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6 Opinión SÁBADO 22 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA FERNANDO CASTELLÓ PRESIDENTE DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL REPORTEROS SIN FRONTERAS LOS PÁJAROS SOBERANISTAS QUÍ los pájaros que deben inquietarnos son los de mal agüero. No transportan virus alguno, pero quiebran la esperanza en el futuro de la Nación; algo que, por otra parte, hace gozar a quienes la niegan como, por ejemplo, los nacionalistas más o menos separatistas que han girado en poco más de treinta años desde un respetuoso acatamiento de la idea de España como unidad de destino en lo universal a una feroz oposición a otra más moderna y sensata sustentada en la libertad y la convivencia. El plan Ibarretxe o el nuevo Estatut perpetrado en el Parlament son dos muestras claras de lo que digo: intentos independentistas lejanos de la ConstituM. MARTÍN ción, de su letra y de su esFERRAND píritu, tamizados por el viciado formalismo de unos parlamentos regionales que aprovechan la autonomía que les permite actuar para romper su cimiento legitimador. Estamos ante un bien calculado fraude constitucional, ante el uso indebido de su letra para tratar de romper su espíritu unitario. Algo de gravedad menor de no ser porque el Gobierno es el principal valedor de la intentona. Más que por convicción, como pago espurio del apoyo parlamentario que le ha permitido a José Luis Rodríguez Zapatero instalarse en La Moncloa. Cuando las partes anteponen su voluntad a su naturaleza y, además, atentan contra la integridad del todo al que pertenecen y certifica el tracto de la Historia, estamos ante un sarpullido ocasional que, en nuestro caso, puede llegar a crónico, e incluso a letal, porque el responsable de su cura, el Gobierno del Estado, se ha convertido en suministrador del calor que lo fomenta. Ante tan rara y estéril situación adquiere especial relevancia la actitud del otro gran partido nacional. ¿Qué debe hacer el PP, en el Congreso, en lo que atañe al nuevo Estatuto elaborado por el Parlamento de Cataluña? Todo lo que no sea rechazarlo en su totalidad, negarlo por servir de excipiente a un principio activo tan inconstitucional como soberanista, será un error. El debate pormenorizado de su articulado supone, cuando menos, una aceptación de la intención de sus redactores y no debería tratarse de parar el gol, sino de detener el juego en el momento de su irregularidad. Una Constitución es el eje para la organización, con bases democráticas y aires de libertad, de una convivencia satisfactoria entre los ciudadanos a los que afecta. Aquí y ahora se están confundiendo personas con territorios que es tanto como no saber distinguir entre la realidad y su abstracción; pero, mírese como se quiera, ése es un juego al que sólo se le puede augurar buen fin si se cuenta con la lealtad de sus partícipes, algo que no aporta un texto como el del nuevo Estatuto y que, en consecuencia, debe ser corregido desde la legítima autoridad del Gobierno, reforzada por el gesto radical del principal y casi único partido de la oposición. Hay que atajar la fiebre de los pájaros soberanistas. A CONTRA LA LIBERTAD DE PRENSA Para el autor, el ejercicio profesional de la libertad de información es una forma de control ciudadano de los posibles abusos del Estado, y no a la inversa. Si se aprobara el Estatuto de Periodistas, éstos se convertirían en correas de transmisión o corifeos de quienes pueden darle o quitarle el carné N estos momentos, las Cortes estudian dos propuestas para un estatuto de la profesión periodística. Un proyecto de ley convierte de hecho al periodista en funcionario que, en vez de controlar al poder, incluido el poder parlamentario, es controlado por éste, que expediría el carné profesional. Una propuesta alternativa atribuye la acreditación para el ejercicio profesional a las Asociaciones de la Prensa, convertidas en colegios a los que se accedería exclusivamente mediante titulación universitaria específica. En el primer proyecto, presentado por Izquierda Unida (IU) se prevé la creación de un Consejo Estatal de la Información, con sus correspondientes 17 réplicas autonómicas, formado por 22 miembros elegidos por el Parlamento, entre ellos sólo ocho periodistas. Este Consejo otorgaría, o denegaría, el carné de Prensa, el cual podría retirar hasta durante cinco años, a través de sus comisiones de Acreditación y Deontológica. Ésta podría inhabilitar para el ejercicio de la profesión y multar a quienes, periodistas o empresas, no respetasen un código autorrestrictivo que prohibiría, entre otras cosas, el provocar daño o descrédito injustificado a instituciones públicas y privadas además de poner límites previos al secreto profesional. En lugar de vigilar los periodistas los posibles abusos del poder, sería el poder el que vigilaría los posibles abusos de los periodistas. Este proyecto, que convertiría a los periodistas en funcionarios de facto, sometidos además a la amenaza extrajurisdiccional de tribunales de honor, especie de Tribunales de Orden Periodístico que recordarían al tristemente famoso Tribunal de Orden Público franquista y ten- E drían facultades para retirar al profesional la licencia para informar que el Parlamento le habría otorgado, podría ser aprobado de modo inminente. De ser así, España se situaría en la misma línea restrictiva del ejercicio profesional y de la libertad de prensa que el Brasil de Lula, la Venezuela de Chávez y la Cuba de Castro. Línea que culmina cronológicamenteen el intento gubernamental brasileño, felizmente neutralizado por el rechazo de profesionales, medios y de la propia Cámara de Diputados, de regimentar la profesión con un Consejo Federal de Periodismo obligatorio, encargado de orientar, disciplinar y controlar el ejercicio de la profesión y vigilar el estricto respeto de los principios éticos y la disciplina Antecede en esa línea intervencionista estatal la plasmación de similar intento en Venezuela, complementario de la ley mordaza de responsabilidad social de los medios audiovisuales y de otras espadas de Damocles ejecutivas que penden sobre las cabezas de empresas y periodistas. Y una y otra recuerdan a Cuba y su encuadramiento férreo de los informadores funcionarios en la única y obligatoria Unión de Periodistas (que califica a los 24 periodistas disidentes encarcelados de mercenarios armados del Imperio Confiemos en que, al igual que en Brasil, el proyecto intervencionista de IU, que pondría a los periodistas a los pies de los hoy encabritados y siempre irritables caballos parlamentariossobre losque cabalga el poderdominante encada momento, será rechazado por el mismo Parlamento al que se ofrece la varita mágica que aseguraría su vigilancia sobre aquellos -En la Transición yo era respetado, hasta Fraga presentó un libro mío y nadie me insultaba. En cambio ahora... ¿qué le estás dando a los fachas, José Luis?