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14 Nacional CONMEMORACIÓN DEL BICENTENARIO DE LA BATALLA SÁBADO 22 10 2005 ABC Las Armadas de España, Gran Bretaña y Francia rindieron homenaje en aguas de Cádiz a los 4.857 caídos en la batalla naval en un emotivo acto al que asistieron descendientes de los marinos Honor y gloria a los héroes de Trafalgar POR LAURA L. CARO CÁDIZ. Fue un homenaje con oraciones en los labios y con una emoción intensa, a los 4.857 marinos muertos en las mismas aguas tal día como ayer de hace 200 años, una ofrenda sin prestar atención a cuál fue la bandera a la que sirvió cada uno, si era la que venció o de alguna de las dos que perdieron. Fue a bordo del buque insignia de la Armada, el portaaeronaves Príncipe de Asturias con más de un centenar de descendientes de las víctimas a bordo llegadas de otras partes de España, de Francia y de Gran Bretaña, con cerca de cuatrocientos invitados más y con un solo mensaje: Honor y gloria a los héroes de Trafalgar Hasta el tiempo, un sol luminoso como colgado por encargo que dejó sólo en un mal recuerdo el viento de levante y la mar de fondo del día anterior, acompañó el ceremonial marinero. Una ceremonia en la que se dieron cita los sucesores de quienes se batieron a sangre y fuego hace dos siglos: los del legendario Nelson, -las señoras de riguroso luto y pamela a lo Ascot- -junto a los del almirante francés Pierre Charles Villeneuve- -que se quitó la vida cuando no pudo más con el peso del desastre- y a los de Gravina, Hidalgo de Cisneros, Dionisio Alcalá- Galiano, Cosme Damián de Churruca... en un acto que fue por encima de todo un escenario de encuentro. Entre los descendientes de aquellos combatientes, en este caso de Churruca, estaba el presidente de Vocento, Santiago de Ybarra. Os doy la bienvenida a esta vuestra casa, que tiene siglos y ha aprendido en su Historia a comprender que es más importante entenderse que enfrentarse fueron las palabras conciliadoras de un ministro de Defensa, José Bono, que, fiel a su estilo, se rodeó de todos: del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves; de la alcaldesa gaditana, Teófila Martínez- -que le acompañó desde primera hora del día- de los embajadores francés y británico, del arzobispo general castrense, del obispo anglicano de Portmouth, del jefe del Estado Mayor de la Defensa y del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, Sebastián Zaragoza. En este ambiente de celebración, Bono impuso al escritor Arturo Pérez Reverte la Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco. El homenaje se desarrolló en aquel escenario sobrecogedor de la lucha, que diría la primera edil en su discurso, mar adentro a nueve millas de la costa, siguiendo la trayectoria que describió el fallido combinado hispanofrancés rumbo a la batalla. Como parte del homenaje se lanzaron al mar tres coronas de flores. La primera, la francesa, que tiró al agua el embajador galo, Claude Blanchemaison, mientras desfilaba por delante en una pasada de honor lenta y ceremoniosa la fragata Montcalm a 30 yardas de distancia del Príncipe de Asturias Detrás, la británica, cubierta por una cinta con la insignia de la Royal Navy, de manos del también embajador del Reino Unido, James Wright, que la arrojó a las olas cuando navegaba justo enfrente a la popa del navío Chathaln La última, la de la España anfitriona, que lanzó por la borda el ministro de Defensa, cuando la fragata Reina Sofía adelantaba de la misma vuelta al portaaeronaves. Era, cerca del Cabo de Trafalgar, la tercera vez en el día que las tres coro- Durante el acto se lanzaron al agua, en el mismo escenario del choque naval, tres coronas de flores nas posaban juntas. Por la mañana ya desfilaron en el Panteón de Marinos Ilustres de la Escuela de Suboficiales de San Fernando, ante 54 medios acreditados y 167 periodistas de los tres países. Poco después se repitió la liturgia en el gaditano Parque Genovés durante el solemne acto de respeto a los caídos. Fue aquí donde el relator recordó que en 1805 se pudo oír el estampido