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66 Los domingos DOMINGO 23 10 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI JOAN CLOS Alcalde de Barcelona Con la intención de recuperar el control de la calle, Barcelona prepara una ordenanza que perseguirá tanto a las prostitutas callejeras como a los potenciales clientes MONSERGA DE LA UTOPÍA mí no me inquieta que ZP se haya declarado rojo en una revista de señoras, pues he conocido y conozco a rojos geniales, coherentes y honestos, cuya amistad y decencia defendería donde haga falta. Es verdad que también he conocido a rojos que lo eran por resentimiento, prejuicios y falta de información, pero al menos eran rojos y yo sabía a qué atenerme. Sin embargo, lo que sí me alarma de ZP es que piense que creer en la utopía es el mejor camino para conquistar lo imposible. Por lo tanto me alarman dos cosas: que crea en la utopía y que quiera conquistar lo imposible. Si un poeta o un cantautor me dicen que creen en las utopías me tomo un trago con ellos. Si un economista o un ingeniero me dicen que creen en las utopías tal vez me ría con ellos, aunque jamás los recomendaría para un trabajo. Pero que un presidente del gobierno declare que cree en las utopías, es como si un cirujano creyera en la santería o una monja en la ouija. Los políticos tienen licencia para decir disparates mientras están en campaña, pero una vez que pasan las elecciones y sobre todo después de asumir responsabilidades de gobierno, lo último que uno quiere oír es que vamos a conquistar lo imposible. Gobernar supone tomar decisiones posibles sobre problemas reales, pero se ve que algunos políticos prefieren tomar decisiones imposibles para crear problemas que todavía no existen. ¿Por qué durante su campaña ZP nunca habló de la nación de naciones Porque lo suyo era lo imposible. Hay una cierta izquierda a la que le fascina llenarse la boca de utopías, entre otras cosas porque a falta de ideas buenas son las utopías. Si ZP fuera rojo podríamos discutir ideológicamente, pero queda muy bien presumir de rojo mientras las multinacionales españolas entran a saco en Hispanoamérica, mientras los ayuntamientos socialistas costeros urbanizan hasta el último centímetro cuadrado de playa, mientras la industria armamentista crece cada día más en España, mientras se abarata el despido y mientras la Legión patrulla las alambradas de Ceuta y Melilla para repeler las avalanchas de menesterosos. ZP cree que llamándose rojo escandaliza a los fachas, pero en realidad ofende a los verdaderos rojos. ¿Qué plus político e intelectual añade creer en las utopías? ¿La utopía atajará la inflación y la subida de los tipos de interés? ¿La utopía abortará la gripe del pollo? ¿La utopía hará llover? ¿La utopía devolverá el orden y la disciplina a nuestros colegios? Ningún pensamiento utópico se ha impuesto políticamente sin sangre, represión y autoritarismo, porque a través de la historia las utopías sólo han engendrado intolerancia, xenofobia y fanatismo. Y aunque la utopía de ZP fuera la felicidad universal, nadie puede obligarme a ser feliz imponiéndome su noción de felicidad. Lo peor es que tras la última Cumbre Iberoamericana descubrimos que la utopía de ZP es la Revolución Cubana. A saber, una dictadura de cuarenta años, enfrentada a Estados Unidos, sin ninguna oposición política, con una población sometida, y miles de presos políticos y exiliados. Por lo tanto, a ZP no le va la utopía sino la ucronía, porque un franquismo de izquierdas le hubiera encantado. Veo que la derecha sí le ha enseñado a ZP más de lo que está dispuesto a reconocer. El alcalde péndulo u trayectoria como alcalde, todo cambió para Joan Clos (Parets del Vallès, 1949) el día en que el socialismo dio la vuelta a la tortilla política española. Primero fue su mentor, Pasqual Maragall, quien se hacía con la Generalitat; luego, de forma inesperada, Rodríguez Zapatero ocupaba la Moncloa. En apenas unos meses, Barcelona, durante años isla roja -por así decirlo- -del municipalismo español, veía diluida su condición de vanguardia del progresismo: la ciudad de la tolerancia y la paz, la capital cosmopolita y de vocación multicultural- -todo eso se decía en esos extraños meses del Fórum- -se dio de bruces con su propia realidad. En una demostración de falta de cintura, Clos vio que era más fácil, y cómodo, manifestarse contra George Bush por la guerra de Irak, o levantarle la voz al gobierno de Aznar por los retrasos del AVE, que resolver los problemas internos, no pocos, de la ciudad. Definitivamente, contra el imperio del mal que encarnaba el PP, el alcalde y su equipo vivían mejor. Y es que desde el cambio de Gobierno, sólo ha faltado que el cielo les cayera encima para completar un fin de mandato horribilis para el tripartito municipal. Aún no recuperado del chasco del Fórum y el derrumbe del Carmel- -el desplome en las encuestas así lo demuestra- Clos se ha dado en estos últimos meses un baño de realidad, más bien ducha escocesa. Todas las miradas se han concentrado en el centro histórico de la capital catalana, donde la sobrepresión turística- -es la ciudad europea que más crece en este aspecto- el botellón, la suciedad o la omnipresencia de vagabundos llegados de toda Europa- -los guiris pies negros como se les conoce- han obligado al Consistorio a reaccionar. En el reverso de la ciudad de éxito que es Barcelona- -al frente de las urbes con mayor calidad de vida, según las encuestas- se constata que el espacio público se degrada rápidamente, y que es imposible caminar por según qué callejuelas sin que la podredumbre y la peste a orines lo asalten todo. Frente a ello, y azuzados por los diarios- -el Consistorio sólo reacciona cuando las denuncias van a cuatro columnas- se ha anuncia- Ens POR ÀLEX GUBERN A do un cambio de rumbo en forma de nueva ordenanza. Con la intención de que entre en vigor en enero, el Ayuntamiento ya ha enseñado un anteproyecto de normativa- -bautizada como de Convivencia- -que se presenta como un detallado código de conducta del espacio público. La normativa vigente, de 1999, respondía a un momento político anterior, cuando Barcelona tenía que dar ejemplo a la España conservadora y beata y proclamaba la tolerancia como máxima, la calle como espacio de libertad Con una plantilla de la Guardia Urbana diezmada y un alcalde con poca autoridad, esa ordenanza de ideología Fórum se demostró ineficaz. Seis años después, la situación es otra, y como de lo que se trata es de recuperar el control de la calle, Clos se ha sacudido complejos, y como si fuese un péndulo, se ha pasado de la ciudad carnaval -Carlinhos Brown en el altar- -a un modelo Sarkozy: prohibición de la prostitución callejera, persecución talonario en mano de quien orine en la calle o expulsión de la mendicidad agresiva- limpiacristales Aunque existen dudas jurídicas sobre la capacidad del Ayuntamiento para regular alguno de estos aspectos, la ordenanza presenta como novedad el hecho de multar tanto a las prostitutas callejeras como a sus clientes, en una persecución del demandante que también se extenderá a quienes compren en el top manta Los socios de Clos en la alcaldía- -ERC e ICV- también desde el PSOE, así como asociaciones diversas ya han criticado por prohibicionista una normativa a la que se acusa de poner en un mismo saco tanto al gamberro incívico como al mendigo al margen de la red social de asistencia. Aunque ratificado por su partido para optar a la reelección, la situación de debilidad de Joan Clos es patente. El civismo y la recuperación de la autoridad, ahora con las armas de la derecha que tanto denostó, son su última batalla.