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ABC JUEVES 20 10 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC RAHNER Y BALTHASAR POR OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL La conciencia humana está hoy ante un doble reto: ¿se acogerá en su creaturidad finita, desplegando la autonomía regalada que la constituye, o preferirá negar las huellas de su origen originado para reclamar ser toda... E L año pasado celebrábamos el centenario de Karl Rahner, jesuita nacido en Friburgo, alumno de Heidegger, discípulo de Marechal, profesor en Innsbruck y maestro de generaciones enteras de teólogos, a la vez que uno de los propulsores del pensamiento teológico más fecundo en el siglo XX. Este año celebramos el centenario de Hans Urs von Balthasar, nacido y crecido en las ciudades clave de la cultura suiza: Lucerna, Zurich; y enclave de la cultura europea como Basilea, donde todavía resuenan vivos los nombres de Erasmo, Burchkardt, Nietzsche y Karl Barth. Este jesuita, arraigado también en las fuentes de la espiritualidad ignaciana, teresiana y sanjuanista, llevó a cabo una obra teológica personalísima, vivió preocupado por la verdad pensable y sobre todo por la revelación trinitaria como principio de vida, amor y belleza. Nunca fue profesor de universidad y, sin embargo, su pensamiento ha sido más radical, nutricio y perforador que mucha erudición de técnica académica. Rahner y Balthasar son los dos teólogos sistemáticos más potentes del siglo XX, surgidos en el ámbito de la cultura germana. En 2004 dedicamos un recuerdo en esta página a Rahner; hoy hablamos de Balthasar. Son diferentes, pero no se los puede contraponer y sólo la malevolencia puede utilizar al uno contra el otro. Por eso la Escuela de Teología en la Menéndez Pelayo de Santander está bajo el patrocinio fraterno de ambos. del progreso, de la liberación... aun cuando él haya sabido escribir una obra excepcional también en esta línea Teología de la historia En perspectiva filosófica hay que situarlo después de Kant, en el doble sentido del término: heredándole y yendo más allá de él. Hegel, Husserl y todo lo que se agitó en Europa hasta 1930 son sus raíces. La abertura al ser que nos precede y se nos da llamándonos: como palabra (Wort) suscita nuestra respuesta (Antwort) y como rostro que nos mira, con su luz, alumbra nuestro rostro (Licht- Antlitz) Hay una ley universal: sólo desde el amor germina la libertad; sólo desde la luz previa se identifican las tinieblas; sólo desde la belleza ofrendada en gratuidad y valimiento solidario aparecen la verdad como necesidad y la libertad como gracia. Si yo tuviera que seleccionar diez frases suyas, que fueran claves para entenderle, una de ellas sería ésta: El niño pequeño despierta a la conciencia al ser llamado por el amor de la madre El amor como luz y como autootorgamiento hace surgir la conciencia y la confianza del otro en sí mismo. Si en el siglo XIX el cristianismo puso el acento sobre la fe y su relación con la razón; si en la primera mitad del siglo XX, lo puso en la esperanza, mostrando su relación con la espera general y con las utopías históricas (Teilhard de Chardin, Marx, Laín Entralgo, Marcel, Moltmann, G. Gutiérrez, J. Alfaro... en la segunda mitad del siglo XX Balthasar ha puesto ese acento en el amor. La obra programática que anticipa su sistema lleva este título: Creíble sólo es el amor o Sólo el amor es digno de fe Frente a la sola fides de Lutero y a la sola spes de Bloch, él ha vuelto a poner en el centro la definición de Dios como amor que da el Nuevo Testamento. Dios aparece fiel y da que esperar porque es amor y se da como perdón. Y esto no en la distancia e insolidaridad, sino en el desvalimiento, solidaridad y asunción superadora de nuestro destino de culpa y muerte, que es la cruz de Cristo, respondida y superada en la resurrección. Frente a las absolutizaciones de la verdad y la bon- En la ciencia positiva se progresa por acumulación de resultados que se convierten en fundamento de nuevas hipótesis e investigaciones. En filosofía y teología, en cambio, se repiensa como presente todo lo pensado con anterioridad: se parte también de ello, pero no se repite. Lo contrario significaría arcaísmo y a la larga esterilidad. Hay que repensar, reponer y recrear todo desde el horizonte de la historia en que se vive y desde el horizonte de cada conciencia personal, que accede a la realidad del ser, a la experiencia del mundo y a la revelación de Dios. Si en alguien esto es evidente, es en