de los cañones y el olor de la pólvora El acto consistió en una parada de una Los descendientes de los tres jefes de flota José María Castillejo y Oriol A Gravina le hubiera gustado resolver con este abrazo entre España, Francia y Gran Bretaña aquella batalla que no quiso Hace ayer exactamente 200 años, su antepasado el teniente general Federico Gravina y Nápoli, al mando de la escuadra española, izando su insignia en el Príncipe de Asturias combatió contra cinco navíos enemigos en la batalla de Trafalgar, en la que resultó mortalmente herido. Su descendiente, hijo del duque de San Miguel como también lo era Gravina, dice que al gran marino le hubiera gustado resolver el gran enfrentamiento, que costó la vida a 4.857 hombres, con un gran abrazo entre los países implicados. Como ayer se hizo en Cádiz. ¿Qué opinión le merece esta conmemoración que se celebra en Cádiz? -Trafalgar supuso el nacimiento de la cultura europea. Con aquella batalla se consiguió nada menos que el hundimiento del centralismo napoleónico y la victoria del liberalismo inglés, en torno al que se ha construido el mundo que tenemos. No puedo por menos que valorar muy positivamente estas celebraciones. ¿Cómo valora que se haya invitado a representantes y descendientes de las víctimas de Francia y Gran Bretaña a estos los actos? -Responde a la realidad del mundo de hoy. Que franceses y británicos compartan esta conmemoración con los españoles es algo sensacional. De todas formas, pienso que también España debería haber estado en los actos que se organizaron en el Reino Unido. ¿Qué hubiera pensado su antepasado ante un día como este? -A Gravina le hubiera gustado resolver con este abrazo entre los tres países una batalla que no quiso. Así lo dejó escrito poco antes de morir: el fue por obediencia, porque esta batalla no le parecía ni necesaria, ni útil, ni segura. -Más allá de su satisfacción por este recordatorio, ¿echa algo en falta en esta celebración institucional? -Echo de menos la presencia de las Casas Reales. En definitiva, los hombres que murieron en la batalla de Trafalgar dieron su vida por sus países, sus banderas y sus Reyes. Andrè de Villeneuve España ha acertado al conmemorar la batalla de Trafalgar como un homenaje a todos los que murieron A bordo del navío Bucentaure el vicealmirante francés Pierre Charles Villeneuve dirigió la equivocada estrategia de la batalla luego llamada de Trafalgar, para la que él mismo dio la orden de zapar a los 33 barcos que formaron el combinado hispano- francés. Antes de elevar a Napoleón el informe con el resultado del desastre, prefirió suicidarse. Francia no tendrá este año un recuerdo ni para él ni para este capítulo histórico. Tres de los descendientes del vicealmirante estuvieron ayer en Cádiz, entre ellos el conde Andrè de Villeneuve, representante de la familia, asistiendo además a unos actos que España ha celebrado, según señaló en declaraciones a este periódico, con mucho acierto. ¿De qué modo está celebrando Francia, su país, el aniversario de la batalla de Trafalgar? -No lo celebra en absoluto. En Francia, la batalla de Trafalgar es una derrota tremenda y no habrá ninguna celebración. ¿Qué significado tiene para usted que España sí lo haga, cuando ambos países compartieron la misma derrota en el combinado frente a Gran Bretaña? -Bajo mi punto de vista, España ha sabido desarrollar muy bien el sentido de esta celebración en un contexto europeo, como un homenaje a todos los que murieron: franceses, británicos y españoles. Ha sido una idea muy acertada. ¿Qué significa para usted aquella batalla, en la que su antepasado decidió la estrategia a seguir? -A pesar de los acontecimientos, este hecho histórico que es Trafalgar ha marcado la vida de mi familia de modo muy intenso, de generación en generación. ¿Qué pensaría el vicealmirante Pierre Charles Villeneuve al ver una celebración conjunta como esta? -Es muy difícil responder a eso... y más desde el punto de vista y los criterios de entonces. Él diría que hoy hay una Europa unida y antes era una Europa desunida.