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ABC VIERNES 21 10 2005 Espectáculos 67 LA COLECCIÓN DEFINITIVA MADRID. La figura del director de orquesta Herbert von Karajan sigue levantando pasiones. Su peculiar y apasionado concepto de la música clásica mantiene intacto el prestigio entre el gran público al que supo llegar, adelantándose a otros directores de su tiempo, mediante el empleo a gran escala de las grabaciones discográficas que popularizaron su estirpe como director más allá de los circuitos clásicos. Karajan fue y es una referencia y buena parte de sus trabajos discográficos son imprescindibles en cualquier discoteca de música clásica que se precie. Como todos los directores de relieve, Karajan- -lógicamente inserto de forma plena en esta colección que articula una parte importante de sus mejores versiones del gran repartorio- -marcó unas pautas muy claras en la exigencia a los intérpretes que colaboraban en sus proyectos. Minucioso y detallista en las versiones, aún lo era más en el campo de la ópera, donde llegó a ejercer fuerte control en aspectos musicales y escénicos. Desde luego, el rigor en la elección de los cantantes era inflexible, de ahí que aquellos que él bendijo acabaron por conseguir carreras al más alto nivel. No extraña, por tanto, que el maestro germano apostase por un joven tenor español, ya de éxito pero aún con largo recorrido por delante, para asumir la Misa de Réquiem de Verdi en 1976 en Salzburgo, junto a Montserrat Caballé, Fiorenza Cossotto y José van Dam. Sería el primer jalón de un encantamiento mutuo entre dos de los músicos más relevantes de su tiempo, dos pesos pesados que establecieron una fructífera alianza musical que proporcionó apoteósicas veladas líricas y grabaciones discográficas de alto voltaje entre las cuales destaca como cima la Tosca incluida en la colección, en la que comparten reparto con Carreras otros dos intérpretes de excepción: Katia Ricciarelli y Ruggero Raimondi. Oficiosamente Carreras comenzó a ser conocido como el tenor favorito de Karajan maestro con el que trabajó asiduamente, sobre todo en los festivales de Salzburgo y en títulos como Don Carlo de Verdi- -título que interpretó en el Festspielhaus salzburgués para festejar el ochenta cumpleaños del maestro Karajan- -o Carmen que también llevaron al disco. La Ópera de Viena, con La Bohème también fue testigo de esta entente cordial que se prolongó más de una década. La fructífera relación musical entre el tenor español y el director austriaco se recoge en la colección definitiva de ABC y Deutsche Grammophon Carreras y Karajan, alianza lírica TEXTO: COSME MARINA FOTOS: ABC fértil colaboración entre ambos plasmada en la escena y en el disco. A partir de ahí comienza a desarrollar una carrera en lanza que tiene un afianzamiento sustancial a partir de 1974 con la Ópera de Viena, el Covent Garden de Londres y la Scala de Milán, con un apotéosico Ballo in maschera al año siguiente que le consagra. Más adelante, iniciaría la relación con Karajan, además de otros directores de relevancia y un trabajo continuo que ni la dureza de la leucemia logró parar. Todo lo contrario. Desde entonces su labor continúa incesante en el campo lírico, ahora más centrado en el recital, mientras que su Fundación lucha contra esta enfermedad desde múltiples frentes. Una voz universal La trayectoria del tenor catalán, además, ha vivido triunfos colosales que lo han ubicado como una de las voces indispensables de las últimas décadas y que, de la mano de grandes recitales, acompañado de Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, se ha convertido en una figura popular, querida y apreciada. Nacido en Barcelona en 1946, su incipiente afición lírica le llevó a cantar en público con ocho años para tres años después en el teatro del Liceo de Barcelona- -uno de los escenarios básicos en su carrera- -debutar líricamente con el trujamán de El retablo de maese Pedro de Falla. En 1970, tras cantar Norma también en el Liceo con Montserrat Caballé, se inicia otra