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28 Internacional JUICIO A SADAM GARANTÍAS PROCESALES JUEVES 20 10 2005 ABC EL APARTHEID EN IRAK os suníes de Irak son aproximadamente el 15 por ciento de la población. Mas actúan como si fueran el 50- -algo modesto, es cierto, con el estatuto de etnia muy mayoritaria que tenían bajo Sadam. Por alguna razón- -que a mí se me escapa- -hay una gran preocupación internacional por contentar a esta minoría que quiere seguir teniendo el peso de una mayoría. Como si al terminar el apartheid en Suráfrica a alguien le hubiera preocupado que los blancos siguieran teniendo un peso superior al que se derivaba de la norma un hombre, un voto La multitudinaria participación en el referendo de hace cinco RAMÓN días, superior a la de PÉREZ- MAURA las elecciones del pasado enero, es la prueba irrefutable de que los iraquíes creen en el proceso en el que están involucrados mucho más que la opinión pública occidental, que mira lo que allí sucede con la condescendencia de la superioridad peor entendida. Desde aquí, en todos los medios de comunicación, hacemos estadísticas con el número de bombas y los muertos que de ellas se derivan- -en su inmensa mayoría iraquíes. Bombas que quizá sean el mayor acicate para buscar la democracia y no para volver a un régimen como el del tirano prepotente que ayer compareció ante el juez. A la hora de valorar el progreso o regreso de Irak, quizá sea conveniente tener presentes otros datos, al menos tan objetivos como el de los muertos que han quedado en el camino. Como ha recordado Michael Rubin, director del Middle East Quarterly (ver WSJ 18- 10- 2005) vendría bien recordar de nuevo que bajo Sadam uno de cada seis iraquíes huyó del país (ver The Guardian 16- 08- 2002) pero que ahora varios cientos de miles han regresado. ¿Qué otro país tan caótico como el que describimos cada día en los medios importa ciudadanos en lugar de exportarlos? En un país en el que hay inseguridad- -jurídica, física o del tipo que sea- -se invierte en oro o joyas, bienes fácilmente escamoteables a los controles. Cuando se sienten seguros, invierten en bienes raíces. En Irak, el precio de la propiedad inmobiliaria se ha disparado. Las casas más decrépitas de Sadr City, un arrabal chií de las afueras de Bagdad, se venden a 45.000 dólares. Las casas de la clase media acomodada de Mansour y Karrada se venden a veinte veces ese precio. Hace un mes había en Bagdad cuarenta edificios de nueve o más pisos en proceso de construcción. Hace cinco años no había ni uno. ¿Cree alguien que los iraquíes están todos locos e invierten su dinero en propiedad inmobiliaria sin tener cierto grado de certeza en que invierten en bienes seguros? La situación en Irak sigue siendo preocupante y lo que contamos en los medios es rigurosamente exacto. Mas también conviene tener presente la otra realidad que nunca ocuparía un gran titular. Y aunque los suníes hayan boicoteado el referendo, ha sido un éxito. L Una mujer iraquí se manifiesta con retratos de sus hijos muertos a manos de las fuerzas de seguridad de Sadam AFP Las abismales diferencias entre el juicio de Sadam y el de Milósevic reflejan la distancia entre lo que tuvo lugar ayer y un proceso internacional bajo la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional Esto no es La Haya A. SOTILLO BAGDAD. No es una cuestión de legalidad o legitimidad. No se trata de cuestionar si el sistema judicial iraquí está preparado para llevar a cabo el primer juicio contra un dictador del mundo árabe. Pero es abismal la diferencia entre este proceso y el juicio internacional contra el ex líder serbio, Slobodan Milósevic, en el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Este enviado especial ha estado presente en ambos, y las diferencias saltan a la vista. El juicio contra Sadam se celebra en el interior de un búnker en un país controlado militarmente por Estados Unidos. El de Milósevic tiene lugar en un tribunal de la ONU, bajo jurisdicción internacional, vigilado por un puñado de policías, en un tranquilo barrio de La Haya. Un juez kurdo El juez que dirige el juicio de Bagdad es un kurdo, de cuya honestidad profesional no hay por qué dudar, aunque los kurdos tengan muchas cuentas pendientes con Sadam. El primer juez que dirigió el proceso de Milósevic era el británico John May, flemático y paciente casi hasta la santidad. A nadie se le ocurrió que Milósevic fuese juzgado por un bosnio musulmán o un croata. También es verdad que el flemático juez May murió después de que Milósevic le hiciera la vida imposible cada día de sesión. No es que haya que sumar esa muerte a la responsabilidad del ex presidente serbio. Pero éste jamás tuvo la menor ocasión de alegar indefensión o agravio en el trato. Nunca fue alojado en la sala entre barrotes. Sadam fue conducido hasta una jaula situada muy por debajo de la altura en la que se encontraban el juez, el fiscal y asesores jurídicos. A nadie se le ocurrió empezar el juicio de La Haya preguntando a Milósevic nombre, apellidos y profesión Se le leyó el procedimiento y se le pidió que nombrara los abogados de su defensa. A partir de ahí, el ex líder serbio empezó a dar guerra, diciendo que sería su propio abogado. En la sesión de ayer, habló el juez; a los acusados se les dio la oportunidad de decir su nombre y profesión; y el fiscal leyó la acusación. Pero no hubo turno para la defensa. Las primeras sesiones del juicio de Milósevic estuvieron obsesiva y casi ma- niáticamente ocupadas por la cuestión de la defensa del acusado. Como éste insistía en que no quería más abogado que él mismo, el tribunal nombró a dos amici curiae dos juristas de labia y habilidad que, sin constituirse en su defensa formal, hacían las funciones. Evitar que se eternice El juicio de Milósevic se prolonga de manera indefinida desde hace ya años a través de miles de pormenores y legajos. Ya se ha cobrado la vida del juez May; y a este paso, el único superviviente del proceso va a ser el propio acusado, quien, además, aprovecha cada comparecencia para cuidar su imagen y hacer campaña electoral en su país. Esta posibilidad es la que quieren evitar las autoridades iraquíes, que han dado a entender que esperan que se sentencie el caso antes de un año. Una vez agotados todos los recursos, la ejecución de la sentencia se haría en el plazo de un mes. El Tribunal Penal Internacional de la ONU para Crímenes de Guerra no contempla la pena de muerte. En cambio, una de las primeras decisiones del nuevo Gobierno iraquí fue el restablecimiento de la pena de muerte que fue suspendida por la Administración provisional de Estados Unidos tras la invasión del país. La aparición del acusado en una jaula marca ya la diferencia de procedimiento entre Irak y el TPI