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ABC DOMINGO 23 10 2005 73 Shirley Horn, una de las grandes damas del jazz vocal, muere en Washington a los 71 años Más de una treintena de editoriales ponen a sus autores en busca del mito perdido ANA MARÍA MATUTE Escritora y académica Yo tuve una infancia de papel Primero le contaban cuentos y enseguida empezó a leer sola. Escribió su primer relato a los cinco años y luego ha ganado casi todos los premios habidos y por haber: el Nadal, el Planeta, el Gijón... El jueves participó en el ciclo La biblioteca de... en la Biblioteca Nacional TEXTO. TULIO DEMICHELI FOTO: JULIÁN DE DOMINGO Nobel, la medalla comunista C. VILLAR- MIR ESTOCOLMO. Pocas veces la concesión del Nobel ha levantado un escándalo tan grande como este año. En todas las esferas sociales se acusa a los académicos de hacer política. La escritora cubana Mae Liz Orrego Rodríguez buscó asilo en Suecia, perseguida por Castro, el dictador que acaba de recibir la bendición de la Academia No se muerde la lengua y arremete contra Harold Pinter por defender al culpable de la muerte y desaparición de miles de cubanos: Pinter, que describe al Tribunal de La Haya como un gran fraude es miembro de la Asociación Britano- Cubana, secta comunista y máquina de propaganda de Castro, y también admirador del eslovaco Milosevic y de sus ultranacionalistas serbios Socialdemócratas de renombre también denuncian a la Academia por mandar al mundo señales equívocas al ensalzar a la gloria Nobel a un crítico de Bush, de Blair y de las Naciones Unidas Y muchos de ellos coinciden en calificar de abogado de los tiranos al británico. MADRID. Fue de una precocidad asombrosa: escribe su primera novela, Pequeño teatro a los 17 años, con la que luego ganará el Planeta en 1954. A los 22 resultó semifinalista del Nadal con Los Abel Fiesta del Noroeste ganó el Gijón en 1952; Los hijos muertos le valen el de la Crítica y el Nacional de Literatura en 1958 y 59; consigue finalmente el Nadal en 1959 con Primera memoria En fin, entre sus obras más recientes, Olvidado rey Gudú (1996) Todos mis cuentos (1998) y Aranmanoth (2000) Sólo son unos cuantos títulos de una inmensa carrera literaria a la que, por supuesto, sólo la muerte pondrá fin. ¿Qué la empujó a la literatura? -Yo tuve una infancia de papel. Lo que más me gustaba y más me ayudó a crear un mundo propio fueron los libros, los que me compraban la tata, la cocinera Isabel o mis padres; los que me leían y los que luego empecé a leer yo. Tenía 5 añitos cuando empecé a escribir cuentos (que ha recuperado Martínez Roca en Los cuentos de mi infancia 2002) Los libros han sido la sal de mi vida. ¿Sus cuentos preferidos? -Los que me contaba la cocinera eran de mucho miedo: ¡Devuélveme las asaduras que me robaste de la sepultura... -dice, alterando la voz- Un miedo muy a gustito ¿sabe? En casa nos leían mucho a Andersen ¡Oh, el gran Andersen! Me encantan El patito feo La sirenita (aunque no la versión Disney, en la que le ponen un sostén, ¡Vaya tontería! Para mí, La Reina de las Nieves tiene algo maravilloso y es que, a medida que vas creciendo, lo vas entendiendo más. Hoy se siguen reeditando sus cuentos, tan bien escritos, muy superiores a esas versiones políticamente correctas que los estropean, incluso cambiándoles el final, por falta de imaginación. ¡Eso de lo políticamente correcto es una cursilada! Tampoco me gusta la versión Disney de Peter Pan de J. M. Barrie, un libro tan maravilloso que, cuando leo el final, aún se me saltan las lágrimas. Luego, más mayorcita descubrí a la gran Alicia de Carroll y, claro, los cuentos de Perrault... Barba Azul La bella durmiente El gato con botas Cenicienta Pulgarcito Pero, ¿qué tal la moralina de Caperucita roja -Nunca me gustó. Yo digo muchas veces que todos nos hemos podido acostar con el lobo pero, francamente, confundirlo con nuestra abuela, no, eso Ana María Matute Leía a diario el ABC, de arriba abajo, hasta los anuncios y las esquelas... El caso era leer recuerda la autora ya sí que no. Es tremendo. Además, los psiquiatras y todas esa gentes han sacado muchas conclusiones, erróneas por supuesto, como que el color rojo significa la menstruación ¡Tonterías! Caperucita era una niña tonta que se dejó engañar por el lobo que, encima, se comió a su abuela. Y punto. En cambio, esos otros cuentos, sí. ¿Leía a escondidas, hurtando li- bros a los mayores de su casa? -Yo entraba en la biblioteca de mi padre, me subía en un taburete, me llevaba libros y los devoraba. Era emocionante. ¿Cuáles? Muchos... Aunque ya no me acuerdo de todos. Uno fue El diario íntimo de Amiel, del que, claro, no comprendí nada. Luego recuerdo los libros que ya leí a los 9 ó 10 años, que no eran exclusivamente para niños, como Los viajes de Gulliver de Swift, Robinson Crusoe de Defoe o La isla del tesoro de Stevenson... ¡Qué maravilla! Y la Biblia, que tenía de todo: profecías, guerras, amor... Y además me despachaba a diario el ABC, de arriba abajo, hasta los anuncios y las esquelas. El caso era leer. -Aún no ha citado casi ningún título propio de una chica de su época... -Bueno, también he leído algunas novelas rosas, aunque me gustaban menos, porque notaba que no eran de verdad. Había una autora inglesa, Berta Ruck, que tenía cierta gracia. Pero todas esas novelitas acababan igual. ¿Cuándo le hincó el diente a los grandes autores universales? -A partir de los 13 años. De Dostoievski leí primero El idiota y Los hermanos Karamazov de Tolstoi Guerra y paz y luego me gustó mucho Resurrección A los 17 me marcó Cumbres borrascosas de Emily Bronte. Luego ya pasé a En busca del tiempo perdido de Proust. Tuve la suerte de que aunque en la posguerra estaba todo prohibido, yo tenía un amigo que su padre era diplomático extranjero y que pasaba libros en la valija. Gracias a él pude conocer a Camus, Sartre, De Beauvoir... Pero lo que más me gustaba era la Generación Perdida norteamericana; muy especialmente Faulkner, que me sigue pareciendo un grandísimo escritor, y también Scott Fitzgerald, Hemingway, Dos Passos, Steinbeck... ¿No leyó el Quijote? -Me lo dieron de niña y no entendía nada. Ya de mayorcita me dije que no era posible que hubiera hecho una lectura tan fragmentada y tan mal, lo cogí y bueno, me quedé maravillada; me pareció lo que es: un libro extraordinario. Me divertí y me angustié. El final me daba una pena, una angustia, un dolor, Me parece una de las obras más hermosas que se hayan escrito nunca. Un libro que reivindica la fantasía, aunque ella misma sea lo que, al final, su protagonista pierde cuando recupera la cordura. Yo me siento muy identificada con él.