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ABC VIERNES 21 10 2005 Espectáculos 61 meses que precedieron al rodaje hablé con él cada día y eso fue una manera de darme cuenta de la clase de director que es. Lo mejor es que yo siempre he sido un gran fan de su cine, así que en este tiempo de promoción, cuando comemos o cenamos juntos, o cuando me siento a su lado en el avión, me siento un tipo afortunado porque puedo preguntarle millones de cosas sobre sus películas, preguntas que todo el mundo querría hacerle. Es genial. -Ha insistido usted por activa y por pasiva que esta película no era una metáfora sobre el estado actual de los Estados Unidos. -Bueno, lo que he dicho exactamente es que ésta no es sólo una película sobre EE. UU. sino que es aplicable a cualquier parte del mundo. Lo que me parece absurdo es pensar que los estadounidenses tienen el patrimonio de la violencia. Es cierto, en EE. UU. hay muchas armas y muchísimos problemas, pero también hay problemas en España y en Francia, porque la violencia es algo intrínsecamente unido al ser humano, y a lo que por desgracia el ser humano está muy acostumbrado. -Muchas personas desconocen que además de actor usted escribe y publica poesía, micro- relatos, pinta, esculpe... ¿Tiene tiempo de seguir con todas esas cosas? -Pues es cada vez más complicado, pero lo hago siempre que puedo. Amo la vida y a la gente, y con eso en mente puedes inspirarte en cualquier lugar del mundo, así que eso es lo que intento. En cuanto a Perceval Press (su editorial) intento dedicarle el mayor tiempo posible, pero últimamente ha sido muy complicado. Una historia de violencia Retorno al pasado EE. UU. 96 m. Director: David Cronenberg Intérpretes: Viggo Mortensen, María Bello, Ed Harris, William Hurt ANTONIO WEINRICHTER a ejemplar carrera del canadiense David Cronenberg dentro del cine de terror y fantasía no oculta el hecho de que es quizá, de todos sus colegas, el menos interesado por la faceta pop del género, pese a haber hecho alguna adaptación de Stephen King. Por eso sorprende que adapte aquí un cómic- -o novela gráfica como si se hubiera resignado a apuntarse a la poco estimulante servidumbre actual del séptimo arte al ¿noveno? Pero Una historia de violencia disipa las dudas. Es, sí, lo más parecido a un filme de género en su filmografía; más aún, es lo más parecido al cine negro clásico que recordamos haber visto en mucho tiempo en esta era de pastiches y homenajes varios. La violencia invade un idílico pueblo de Indiana y explota de forma especialmente visceral (que en el caso de Cronenberg viene de víscera) pero no se expulsa fuera para recuperar al final la normalidad del sueño americano: es el propio protaEs el propio gonista (Viggo Morprotagonista tensen) quien la lleva dentro, quien ha estaquien lleva do viviendo ese sueño dentro la como un espejismo violencia que hasta que su pasado muestra Cro- viene llamando a la puerta, como en el clánenberg sico film noir con el que hemos titulado esta reseña. En este sentido, la última escena resulta especialmente desoladora. Antes de llegar a ese final tan poco catártico, Cronenberg va desgranando su terrible anécdota con un estilo tan despojado y preciso que cabe calificar de clínico: en las escenas de violencia, pero también en la antológica escena de sexo en la escalera, se revela como un digno sucesor, no de Lynch como se ha dicho, sino del propio Hitchcock. Como solía decir la política de los autores, he aquí un ejemplo de manual de un argumento ajeno transfigurado por la puesta en escena. L Viggo Mortensen, en una escena de la película de Cronenberg Maria Bello, protagonista femenina de Una historia de violencia Palabra de Cronenberg David Cronenberg es, a primera vista, todo lo contrario que cualquiera de sus películas: sobrio, serio, reflexivo, su imagen no podría estar más alejada de los protagonistas de sus guiones. La violencia está profundamente ligada al ser humano y forma parte de su vida diaria- -afirma- Una historia de violencia no pretende postularse a favor ni en contra de este precepto, no trata de ser un informe del estado de las cosas, es más bien una reflexión Así de contundente se presenta el postulado del realizador cuando se le pide una valoración sobre su último trabajo, basado en un cómic. El canadiense es un director de culto que ha convertido la disfunción y la anomalía en el corazón de su carrera y películas como Scanners Inseparables o Spider han hecho de él uno de los únicos realizadores capaces de unir a público y crítica a la hora de juzgar su trayectoria. Aun así, y preguntado sobre los toques de humor negro en Una historia de violencia Cronenberg esgrime una curiosa negativa: siempre he creído que todas mis películas son comedias. Es más, si las miras con atención, ese humor del que se habla ya había aparecido en mis otras películas Pero el director no es inmune al miedo y titubea cuando se le pregunta sobre la afirmación de la crítica norteamericana de que su película es la perfecta traslación cinematográfica de la relacion existente entre la sociedad estadounidense y la violencia Duda y mira al techo: No debería entrar en este terreno, pero creo que Una historia de violencia es una especie de western donde Viggo Mortensen sería Gary Cooper, el pistolero que defiende su territorio, su familia, del forastero, y que lo hace contra todo riesgo y sin importarle las consecuencias; y sí, sin duda habla de lo que está pasando ahora en América. Pero no sólo de eso Palabra de Cronenberg. ABC