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ABC DOMINGO 23 10 2005 Sociedad 71 también va fuera. O vuelves ahora mismo o te pongo una falta por abandono de puesto de trabajo Vete a la mierda dice Rosa. Pasan tres horas, se aproxima el descanso. Otros 60 minutos sin fumar. Ve cómo el encargado del almacén acaba su jornada. Y aprovecha. Malo. El enlace sindical está allí y ve cómo ella enciende su cigarrillo. Resultado: primera denuncia ante la inspección laboral, a Rosa le pueden caer entre 30 y 600 euros, a la empresa otro tanto. El gerente empieza a pensar en cómo echarla con el menor coste posible. Por qué es necesaria la ley El humo contiene más de 42 agentes cancerígenos. La exposición al humo durante una hora equivale a fumar tres cigarrillos. Durante ocho horas equivale a 16 cigarrillos. El tabaco es 57 veces más contaminante que otro tóxico. Aumenta entre un 25 y un 30 %lo s riesgos de contraer cáncer de pulmón. Incrementa un 50 el síndrome de muerte súbita del lactante. Las posibilidades de morir por una enfermedad coronaria aumentan con el tabaco entre un 25 y un 30 La nicotina no proporciona mayor brillantez intelectual, como se pensaba. Un estudio acaba de confirmar que causa un efecto contrario. Reduce rapidez y claridad en las habilidades cognitivas. pio. Se ha quedado sin dinero, acude al cajero antes de volver al trabajo. Lleva un cigarro encendido. Al menos se puede fumar en la calle En la calle sí, pero no en un cajero y más si hay dos dispensadores y uno está ocupado por uno de los inspectores que habían hecho su agosto en el bar. Ella fuma mientras introduce su tarjeta de crédito. En el restaurante Por fin se acaba la mañana del dos de enero. Día aciago. Lleva dos sanciones; una multa de entre 601 y 10.000 euros, otra de entre 30 y 600, y lo que puede ser peor, el odio de su jefe. Cuando sale, recoge a dos dependientas que trabajan en la tienda de al lado. Como siempre, acuden al mismo restaurante a por el menú del día. Cuando entran notan algo raro. No huele a tabaco. Rosa enciende el cigarro. El propietario del local, de 150 metros cuadrados, le dice que lo apague. Aquí no se fuma. He tenido que preparar una zona de fumadores Pues danos una mesa ahí Rosa y sus amigas se instalan. Las tres fuman. Mientras dan cuenta del postre, llegan al local dos inspectores de Sanidad. Analizan si el restaurante familiar se ha adaptado a la normativa. Y no lo ha hecho aunque crea que sí, no utilizando, además, la moratoria de la que legalmente dispone hasta el uno de septiembre. Primero: la zona de fumadores no tiene un sistema de ventilación independiente del circuito general y el humo pasa al área donde no se puede fumar. Segundo: la máquina expendedora sigue en la calle y sin fichas. Tercero: los inspectores han entrado en el establecimiento porque han pillado a un menor comprando tabaco. Resultado: tres multas. Una por deficiente instalación, de 601 euros a 10.000. Otra por no haber metido la máquina dentro y no cambiar el mecanismo, de otro tanto, y una tercera, por el mismo importe, por permitir la venta a un menor. El propietario llora y suplica. Rosa le ve, y piensa en lo que le puede caer a ella, nada parecido a entre los 1.803 y 30.000 euros que pueden arruinar al hostelero. El día es nefasto para los fumadores. Ella lo sabe y lo siente como algo pro- Un hombre y una mujer fumando en la barra de una cafetería Llega al ambulatorio. Aparca. Enciende otro cigarro. Puede ser uno de los últimos. Vuelve a pensar en la multa y... no puede ser... Consumido, cae sobre los adoquines. Entra. Tiene suerte, es la primera. Le espera una doctora. Le cuenta: Quiero dejar el tabaco, lo he intentados tres veces... Sale, el consejo médico se ha resumido en una receta, otra vez los mismos fármacos. Te coinciencias (sola) te preparas (sola) y decides el día en que se acaba el humo (con la fuerza de voluntad, es decir, sola) Y pagas, eso sí, 50 euros, el fármaco no está financiado por el seguro. G. MOLERO Las primeras horas en el trabajo Monta otra vez en el coche. Enciende otro cigarro y se dirige al trabajo. Llega dos horas tarde, eso sí con permiso. Saluda y entra al almacén a cambiarse. Como siempre enciende otro cigarro. En la tienda nunca se ha podido fumar ante el cliente, éste sí. Uno de sus compañeros le grita: No puedes, apágalo, estoy harto de chuparme vuestro humo ¡Calla, imbécil, ¿quién eres tú para decirme qué tengo que hacer? Mala contestación. Su compañero abandona el almacén. Ella se queda fumando. Cabreada. Pero él acude al enlace sindical y éste al gerente del negocio. O paras esto o aviso a la inspección de trabajo, a la empresa le caerá una buena multa (de 30 a 600 euros) y a ella, lo mismo Rosa ya pliega vaqueros tras el mostrador. El teléfono suena. Es el gerente, quiere verla. Sube media planta. Abre la puerta. Rosa, o dejas de fumar o te pongo de patitas en la calle La ley dice que no me puedes echar dice. Malo. Es la última vez que fumas en la tienda, ¿vale? Pasa una hora, se habría fumado ya entre tres y cuatro cigarros. No puede más. Sale a la calle. Hace frío pero da igual, hay que vencer el mono, todavía no ha comprado las pastillas. Pasan dos horas. Y lo vuelve a hacer. Sale a la calle, enciende un pitillo. El gerente Y van tres A su lado, el inspector hace lo propio. Pero no sólo con su tarjeta, también con la misma cámara digital con la que ha retratado las infracciones del bar. Un fogonazo deslumbra a Rosa, el inspector le ha pillado. Otro expediente sancionador abierto. Y van tres, dos de 30 a 600 euros y otro de 601 a 10.000. De nada le sirven las súplicas, el inspector parece regocijarse, no en vano es el mismo que un año antes había denunciado a un estanquero por permitir fumar en su establecimiento. Rosa llora. Sus amigas parecen no creérselo, ya han decidido no ir al concierto de jazz en el polideportivo porque tampoco se puede fumar. De madre separada con dos hijos va a pasar a arruinada y con las mismas responsabilidades. Saca del bolso el paquete de tabaco para coger un cigarrillo. Pero no, lo tira y lo aplasta con la bota. Se ha acabado Cuando a las cinco de la tarde vuelve a entrar en la tienda ya es una ex fumadora, exhausta y en una situación muy peligrosa. Dos sanciones de 30 a 600 euros y una tercera de 601 a 10.000 arruinarían la vida de Rosa y de sus dos hijos