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ABC MIÉRCOLES 19 10 2005 27 David Cameron se perfila como líder de los tories británicos mientras queda descabalgado Kenneth Clarke Doña Sofía visitó las zonas afectadas por el huracán Stan en Guatemala y viajará hoy a El Salvador Fue un dictador insensible al derramamiento de sangre, un Stalin babilónico a quien se le imputa la muerte de 300.000 personas. Hoy comparece a juicio por primera vez El Satán de Estados Unidos TEXTO: A. SOTILLO FOTOS: REUTERS BAGDAD. Sadam nunca tuvo el menor complejo por el uso desmedido de la violencia para conseguir sus fines. Los viejos reyes asirios también eran brutales, y él creía ser el heredero de aquella saga. Organizaciones de derechos humanos le imputan la muerte de 300.000 personas. Si el juicio logra avanzar, se tendrá que investigar el origen de unas 300 fosas comunes. Pero, ya en su anterior comparecencia pública, él no se dejó impresionar por tal pliego de cargos: Fui un gobernante severo, pero justo insistió. Siempre creyó que no había otra manera de gobernar Mesopotamia. Jamás dejó ver la menor conciencia de culpa. Ya desde sus inicios como conspirador del partido Baas, militaba como hombre más hábil con las armas que con los argumentos. A los 22 años de edad participó en un intento de asesinato del entonces primer ministro, Abdul Karim Kassim. Conspiró después para jubilar al primer presidente del Baas, el general Ahmed Asan Bakr, a quien creía demasiado débil para regir los destinos de su país. Y en cuanto alcanzó el poder, para convencer a sus camaradas de quién mandaba allí, lo primero que hizo fue una sangrienta purga de las filas de su propio partido. A Sadam le gusta equipararse con Saladino y Nabucodonosor, pero su referente más próximo fue Stalin, a quien emuló en su intento de modernizar su país a tiro limpio. Un Stalin a lo babilónico, megalómano, insensible al derramamiento masivo de sangre y bastante hortera, por otra parte. Hoy será juzgado por un episodio menor: la muerte de 143 personas, en la aldea de Dujail, en represalia por haber intentado asesinarle cuando viajaba por aquel lugar. Un caso casi anecdótico si se compara con las matanzas de kurdos y chiíes que se le imputan. Aunque ya también en su anterior comparecencia dijo que no tenía nada de lo que arrepentirse en tales episodios. La matanza de kurdos tuvo lugar en la campaña de Al Anfal, en la guerra entre Irán e Irak. Después de que las tropas iraníes avanzasen sobre territorio kurdo- iraquí, el Ejército de Sadam lanzó una contraofensiva en la que empleó armas químicas para aniquilar tanto a las fuerzas iraníes como a la población civil kurda que quedó atrapada en el frente. El régimen por aquel entonces quería limpiar la frontera de kurdos, a quienes consideraba colaboracionistas proiraníes. Aspectos de la sala en la que será juzgado Sadam a partir de hoy grienta página de la historia. Y sin embargo, si Sadam se va a sentar en el banquillo de los acusados, no será tanto por su responsabilidad en esas 300.000 muertes como por su inmenso error de cálculo cuando intentó utilizar el petróleo para alcanzar sus sueños de megalomanía. Occidente miró a otro lado cuando cometió sus más atroces crímenes. Incluso le apoyó en la sangría de la guerra contra Irán, trasfondo en el que desarrolló toda su capacidad para la brutalidad. Pero cuando invadió Kuwait, y amenazó con controlar los precios del petróleo mientras juraba que destruiría el Estado de Israel y que repetiría la gesta de Saladino, firmó su sentencia de muerte política. EE. UU. lo convirtió entonces en la encarnación del diablo en la tierra. Sadam no es el único dictador de Oriente Próximo, ni el único con tendencia a solucionar sus problemas por la fuerza, aunque ninguno haya llegado tan lejos como él. Pero, además de brutal, Sadam fue torpe. Dejó que una gran potencia militar hiciera de él su Satán. Ese fue su error. Matanza de chiíes en Kerbala La matanza de chiíes ocurrió tras el levantamiento de esta comunidad al acabar la guerra del Golfo de 1991. Los chiíes creyeron que EE. UU. les apoyaría, se apoderaron de la ciudad sagrada de Kerbala y lincharon a varios responsables locales del régimen. Pero el Ejército norteamericano se inhibió- -por miedo precisamente a una ruptura del país- -y la venganza de Sadam fue atroz. La mayor parte de las fosas comunes descubiertas en los últimos años pertenecen a aquella san- ALFONSO ROJO CARTA AL DECAPITADOR n apariencia, son una masa amorfa, unida por la sed de sangre y cegada por el odio a Occidente. Y sin embargo piensan. Y tienen líderes, planes y estrategias. No es fácil descubrirlo, porque Al Qaida aparece a nuestros ojos como un magma impenetrable, blindado por el fanatismo y cubierto por los velos de la religión. Hoy tenemos pistas y muy concretas. La clave está en una carta. Tiene como fecha el 9 de junio y fue escrita por Aimán al- Zawahri, el médico egipcio que ejerce de número dos de Al Qai- E da. Va dirigida a Abú Musab al- Zarqaui, el decapitador de Bagdad. En los chats donde convergen los admiradores de Osama bin Laden, se dice que la misiva es falsa, pero John Negroponte, jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia de EE. UU. está convencido de su autenticidad. Al- Zawahri, que lleva una marca indeleble en la frente por los cabezazos dados contra el suelo durante sus oraciones a Alá, es el gran estratega del terrorismo islámico. En su carta, el médico egipcio advierte al jefe de sus facinerosos en Irak de que los coches- bomba contra las mezquitas chiíes y el degüello de rehenes pueden causar la pérdida del apoyo de las masas musulmanas Estamos en el medio de una batalla mediática por los corazones y mentes de la Umma escribe Al- Zawahri. La gente corriente nunca se ha visto ante tanta bomba y tanta decapitación El pasado 9 de octubre, en una grabación colgada en una web donde habitualmente reivindica sus tropelías, el jordano Al- Zarqaui justificaba el asesinato de civiles siempre que sean infieles: La sangre musulmana no debe desperdiciarse, pero está permitido derramar la de los infieles Es una forma de justificarse ante el jefe. Lo relevante no es lo que argumenta el sádico Al- Zarqaui, sino lo que deja traslucir Al- Zawahri. El médico egipcio parece un dirigente lúcido. Su crueldad y su odio no le ciegan. Por eso deja claro que tienen que abrir el ángulo, modificar la imagen y trabajar para que esos cientos de millones que hasta ahora sólo sonríen satisfechos al ver en vídeo sus fechorías, cuajen en un amplio movimiento de masas. En su carta se nota que es soberbio. Pregunta al decapitador si ha leído su último libro y escuchado sus 15 mensajes radiofónicos. Se nota que está aislado. No tiene acceso a los periódicos y apenas ve televisión, pero eso no emborrona su visión del campo de batalla. Sabe que mientras los norteamericanos estén en Irak aumentarán su adeptos, que no puede enajenarse la benevolencia de los iraníes- -que tienen prisioneros a más de 200 miembros de Al Qaida- -y que Pakistán es clave. También que después de la sangre, viene la política y que hay millones de musulmanes que sintonizan con sus horripilantes tesis.