esperanza. ENRIQUE KRAUSS RUSQUE EMBAJADOR DE CHILE EN ESPAÑA UN SANTO PARA CHILE Transcurridos cincuenta y tres años de la muerte del Padre Hurtado, el Hogar de Cristo sigue en plena actividad, cumpliendo su benéfica labor... vir como se piensa antes que pensar como se vive. Tal como ha dicho el Prepósito General de la Compañía de Jesús, P. Kolvenbach, la relación del Padre Hurtado con el Señor no tuvo nada que ver con un espiritualismo intimista, lejano de la realidad. Fue un compartir real y efectivo con el modo de vivir de Cristo, tratando con las personas, mirándolas y amándolas de modo efectivo y real, en el contexto en que se encontraban, probablemente necesitadas de calor humano, de interés, formación y justicia. El Padre Hurtado desde siempre entendió que su misión apostólica era el servicio de los pobres. En ellos, conforme describe el Evangelio, vio el rostro de Cristo y, como el salmista, tuvo sentido del pobre. Esa es la faceta que lo caracteriza y que, sin alejarlo- -por el contrario, potenciándolo- -en su rol de hombre de Iglesia lo llevó a comprometerse en cada una de las áreas en que las lacras de la pobreza eran llagas no restañadas en el cuerpo social de Chile. Primero inspiró a empresarios y a trabajadores para que se organizaran en agrupaciones en que su aporte a la economía se realizara de acuerdo con los principios cristianos, para que fueran colaboradores de Cristo en el modo de organizar la sociedad. En el trabajo es donde el obrero debe santificarse, decía, lo que lo llevó a promover la creación de una central sindical de inspiración cristiana que no logró consolidarse por la fuerte carga ideológica que empezaba a penetrar el tejido social chileno. OY domingo Benedicto XVI canonizará al sacerdote chileno Alberto Hurtado Cruchaga, el primer santo varón de su país natal. El Padre Hurtado, miembro de la Compañía de Jesús, vivió entre 1901 y 1952, en cuyo restringido lapso vital marcó profundamente a la sociedad chilena. Su muerte sacudió la columna vertebral de Chile y desde entonces se hizo común la convicción de que su existencia había sido una privilegiada visita de Dios a una nación que entonces y ahora lucha por lograr su desarrollo equitativo. Esa convicción alcanza una meta destacada cuando la Iglesia, cumplidos los trámites rituales, canoniza al Padre Hurtado reconociendo los méritos y valores de su existencia. El Padre Hurtado fue, antes que nada y por sobre todo, un militante activo de la causa de Cristo. Su vocación sacerdotal debió postergarla inicialmente porque debía mantener a su madre, viuda y de escasos recursos económicos. Contribuyó a lograr la estabilidad familiar, manteniéndose en las actividades de proyección social de la Iglesia, especialmente entre la juventud, como laico comprometido, ligado H a las comunidades ignacianas. Paralelamente estudió derecho, se recibió de abogado y, de lo que se sentía orgulloso, cumplió con sus deberes militares. Luego, con poco más de veintidós años, ingresó al noviciado de la Compañía en Chillán, en el sur de Chile, para completar más tarde su formación religiosa lejos de la patria, en Córdoba, Barcelona y Lovaina. Tras doce años formuló la profesión solemne e inició su recorrido misionero que sólo se extendió por dieciséis años, pletóricos de frutos y también de siembras. Uno de sus grandes amigos, el Obispo Manuel Larrain, sostuvo que el Padre Alberto Hurtado tenía ciertamente todas las características de esos hombres que Dios suscita, para ser en cada época los enviados que testimonian la trascendencia de lo eterno y captan, para orientarlas, las angustias y las inquietudes de su generación En tal sentido, el Padre Hurtado fue apóstol en la medida en que se volcó sin límite a proclamar sus convicciones y también fue profeta en cuanto a predecir lo que acusaba la realidad en que se vivía y la necesidad de rectificarla para hacer realidad el pensamiento de Péguy en cuanto a vi- MEDARDO FRAILE ESCRITOR IRLANDA, IRLANDA O sé si habré descubierto de nuevo el Mediterráneo, aunque descubrir uno mismo lo que antes hicieron otros, no carece de emoción por adánico que sea. En el mágico festival de teatro que celebran cada año en Pitlochry- región escocesa de Perth- he visto por vez primera una obra del irlandés Frank McGuinness, que es profesor de inglés en la Universidad católica de Dublín (University College) y, al parecer, ha estrenado once obras propias y versiones de Ibsen, Chejov, Brecht, Sófocles, Ostrovsky y Lorca. La obra de éste ha sido Yerma y la que acabo de conocer de McGuinness es Dolly West s kitchen (La cocina de Dolly West) cuya acción transcurre en los últimos años de la segunda guerra mundial en Donegal, al no- N roeste de Irlanda que, por estar a un paso del Ulster inglés, maneja sus creencias católicas con la libertad de Juan Palomo, guarda como reliquia su odio a los invasores y venera con unción rayana en fanatismo su tierra de baladas y ensueños, la de la madre inolvidable de esa obra, Rima. A mi apreciación intensa de Dolly West contribuyeron, en parte, el recuerdo del teatro truncado de Lorca y el malestar que me produjo una comedia que había ido a ver días antes, Las cosas que hacemos por amor, de Alan Ayckbourn. Pensé que, en la vida real, no me hubiera gustado conocer a ninguno de los cuatro personajes de esa comedia de éxito, tan moderna como carente en absoluto de principios, tan llena de vacío con pretensiones de drama como una cásca- ra barrida por el viento en un eriazo. Los irlandeses de Dolly West, cargados de humanísimos defectos, llevan su Ripalda cristiano en el corazón, se uncen a la razón que les agrupa y crean recuerdos de las sinrazones que mustian o colorean sus vidas. Y lo hacen con las frases vivas que deseaba otro artífice irlandés del habla del oeste de su patria, John Synge, cuya obra en un acto Riders to the sea (Jinetes hacia el mar) entusiasmó a Lorca e influyó en la concepción de su teatro- verdad y en Bodas de sangre, como el director de escena Edward Gordon Craig influiría, con su teatro total en los escenarios irlandeses de su época y en el teatro de Lorca, en éste sobre todo con la constante de luces y sombras, la presencia de colores y el vestuario, incluso. El realismo, la verdad impecable de Dolly West no se libra tampoco, venturosamente, de las ataduras poético- realistas de Lorca, las que pueden subir a cumplir una misión a un escenario sin importunar a nadie. En fin, lo único que a la postre quiero decir, es que, desde ahora mismo, la obra de Frank McGuinness me interesa.