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16 Nacional ABC, EN EL CORAZÓN DE LA INMIGRACIÓN SENEGAL VIERNES 21 10 2005 ABC Pese a las tragedias, que ya conocen, miles de jóvenes senegaleses de los barrios periféricos de Dakar sueñan con dar el salto a Europa. Muchos han pagado ya el importe de su pasaje, un visado falso que las mafias ofrecen por 1.600 euros Con las maletas en la mano POR PABLO MUÑOZ ENVIADO ESPECIAL La Junta de Gobierno Local del Ayun- tamiento de Torrejón de Velasco, en sesión ordinaria celebrada el 3 de octubre de 2005, acordó estimar la iniciativa presentada por la promotora HIJES, S. L. para el desarrollo urbanístico del Sector 10 del P. G. O. U. de Torrejón de Velasco, de conformidad con la Ley 9 2001, de 17 de julio, del Suelo de la Comunidad de Madrid. Lo que se hace público a los efectos oportunos, en Torrejón de Velasco, a 14 de octubre de 2005. El alcalde- presidente, don Miguel Ángel López del Pozo. La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de Torrejón de Velasco, en sesión ordinaria celebrada el 3 de octubre de 2005, acordó estimar la iniciativa presentada por la promotora HIJES, S. L. para el desarrollo urbanístico del Sector 2 del P. G. O. U. de Torrejón de Velasco, de conformidad con la Ley 9 2001, de 17 de julio, del Suelo de la Comunidad de Madrid. Lo que se hace público a los efectos oportunos, en Torrejón de Velasco, a 14 de octubre de 2005. El Alcalde- presidente: don Miguel Ángel López del Pozo. DAKAR. Poco o nada ha cambiado en Dakar: ni las muertes de las vallas de Ceuta y Melilla; ni los ahogamientos en el mar por naufragios de las pateras; ni siquiera la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes que han llegado a abandonar a más de un centenar de sin papeles en pleno desierto del Sahara, sin agua ni comida, hacen cambiar de idea a miles de jóvenes de Senegal, que antes o después, de forma regular o clandestina, intentarán llegar a Europa. Nada les altera su proyecto, porque la miserable forma de vida que tienen y su propia mentalidad les empujan. En alguna medida el fatalismo africano esa idea de la religión musulmana- -mayoritaria en el país- -que les lleva a pensar que las cosas ocurren porque Dios lo quiere hace que las tragedias de sus compatriotas, repetidas una y mil veces, no les hagan mella en el ánimo. Si ahora hay menos viajes hacia España no es porque teman por su vida sino, simplemente, porque tienen más posibilidades de ser detenidos y, por tanto, menos opciones de alcanzar el sueño. Es sólo cuestión de tiempo, y en este país, como en el resto de África, éste discurre a un ritmo distinto al de Europa. Y también juega el orgullo, adquirido a lo largo de siglos y convertido en uno de los peores enemigos de esta sociedad, que asiste ajena a la tragedia. La policía cierra los ojos El martes pasado un traficante de seres humanos marroquí explicaba la situación en una emisora de radio con meridiana claridad: He querido entrar cinco veces a España; nunca lo logré y ahora he decidido hacerme pasador Todo lo tenemos organizado: les vendemos teléfonos móviles para que hablen con su casa; sus familias pueden enviarles dinero, siempre a través de nosotros; hay jefes en los campamentos y unas normas que se cumplen. La policía cierra los ojos, aunque ahora se ha puesto más seria. Pero sólo será hasta que pase un tiempo y todo vuelva a la normalidad En el barrio de Pikine, el más poblado de Dakar, viven en algunos casos, y malviven en otros muchos, decenas de miles de personas. Las estadísticas dicen que hay mil habitantes por kilómetro cuadrado, pero la observación in situ hace que esa cifra parezca por momentos escasa. La única calle asfaltada que lo atraviesa, que parte de lo que en esta ciudad se define como autopista, aparece abarrotada de coches, auto- buses, camiones y viandantes. A un lado y a otro, sin solución de continuidad, aparecen cientos de puestos de prendas de vestir fabricadas en China, de productos electrónicos, de alimentación y de cualquier cosa imaginable que dan al lugar un aspecto de gran bazar, de gigantesco mercadillo donde todo se compra y se vende... Ousman Seye tiene 34 años, está separado y tiene una hija pequeña. Vive en un cuartucho de apenas 10 metros cuadrados, situado en el primer piso de una casa destartalada perpendicular a la calle principal. Permanece sentado junto al portal, en una silla de plástico, con los cascos de su MP 3 puestos y ajeno a cuanto le rodea, en este caso una mujer tirada en el suelo con el que parece su marido y sus hijos pequeños, a uno de los cuales le da el pecho sin ni siquiera incorporarse. Una breve conversación con Ousman es suficiente para que acepte la charla, pero pide que sea en su territorio a salvo de miradas indiscretas que pueden dar lugar a habladurías poco convenientes. Al fin y al cabo, es extraño que un extranjero aparezca por ahí y haga preguntas. El miedo existe. El edificio es una especie de corrala a la que se accede por unas escaleras de piedra. Ousman abre amablemente las puertas de su hogar que exactamente consta de un camastro de matrimonio vestido con unas sábanas beige de dibujo indescriptible, un espejo algo deteriorado, un ventilador con aspecto de no haber funcionado en mucho tiempo, una mesa donde descansa la televisión, otra en la que está la máquina de coser- -es costurero el poco tiempo que trabaja- -y una cortina de plástico que oculta sus escasas ropas y que hace las veces de armario. Además, en una mesita de noche se ven un par de libros. La ventilación es mejorable, y los olo- He querido entrar cinco veces a España: nunca lo logré y ahora he decidido hacerme pasador La Embajada española me ha negado el visado, pero estoy en tratos con una persona que me lo va a conseguir res de la vecindad se perciben con una nitidez que espanta. Los lugares de aseo son comunes, lo mismo que los aromas que de ellos se desprende. También se comparte la cocina y la desesperación callada de aquellos que tienen que malvivir en un sitio así. Ousman se descalza antes de entrar en el cuarto- vivienda, pero no pide a sus acompañantes que lo hagan. Sentando sobre la cama, explica que la Embajada de España le ha negado el visado: Pero estoy en tratos con una persona que me asegura que él me lo consigue añade con un punto de ilusión que se refleja en sus ojos negros. Ha pagado el equivalente a 1.600 euros- -una fortuna en este país- -y poco le importa si los papeles son verdaderos o falsos. Simplemente quiere que le abran las puertas de Europa. Asegura, sin embargo, que quiere viajar de forma legal, que no subiría a una patera o saltaría una valla... Sin embargo, él y todos saben que eso no es cierto, y que en el momento en que se lo digan hará el petate y emprenderá la aventura, quién sabe si con retorno. No es ajeno a los riesgos que corre, y de hecho está informado de la actualidad sobre inmigración en Europa. En España no conozco a nadie- -asegura- aunque sí en Italia. Pero me da lo mismo el país, yo lo único que quiero es viajar hasta allí Sin duda, lo va a hacer. De una forma o de otra, aunque al desconocido le asegura que no caerá en manos de las redes de traficantes. Hay un 99 por ciento de posibilidades de que no será así y tiene muchas papeletas de protagonizar otra de esas tragedias de la inmigración irregular que apenas si conmueven ya a una sociedad europea con la conciencia prácticamente anestesiada.