Balthasar. Su conocimiento de la cultura anterior y contemporánea es sobrecogedor. Tres volúmenes sobre la filosofía alemana desde Kant hasta Heidegger Apocalipsis del alma alemana cuatro volúmenes sobre los Padres de la Iglesia (Orígenes, Gregorio de Nisa, Máximo el Confesor, San Agustín) análisis de escritores, poetas y novelistas contemporáneos (Buber, R. Schneider, R. Guardini, Bernanos... traductor de obras fundamentales para la historia de la espiritualidad y de la poesía (Ricardo de San Víctor, Hopkyns, San Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, C. S, Lewis... Y justamente por esta capacidad de renuncia previa para mejor pensar con los otros y desde los otros, ha sido un hombre radicalmente original y humilde; consciente de cómo todo lo que en este sentido no es tradición es vulgaridad, cuando no plagio. Teólogo original y teólogo total. Nada de lo cristiano es inteligible segregado de la totalidad, en la que está inserto, como no lo son los brazos y los pulmones al margen del organismo cuya unidad, estructura y belleza conforman. Teólogo de esa unidad orgánica y total, que es el cristianismo: no provincial ni regional, sólo; no de adjetivos (teología espiritual, litúrgica, ecuménica, política... ni de genitivos (teología de la cultura, dad, a las que se sienten tentados ciertos biblicismos protestantes y dogmatismos católicos, Balthasar ha hecho de la belleza el centro y la clave de su obra. La primera parte de esta trilogía está centrada en la revelación de la gloria de Dios en el mundo, en la palabra múltiple del hombre, en su revelación de histórica, en la persona de Cristo (Teoestética: siete volúmenes) La segunda está centrada en el drama de la libertad finita ante el Infinito; y con ello, en el drama de la libertad del Hijo encarnado, acogida por unos hombres como gracia y por otros rechazada como amenaza a su autonomía (Teodramática: cinco volúmenes) La tercera está centrada en la palabra: ¿Cómo es capaz el ser finito de decir al Infinito, de expresar en razón humana la Razón divina? (Teológica: tres volúmenes) La belleza y el amor son así los pilares de su edificio teológico. Balthasar tuvo una gran influencia en el decenio 1950- 1960. Durante el decenio siguiente fue olvidado o relegado porque se opuso a ciertos acentos dominantes en el posconcilio. Con la revista Communio quiso mantener abiertas dimensiones del misterio de Cristo y de la Iglesia obturadas o relegadas. Desde los años ochenta hasta hoy ha sido recuperado como un hontanar de agua viva, como un gigante que ofreció su pensamiento en casi todos los géneros literarios: desde el poema hímnico El corazón del mundo a la diatriba Seriedad con las cosas desde el ensayo Dios en el hombre actual El cristiano y la angustia La oración contemplativa La verdad es sinfónica a los capítulos sistemáticos y monografías ya clásicas Escatología Verbum Caro Sponsa Christi El misterio pascual En España Balthasar ha encontrado editores benévolos. Casi toda su obra es accesible en castellano, a diferencia de la de otros grandes como Lubac y Rahner. Es triste que los alumnos, amigos y hermanos de estos dos grandes jesuitas no hayamos sido capaces de trasvasar a España las admirables ediciones nuevas de ambos. Se ha roto la continuidad y Taurus, por ejemplo, que tradujo siete volúmenes de los Escritos de Teología de Rahner, no ha continuado y sigue hoy otros caminos, si bien estaría dispuesta a publicar la nueva edición de sus Obras Completas (Polanco dixit) si una Fundación la hiciera posible, como felizmente está ocurriendo con las Obras Completas de Ortega y Gasset. En tiempos de sequía generalizada hay que volver a los manantiales de agua viva que no se agotan, prefiriéndolos a las charcas y cisternas resecas. La conciencia humana está hoy ante un doble reto: ¿se acogerá en su creaturidad finita, desplegando la autonomía regalada que la constituye, o preferirá negar las huellas de su origen originado para reclamar ser toda y sólo desde su propio origen originador, fin consumador y meta suficiente (pecado original) ¿Cuál considerará la suprema gloria del hombre: erguirse como señor frente a todo y dominador de todos, o ser con los demás prójimo, servidor, rehén y sustitución en caso de necesidad? Levinas y Balthasar han dado a la última pregunta una respuesta complementaria en un sentido y alternativa en otro a la de Kant y Rahner. El movimiento de búsqueda y ascenso en el hombre se apoya en el movimiento de descenso, encuentro y amor previos de Dios.