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6 Opinión VIERNES 21 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA RICHARD N. HAASS PRESIDENTE DEL CONSEJO DE RELACIONES EXTERIORES DE EE. UU. DIPLOMACIA DE DOBLE MORAL UNQUE podría decirse lo mismo de Mariano Rajoy, víctima del arriolismo heredado de José María Aznar, el mayor de los defectos políticos de José Luis Rodríguez Zapatero reside en su obsesión por las encuestas. Esa fiebre demoscópica, heredada del españolísimo ¿qué dirán de mí? tiende a volatilizar el talento que, a juzgar por lo visto, no abunda en la sonriente cabeza del presidente. La opinión pública, esencia de la democracia, no puede ser el único estímulo para un gobernante que, a partir de sus compromisos electorales y el ideario propio de su militancia, siempre debe estar dispuesto a perder la estima de alguno de sus votantes paM. MARTÍN ra salvar el esquema de FERRAND sus convicciones y, sobre todo, atender prioritariamente los intereses generales de la Nación. Zapatero es muy sensible a las voces críticas que, como ocurre en todos los territorios de la actividad, son tanto más sonoras cuanto más radicales. Quizás por ello, y con la eficaz ayuda del esperpéntico Miguel Ángel Moratinos, es en la política exterior en donde más se advierten los errores de un Gobierno que, torpe en lo doméstico, ha perdido los papeles en lo que se refiere a las relaciones internacionales y consagrado como grandes y admirados interlocutores a dictadores tan execrables como Fidel Castro o Hugo Chávez. Un ejercicio de progresismo sin fundamento que perjudica seriamente las relaciones de España con las primeras potencias occidentales. En ese sentido resulta relevante que el escritor Mario Vargas Llosa y el historiador Enrique Krauze, dos intelectuales de respeto y liberales sin reproche, hayan culpado a nuestra política exterior de hipocresía ¿Cómo es posible- -se preguntaron en la Casa de América de Madrid- -que un país que ha padecido una dictadura esté amparando con comunicados vergonzosos (como el de la cumbre de Salamanca) a un régimen siniestro como el de Castro? Defender al dictador de La Habana y no luchar, desde la democracia, por la libertad de los cubanos es una grave contradicción. Zapatero, a juzgar por los resultados, prefiere una sonrisa de Joaquín Sabina y otros náufragos en la agitada sopa del progresismo hispano que el respeto internacional que, reforzado por el milagro de la Transición, merece la Nación que le toca gobernar y gobierna con temeridad y en olvido de sus valores clásicos. Desde la fuga de Iraq, más afortunada en sus razones que en su desgraciada ejecución, el presidente cuida más el brillo de su carné de rojo ¿qué será a estas alturas eso de ser rojo? -que el interés de España en el lugar que ocupa en el puzle internacional y que, desde luego, no es ni el de Cuba, la segunda cárcel del mundo tras Corea del Norte, ni el de Venezuela. ¿No había dicho Zapatero, espero que con tanta sinceridad como inoportunidad, que su patria es la libertad? A REALIDADES RUSAS El autor hace un repaso de las potencias y carencias de Rusia y de su difícil digestión tras el fin de la URSS. Concluye que es preciso que resuelva sus problemas de estabilidad política y económica y que mejore el bienestar de su malla social con la ayuda de la comunidad internacional primera vista, Rusia tiene muchas de las características distintivas de una gran potencia. Tiene un gran arsenal de armas nucleares, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuenta con enormes reservas de petróleo y otros minerales, tiene un récord reciente de crecimiento económico robusto y más territorio que cualquier otro país, a pesar de que sólo tiene tres cuartas partes del tamaño de la ex Unión Soviética. Sin embargo, un examen más cuidadoso muestra una Rusia diferente. Mucha de su riqueza refleja el creciente valor de los recursos energéticos, no una actividad económica productiva. Sus fuerzas armadas pueden proyectar poco en cuanto a poder militar utilizable. La población del país es ahora menor que la de Pakistán y está disminuyendo en 500.000 personas por año, lo cual deja grandes porciones de su vasto territorio casi inhabitadas. La esperanza de vida de los hombres ahora es de menos de 60 años debido al alcoholismo, el crimen, las drogas, las enfermedades y el pésimo sistema de salud pública. Todo esto sucede en una Rusia que si bien no es un Estado hueco, tampoco es grandioso. Hay límites a lo que Rusia puede lograr en el mundo en cualquier sentido positivo, aunque su capacidad de echar a perder las cosas o de crear problemas es considerable. Las decisiones que se toman en Moscú pueden afectar los precios mundiales de los productos energéticos, el futuro de los A programas nucleares de Irán y Corea del Norte y el éxito de los terroristas. Para bien o para mal, Rusia aún importa. Pero, ¿cuánto importará? Un problema tiene que ver con la estabilidad política. Para poder mantenerse intacto y funcional, el país necesita un sistema político y una sociedad que convenza a la juventud talentosa de permanecer en Rusia- -y que les dé la educación para desarrollar su talento- También debe haber límites al poder del Gobierno central y de la presidencia, un grado de autonomía regional y Estado de Derecho; en suma, los elementos rudimentarios de un Estado y una democracia modernos. Desgraciadamente, Rusia se está moviendo más en la dirección contraria; el poder político está más concentrado, no menos. El panorama económico es igualmente incierto. Los altos precios de los recursos energéticos son una ventaja para la economía de Rusia, pero, como sucede frecuentemente en el Medio Oriente y otras regiones ricas en petróleo y gas, también pueden ser una carga que alimenta la corrupción y desincentiva la actividad económica real. El reto para los gobernantes rusos es utilizar su riqueza petrolera para educar a la población y reconstruir la infraestructura y así asegurar la competitividad global y el crecimiento del empleo. Rusia también necesita una estrategia de seguridad nacional que complemente su renovación política y económica. La estrategia de muchos palos y pocas zanaho-