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22 Nacional ABC, EN EL CORAZÓN DE LA INMIGRACIÓN SENEGAL JUEVES 20 10 2005 ABC Las supersticiones, las creencias ancestrales, juegan en la inmigración ilegal subsahariana hacia Europa un papel nada despreciable. Muchos de los jóvenes que se juegan la vida en la valla o en la patera se sienten protegidos por los conjuros que una suerte de sumos sacerdotes les hacen antes de su partida. Pocos emprenderán el viaje sin esas bendiciones La estirpe de los Marabout los hechiceros de los sin papeles PABLO MUÑOZ ENVIADO ESPECIAL DAKAR. La inmigración ilegal se cuece en los barrios periféricos de la capital senegalesa. Allí, miles de jóvenes van y vienen sin destino aparente o dormitan en plena calle aprovechando cualquier sombra que pueda aliviar la tórrida temperatura. Los más afortunados tienen unos pequeños puestos de madera, donde venden cualquier cosa, desde ropa hasta artículos electrónicos cuya calidad ya se puede cuestionar con una simple mirada. Sus empleados con una tenacidad digna de mejor causa, intentan colocar los productos a los automovilistas que permanecen atrapados en el atasco permanente. La vida pasa despacio y la muerte no tiene el mismo significado que en Europa. Para llegar al barrio de Thiaroye Sur Mer, en los arrabales de la ciudad, hay que enfilar una autopista, aunque llamarla así no deja de ser un eufemismo. El asfalto desaparece en cualquier momento, en algunas zonas el agua inunda los carriles y la separación entre éstos conviene imaginarla, porque apenas queda rastro de ella. Ceder el paso, adelantar por la derecha o mantener unas mínimas reglas en el tráfico es, simplemente, una quimera. Cada uno circula por donde puede, y si no puede espera, la mayoría con una paciencia y una tranquilidad también muy propia de la personalidad de los senegaleses. La actividad comercial que se realiza en los arcenes habla ya a las claras de cuál es la zona donde nos encontramos. Si se trata de tenderetes miserables, sus propietarios son personas que intentan reunir el dinero para el viaje más deseado; si lo que se ve son coches, almacenes de cualquier producto o talleres, estamos, sin ninguna duda, ante senegaleses que han vuelto desde el Viejo Continente con el dinero suficiente para montar un negocio en su país y vivir con ciertas comodidades, siempre utilizando los parámetros de vida de este país. La auténtica envidia de sus paisanos. El ganado está en plena calle y el carro es un medio de transporte todavía bastante utilizado, aunque es el transporte común (autobuses que amenazan ruina rotulados con versos del Corán para llamar a la suerte, y que suelen ir atestados de gente) el que se lleva la palma. También circulan muchos taxis, casi todos ellos destartalados, y que en cualquier momento pueden dar la sorpresa al sacrificado cliente y detenerse en cualquier lugar para siempre. Un niño senegalés se dispone a pedir limosna, provisto de una lata, en un suburbio de Dakar EPA En el asalto a la valla sentí como si muriese toda una generación P. MUÑOZ. E. ESPECIAL DAKAR. Saloum Faty, tiene 38 años y desde ayer ya está de regreso en casa, donde le esperaban su mujer y sus cuatro hijos. Es uno de los repatriados desde Marruecos y siente que ha vuelto a nacer después de haber visto a varios de sus amigos morir en los asaltos a la valla, aunque ni siquiera sabe en cuál de ellas porque jamás fue a la escuela y desconocía si se trataba de Ceuta o de Melilla. Lo que sí sabe es que estuvo tres meses en una casa de Marruecos acogido por las mafias esperando a dar el salto: La organización me la había recomendado un amigo y se pagaba al final, cuando llegábamos a la casa, esa primera parte del viaje. Luego aportábamos la segunda cantidad por la entrada a España Estuve en una primera avalancha, y fue una carnicería. Vi morir a algunos amigos- -prosigue- A otros nos detuvieron y nos subieron a autobuses, que comenzaron a trasladarnos de un lugar a otro sin decirnos dónde. No sabíamos en qué lugar estábamos, porque nos abandonaron de noche. Vimos unas luces y eran del Ejército argelino, que nos devolvió a Marruecos. En la frontera esperaba un diplomático senegalés que nos ayudó a volver a casa Precisa, además, que si no les llegan a arrestar iban a intentar entrar en España de nuevo a primeros de este mes, y añade que a él las fuerzas marroquíes no llegaron a golpearle. Nunca en la vida lo volveré a hacer dice ahora desde su casa, todavía muy afectado. Soy pescador y me habían dicho que en su país había mucha pesca y que podría tener un buen trabajo. Lo que he vivido ha sido una experiencia inolvidable, pero no quiero pasar de nuevo por ello, fue espantoso. En los asaltos sentí como si mataran a toda una generación de subsaharianos Al contrario que otros compatriotas, Saloum Faty no se considera un fracasado por haber tenido que volver con las manos vacías. Con cierto fatalismo simplemente dice que hacer el viaje era su ilusión, y que le ha salido mal. Ya ha vuelto a su vida anterior: a la mar, como pescador. Y con ese trabajo sobrevivirá el resto de sus días.