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ABC DOMINGO 23 10 2005 Cultura 77 Estos días se ha publicado en España Jazz life un libro de fotografías de William Claxton, el gran retratista del jazz de la Costa Oeste estadounidense, que lleva la firma de otro mito del género: Joachim Berendt Jazz para los ojos TEXTO: LUIS MARTÍN MADRID. En el año 1960, el fotógrafo William Claxton, famoso por sus retratos de Steve McQueen y sus portadas para Life Paris Match o Vogue viajó por EE. UU. junto al musicólogo alemán Joachim Ernst Berendt. El resultado de aquel itinerario aventurero se publica ahora impreso en la lujosa edición del libro Jazz life (Taschen) Una colección de imágenes que fija movimientos de un estilo de vida diferente. En Jazz life hay ingredientes añadidos, en realidad protagónicos, en los que se muestra una buena parte de la obra gráfica del fotógrafo William Claxton que, en estos días, ha pasado por Madrid para promocionar este libro que sustenta una de las facetas por las que es más conocido el artista: la fotografía de jazz. Un trabajo que, a sus 80 años de edad, todavía le ocupa parte del tiempo, aunque, como él mismo afirma: Ya en dosis muy razonables. En los 70 empecé a tener tal acumulación de trabajo en diarios y revistas que no tuve tiempo material para seguir haciendo fotografías de jazz. Por otra parte, los actuales métodos de producción discográfica, tan poco atractivos, terminaron consiguiendo también que me alejase de ese mundo aceptar fácilmente a un europeo que venía a EE. UU. para preguntarles cosas. Sin embargo, fue muy inteligente. Les demostró primero que conocía toda su historia a la perfección, la discografía de cada uno de ellos, la música que hacían... Eso les convenció definitivamente Puntos cardinales Tres, en esencia, fueron los puntos cardinales primeros con los que la música de jazz se dio a conocer al mundo desde Estados Unidos: Nueva Orleans, Chicago y Nueva York. Y, aún, se añadieron otras tantas ciudades en poco tiempo, y basta pensar en la fecunda Kansas City de Count Basie. Cuando William Claxton viajó con su vieja Leika por esta geografía, un mundo nuevo se mostró ante sus ojos: Era como un sueño. Había estado fascinado por el jazz desde niño y ahora tenía delante todo aquel paisaje humano que retratar Antes había hecho fotografías para las estrellas de Hollywood, había hecho mucho dinero. Y, sin embargo, aquello no tenía parangón. Me encontraba ante el particular panteón de dioses que había alimentado mi infancia y juventud Viajaron durante varios meses por todo Estados Unidos, a través de un itinerario que, unas veces, por la pésima conducción automovilística que caracterizaba a Joachim Berendt, otras por enfrentarse a realidades difíciles de superar- éramos, fundamentalmente, dos blancos en territorio de negros convirtieron la singladura en una auténtica aventura. Paradas en el San Francisco de las declaraciones de primera fuente de la generación Beat; en Memphis; en Nueva York; en Nueva Orleans; Saint Louis; Chicago... El mundo abordado, el jazz, invade la concepción de estas fotos: es el ojo del fotógrafo Claxton, que pareciera estar siempre en el centro de todo; un espejo frente al campo de batalla musi- Fotografías que suenan Jazz life que se presenta en una edición de atractivo formato gigante, consigue que las fotografías suenen entre las páginas. El bebop, el cool, el blues y los variadísimos estilos criollos de la hoy devastada Nueva Orleans, resuenan interiormente en quien contempla estas fotografías. Y no puede ser de otro modo cuando en ellas se revela una cercanía hacia los músicos que, como poco, pone de manifiesto un claro compromiso con los personajes que retrata. Ése fue el método que, tanto Joachim como yo, empleamos para hacer nuestro trabajo declara Claxton. Al principio desconfiaba de Berendt; pensaba que los músicos no iban a André Previn, en una imagen tomada en Hollywood cal. Por su mirada pasan en Jazz life Chet Baker (a quien Claxton hizo famoso en su velero) Louis Armstrong, Charlie Parker, Count Basie, Duke Ellington, Muddy Waters, Miles Davis, Charlie Mingus, André Previn y un Elvin Jones arrojando humo de cigarrillo por la nariz (un guiño, tal vez, a Herman Leonard, el fotógrafo de los jazzistas fumadores) Y también sonrientes personajes anónimos que animan funerales en Nueva Orleáns, bailes callejeros espontáneos, jam- sessions con músicos difíciles de reconocer, caras perladas de sudor en clubes. Nada escapa a la mirada de Claxton, que reconoce de forma explícita la íntima relación existente entre la fotografía y el jazz; entre la instantaneidad de la primera y la inmediatez del segundo: Para mí la fotografía es el jazz para los ojos. Mi trabajo consistía únicamente en ver cómo trabajaban los músicos y en ver cómo se movían. Yo me limitaba entonces a hacer un solo de fotografía. Sabía lo que estaban haciendo y fabricaba, como ellos, la instantánea Claxton ya está en la historia de los mejores. Hizo del jazz de la Costa WILLIAM CLAXTON Oeste estadounidense un mito análogo al que Francis Wolf y Lee Friedlander, fotógrafos ambos, lograron con la Costa Este, respectivamente para las firmas Blue Note y Atlantic. Berendt, el gran teórico L. M. Profesional de criterios tan amplios como el enorme volumen de géneros musicales a los que atendía, con Joachim Berendt desapareció en 2000 un teórico fundamental. Había nacido en Berlín en 1922. Recibió una sólida educación musical, y con sólo 23 años fundó la Compañía de Radiodifusión Alemana del Sudoeste (Südwestfunk) A partir de ese momento, comenzó para el maestro una fecunda carrera como especialista en manifestaciones musicales, la mayor parte de ellas orientadas a la crítica y estudio del género jazzístico, motivo que, en adelante, le hizo acreedor del sobrenombre de Papa del Jazz Berendt, además de producir una ingente obra de extraordinario valor divulgativo- -33 ensayos traducidos a 21 idiomas- deja una escuela que ha transformado la fisonomía del análisis musical e histórico en el mundo. Lo dice William Claxton: conducía muy mal. Falleció en un accidente automovilístico el 27 de enero de 2000.