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ABC SÁBADO 22 10 2005 Cultura 63 LA COLECCIÓN DEFINITIVA Mañana llega a los kioscos la primera entrega de la colección definitiva de música clásica de ABC y Deutsche Grammophon, gratis con su ejemplar de ABC. Un libro explicativo y dos CD con las Cuatro estaciones y los conciertos con muchos instrumentos de Vivaldi marcan el comienzo de esta serie Vivaldi en el espejo TEXTO: ENRIQUE MARTÍNEZ MIURA FOTOS: ABC Posiblemente no pueda haber dos concepciones más distintas de la música de Vivaldi que las que conviven en el primer doble compacto de la serie de discos de Deutsche Grammophon para ABC. El primero contiene los conciertos que forman la serie de las Cuatro estaciones -una de las obras más grabadas desde que existe el disco- más tres de la colección de L estro armonico el segundo, una selección de conciertos con muchos instrumentos Entre uno y otro no sólo transcurrió más de una decena de años, sino que, sobre todo, se dio una ruptura en el lenguaje y la imposición de un nuevo estilo en la interpretación de la música barroca. La grabación de Herbert von Karajan es llamativa, porque se trata obviamente de una interpretación de director, hasta tal punto que no se considera imprescindible indicar quién es el solista de violín. No sería ya así en otra versión del gran artista, junto a la renombrada violinista Anne- Sophie Mutter. Es una lectura marcada por la presencia de la Filarmónica de Berlín, uno de los mecanismos musicales de relojería más perfectos- -si no el que más- -sobre el planeta, en uno de sus momentos de gloria máxima a que fuera conducida por la exigencia de su director titular de tantos años. Karajan, Esta obra despliega una sonoridad solemne a cargo de una sección de cuerda maravillosa llamado Der Gott (el dios) forjó un sonido de la Filarmónica de Berlín a su entera medida; una sonoridad única, suntuosa y precisa, que aplicaba con escasas variaciones a los estilos y compositores más diversos, de Beethoven a R. Strauss; de Bach a Vivaldi. Una forma de entender la interpretación musical que regía a principios de los años setenta- -contexto temporal inexcusable para comprenderla- partiendo de la utilización de una orquesta sinfónica moderna, considerada apta para tocar cualquier música, desde el Barroco a nuestros días. En el caso de Vivaldi y Karajan, ese plan produce un acercamiento que cabe describir como la superposición de la personalidad del segundo sobre la obra del primero. Las Cuatro estaciones del disco son toda una lección de exactitud y despliegan una sonoridad lujosa, algo solemne, a cargo de una sección de cuerda de grandes dimensiones. En este sentido, es difícil concebir el trabajo del solista como otra cosa que no sea formando parte de esa Filarmónica de Berlín, de modo que la interpretación se debe a Karajan no como un colaborador necesario- -lo que se espera que sea el director en un concierto con solista- sino como su absoluto responsable conceptual. Vivaldi, en un retrato anónimo chos años, dan vida al reverso de la visión de Karajan, algo rápidamente apreciable al primer golpe de oído. Se emplea una orquesta de reducidas proporciones que toca instrumentos de época; es decir, se niega el principio de que un mismo instrumental sirva para cualquier obra de la historia de la música; antes bien, han de buscarse los instrumentos aptos para cada período. Pinnock hace un Vivaldi juvenil, juguetón y luminoso. La plantilla descubre mil y un matices, infinidad de colores nuevos en los instrumentos, sean estos mandolinas, violines u oboes, que irradian una asombrosa paleta en sus combinaciones. Este elemento fundamental es llevado al límite en el concierto que da nombre al disco, el titulado precisamente con muchos instrumentos que reúne una auténtica fauna de ejemplares tanto tradicionales- -caso de las flautas de pico o el violonchelo- junto a rarezas del tipo de los chalumeaux o los violines in tromba marina. Instrumentos de época Los conciertos con muchos instrumentos tocados por Trevor Pinnock y su grupo, The English Concert, del que fuera fundador y director durante mu- Los instrumentos originales Ya a finales del siglo XIX empezaron a darse conciertos con instrumentos que la historia había retirado de la circulación. Volvieron así a oírse los sones del clave, entre los de teclado, o la viola da gamba, por lo que hace a las cuerdas. Lo que fue en su momento una curiosidad se abrió paso, poco a poco, hasta llegar a mediados del siglo XX. El gran salto se dio al decidirse que no sólo debían ser de época los instrumentos que no tenían exacta correspondencia con los de nuestro tiempo, sino absolutamente todos los implicados en una interpretación musical, pues también los violines, las flautas o las trompetas del Barroco distan enormemente de los ejemplares modernos. Por medio del uso de los instrumentos adecuados a cada período histórico se pueden recuperar el verdadero color y el equilibrio preciso entre las partes que están implícitos en una partitura.