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18 Nacional DOMINGO 23 10 2005 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL CARISMA: LA IDA Y LA VUELTA e ha intrigado siempre el tono exaltado y perentorio, y a la vez práctico, con que las revistas de moda comunican a sus lectores los secretos y maravillas del mundo. El estilo es inconfundible: a la epifanía, a la revelación, sigue un remedio infalible para dificultades concretísimas, bien de naturaleza material, bien espiritual. Queda ello patente en el número de Marie Claire correspondiente al mes de noviembre. En la portada aparece una joven descotada y muy seria, en la actitud retadora que de un tiempo acá gastan las modelos cuando lucen el palmito en la pasarela. Arriba y a la izquierda, invadiendo la crencha color caoba de la joven, se ve el anuncio de la exclusiva sobre el presidente del Gobierno. Y luego otros titulares, en blanco y rosa. Uno dice: Moda mágica. Abrigos, ¡encuentra el tuyo! Y un segundo reza: Cómo, cuándo, y dónde romper una relación Y así de corrido, hasta completar una especie de semióvalo cuyo centro o foco es el escote de la joven. Sería interesante rastrear el origen de esta elocuencia animosa, reforzada por lo común con puntos exclamativos. Mi conjetura, es que la cosa viene de América. La oratoria sagrada de cuño protestante se transformó al pasar por el filtro del utilitarismo democrático y dio lugar a la mentalidad que Eugene O Neil plasmaría memorablemente en El hombre de hielo El protagonista es un corredor de mercaderías que cree haber encontrado una fórmula para hacer felices a sus amigos. Es como si trajera un frasco virtual, y dentro, una esencia prodigiosa. Desenrosca uno el frasco, vierte la esencia sobre el cuero cabelludo, y ya es un hombre nuevo. El proceso salvífico opera con una eficacia sobrenatural, y al tiempo, extrañamente mecánica. ¿Por qué les cuento todo esto? Porque el reportaje de Marie Claire sobre el presidente, aún siendo muy malo, resulta, a la vez, imprevistamente iluminador. Descubrimos una concordancia súbita, una como congruencia poética, entre Zapatero y la revista que lo ha acogido en su páginas satinadas. Atiendan a cómo explica Zapatero, al llegar a la sede de la ONU, su hallazgo célebre de la Alianza de Civilizaciones: Ésta es la casa de todos, sin diferencias, de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen historia, de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen. Fue en esta sala donde tuve la certeza de lo necesaria que resulta la Alianza de Civilizaciones, porque, a pesar de las diferencias, aquí todos nos sentimos iguales Se combinan, lo mismo que en los rótulos de la portada, la revelación súbita y el remedio ejecutivo. Zapatero ha apreciado un no problema, una no dificultad, allí donde un observador lastrado por la impedimenta de la lógica habría registrado problemas o dificultades M Mejor: la revelación depara el remedio, porque es como un fulgor bajo cuya acción desparecen los relieves, las sombras, y el propio problema. Basta de hecho invertir el orden de la exposición, para darse cuenta de que Zapatero ha apreciado un no problema, una no dificultad, allí donde un observador lastrado por la impedimenta de la lógica habría registrado problemas o dificultades. La lógica obliga a temer que si los hombres son terriblemente distintos, por cuanto unos creen en un Dios providencial y otros no, y unos tienen historia y otros no, y unos son muy ricos y otros muy pobres y no concuerdan sobre la manera de estre- char la diferencia, lo normal, lo predecible, es que se entiendan mal, o no se entiendan en absoluto. Pero Zapatero percibe lo contrario. Percibe que si están hechos para malentenderse, se entenderán. ¿Por qué? La respuesta es un temblor, una intuición, provocada por un escenario solemne. La respuesta es una certeza, elemental e indescomponible en partes, y por lo mismo, refractaria a todo intento de argumentación. Zapatero sonríe, vuelta la mirada hacia dentro. Y tras la sonrisa hay un abismo, o quizá una fusión. Zapatero es un carismático, en la acepción weberiana del término. Ofrece auras o deslumbramientos, no principios cuya oportunidad sea posible medir por las consecuencias que de ellos se desprenden. El carisma constituye un don fascinante. Aunque no, por desgracia, exento de riesgos, máxime cuando el carismático preside el gobierno en un país desarrollado, complejo, y sujeto a la disciplina fastidiosa de la ley. El carisma de Zapatero ha facilitado el alumbramiento de un Estatuto confederal. El carisma nos ha dejado sin arrimos en la crisis de Ceuta y Melilla. El carisma, en fin, nos ha llevado inquietantemente lejos. Veremos pronto si el carisma, además de ir, es capaz de volver. Conmemoración del bicentenario de la batalla de Trafalgar, ayer en Barbate EFE Unos 120 barcos participaron en la parada naval que se celebró frente a la costa de Trafalgar ABC CÁDIZ. Unos 120 barcos participaron ayer en la parada naval que se celebró frente a Trafalgar (Cádiz) dentro de los actos conmemorativos del bicentenario de la batalla naval entre la flota inglesa y la hispano- francesa en 1805. Según fuentes de la Federación Andaluza de Vela, las embarcaciones zarparon del puerto de Barbate (Cádiz) sobre las doce del mediodía y se dirigieron a una ensenada próxima al Faro de Trafalgar, donde se concentra- ron y navegaron en fila para rememorar la formación de los navíos de línea, doscientos años después de la batalla. De vuelta al Faro, las embarcaciones se encontraron con un patrullero de la Armada española que presidió el protocolo de homenaje en honor y gloria de los héroes de Trafalgar Los participantes homenajearon a los caídos en la Batalla con 21 salvas y una ofrenda floral, así como con una oración por sus almas y un minuto de silencio, tras el cual culminó el acto con la interpretación del himno de España. En la parada naval, que fue organizada por el Ateneo de Cádiz, participaron embarcaciones de motor y cruceros de vela venidos desde los distintos puertos del litoral andaluz. La conmemoración reunió a numerosos familiares de los combatientes, entre ellos el presidente de Vocento, Santiago de Ybarra y Churruca, descendiente del marino Cosme Churruca, que murió en la batalla.