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ABC VIERNES 21 10 2005 Espectáculos 63 La vida secreta de las palabras El habitante incierto El mundo triste y grande de Coixet España Director: Isabel Coixet Intérpretes: Tim Robbins, Sarah Polley, Julie Christie, Javier Cámara E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Imagine que un extraño se cuela en su casa (de 500 metros) España Director: Guillem Morales Intérpretes: Andoni Gracia, Mónica López, Francesc Garrido FEDERICO MARÍN BELLÓN I sabel Coixet sitúa el contenido de su cine en lugares de difícil acceso: personajes de emotividad extrema en circunstancias angustiosas y sometidos a una temperatura sofocante. A pesar de ello, de su difícil acceso y de su combustión, el cine de Coixet es también un lugar cómodo, tal vez entristecido y lleno de pesadumbres, pero atravesado por una luz de sutil y esperanzada euforia. Detrás de este título cargado de ambición poética está sentada en cuclillas una historia leve, de una mujer leve que vive una aventura leve con un hombre grandote e inmóvil (podría ser algo así como una versión vitalista y adulta de un cruce entre El paciente inglés y ese cuento de Cortázar titulado La señorita Cora que convalece de sus quemaduras y de su ceguera a causa de un accidente. Coixet encierra la historia de estos personajes en un ámbito diminuto, aislado y grasiento, tanto física como emocionalmente: la soledad pringosa en una plataforma petrolífera en el medio del océano. Él es Tim Robbins y ella es Sarah Polley, y ambos interpretan a esas dos personas que se escudan en un proceder retraído, huraño, huidizo, aunque cada uno de ellos encuentra en las palabras el manual para sobrellevar el peso de su pasado: él recubre las suyas de una membrana caustica y mordaz, mientras que ella las recubre de silencio, de una especie de afonía afectiva... Bueno, la película es lo que ambos personajes construyen sigilosa y gradualmente, sin percatarse ni ser percatados. Además de esa atmósfera tan particular, tan húmeda y tan seca al tiempo, que tiene el cine de Isabel Coixet, está el rumor habitual de los textos que pone en la boca de sus personajes; palabras edificadas con las mejores virtudes de la literatura (como se sabe, a veces lo mejor es enemigo de lo bueno) hechas para emocionar, para conmover. En La vida secreta de las palabras éstas son en ocasiones excesivamente carnosas y puede uno ver a los personajes paladeándolas. Personalmente, disfruto cuando los actores paladean sus textos si tienen altura y vibración; aunque tengo observado que tal cosa afila los nervios de otras gentes: son diferentes modos de botar una frase redonda e hinchada... También es un sello del cine de Coixet: qué bien enfoca los primeros términos, cómo los carga de sustancia... aunque eso le perjudique, por contraste, a los segundos y terceros términos. Quiero decir, las otras historias que se cruzan en esa plataforma en el medio de nada adolecen de la misma grandeza. Están ahí, como un parpadeo entre lo esencial. s posible vivir de prestado en una casa ajena, como una sombra, siempre a escondidas del dueño? Andoni Gracia sospecha que sí desde que una noche ¿E dejó entrar en su mansión a un tipo siniestro- -como que era Agustí Villaronga, nuestro director más inquietante- -que necesitaba usar el teléfono. En un descuido, el hombre desaparece y ni la casa ni la vida del protagonista vuelven a ser las mismas. No está nada mal el arranque planteado por el novato Guillem Morales, a quien es fácil augurar un futuro lleno de éxitos. Se nota que ha invertido tantas horas como talento en pulir su guión (si acaso, lo remata de un modo retorcidillo) Es obvio que sabe lo que hace con los actores. Salta a la vista que es capaz de ocuparse de todos los apartados técnicos y dotar a su obra de esa rara homogeneidad que tienen las películas bien hechas. Por supuesto, El habitante incierto tiene defectos, pero por encima de todo destaca la capacidad de Morales para sorprender en cada giro sin miedo a saltarse las normas del género, sobre todo cuando imprime un cambio de ritmo tan radical que dejará a algún espectador descolocado, pero que constituye un alarde de valentía y sentido del humor. Sería mezquino desvelar las claves que llevan a este volantazo, dentro de los parámetros kafkianos en los que se mueve el filme. Es preferible dejar que el público se sorprenda y disfrute con un producto tan original que, a buen seguro, despertará recelos entre parte de la crítica. Mientras no se politice la defensa indirecta que hace Morales de los minipisos...