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ABC MIÉRCOLES 19 10 2005 Opinión 5 MEDITACIONES ¿FEMINISMO FINANCIERO? ESPUÉS de haber sido reprendido hace unos días desde el Gobierno por haber puesto en solfa las sombras del Estatuto catalán, y preguntado (en el Foro de ABC) si Cataluña es una nación, el gobernador del Banco de España prefirió ayer dilatar su respuesta hasta el mes de agosto cuando sea un simple ciudadano. Será entonces cuando Jaime Caruana deje su puesto. Para su relevo suena con fuerza el nombre de Soledad Núñez, que ya conoce esa casa, que ha colaborado con Miguel Sebastián en el área económica de Moncloa y que en la actualidad es directora general del Tesoro. Ése es su currículum más reciente. El feminismo radical de Rodríguez Zapatero puede hacer el resto para que se convierta en la primera mujer que gobierne en Europa un banco central. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR DOS BANDERAS EN UN BALCÓN EL TIEMPO DEL ESTUPOR DE VALERIANO BOZAL Siruela Madrid, 2005 154 páginas 12,9 euros E Reivindicar el pasmo Quizá sea la pulsión artística la única forma de indagar sobre lo que queda del hombre entrado el siglo XXI. Vivencias y visiones basadas en el estupor que puso sobre la conciencia de la Humanidad la nauseabunda factura del siglo XX, la pintura que emerge de la II Guerra Mundial trata de salvar la furia ética de quien sólo sabe ya gritar. Discutida como tantas otras cosas, la obra de artistas como Giacometti, Bacon, Artaud, Tàpies, Millares y Saura, entre otros, es analizada con brillantez por Valeriano Bozal a través de este breve trabajo en el que se fijan las líneas de fuerza de un tiempo que no podía quedar injustamente sumergido en el silencio y la inacción que auguró Adorno tras la experiencia terrible que encarnó el icono de Auschwitz. En este sentido, la pintura constata la piadosa brutalidad que Paul Celan supo caracterizar con su poema Negra leche demostrando así que también el horror puede expeler belleza si ésta se afirma sobre una verdad que sea capaz de invocar- -aunque tan sólo sea bajo la forma de un susurro- -el lenguaje de la decencia metafísica. JOSÉ MARÍA LASSALLE N la tapia de cal, un mármol recordaba al poeta del patio y el limonero. Atardecer de otoño en la ciudad antigua de espadañas. Echada a la calle, la España del share y de la Chari que se sabe al dedillo las inexistentes obras completas de toda mindundi que vaya traficando con sus miserias de mostrador en mostrador por los platós de peaje, aguardaba la llegada de los famosos. Era ese momento en que la multitud aplaude todo lo que se mueve. Primero aplauden y después preguntan. Les llevaban a domicilio la España que sale en la tele. ¿En qué tele, en qué programa, por qué causa? Ah, da lo mismo: en la tele. Cuantos iban llegando eran reducidos a esa envidiada condición: Éste es uno que sale en la tele Por salir en la tele hay quien muere y mata. Los aplausos, como la muerte, igualaban a todos. Al torero con el académico, a la grande de España con la actriz, al ministro con el futbolista. ANTONIO Cada cual se llevaba su ración de BURGOS aplausos. Y en esto, zas, en un balcón, dos niñatos van, se asoman y cuelgan dos banderas republicanas. Sobre un fondo de Historia, las dos tricolores. De fabricación casera. Hay banderas republicanas como las natillas de los restaurantes de barrio: de fabricación casera. Banderas rojigualdas a las que les han quitado una de las franjas coloradas y les han cosido la banda morada del pendón de Castilla. Un color tomado de oído. Un color desafinado. Era otro el respetable y constitucional morado de la bandera de don Diego Martínez Barrio. Un morado de orden, logia y utopía. No el morado fingido de estos provocadores artefactos de fabricación casera en forma de bandera. Más que la del 14 de abril les sale una enseña así como de república remotamente centroafricana con mangazos de Kofi Annan. ¿Y qué hizo la multitud cuando los dos niñatos sacaron su provocación de fabricación casera? Lo que es- tá mandado: aplaudir. Dicen que algunos silbaron. Muy poco. Casi nada. No hubo abucheo, no. Para eso hubiera sido necesario, quizá, que se asomara al balcón el propio presidente de la demagogia del abuelo Cebolleta que defendía precisamente esa bandera. Ni vinieron los guardias a quitarla, ni nadie trepó al balcón para hacerlo, ni pasó nada. En cuanto aparece una tricolor, el paisaje se inunda de cobardía colectiva. Como el otro día, cuando el Mienmano de Ernesto Maragall también pasaba ante otro artefacto vexilológico tricolor de fabricación casera, y tampoco ocurrió nada. Como no pasa nada cuando llevan esa tela desafiante en toda cola de manifestación que se desmadra. Estaba el balcón colgado con las dos provocaciones y al verlas pensé en la grandeza de todo cuanto estamos a punto de perder y nos lo estamos jugando a los chinos. Gracias a que España es la Monarquía Parlamentaria que trajo las libertades, o viceversa, los provocadores pueden ir por ahí con sus banderas republicanas, desafiando lo que les plazca. Durante la II República, la Guardia de Asalto desembarcaba de sus furgones descubiertos y se liaba a vergajazos con quien osara enarbolar la bandera monárquica rojigualda, poniéndole un ojo precisamente del color que le faltaba: morado. ¿Grandeza o claudicación? Imagino que ante la España que aplaude todo lo que se mueve hubieran sacado al balcón una bandera de las llamadas del pájaro: la rojigualda preconstitucional, con su águila de San Juan. ¿Se imaginan la que se hubiera liado? Tan anticonstitucional es una bandera como la otra, la republicana como la del pájaro. Sendas antiguallas de regímenes afortunadamente archivados en la Historia. Pero medidas con distintos raseros. Habrá más de un provocador que estará ya preparando su bandera tricolor de fabricación casera para cuando España celebre el nacimiento del futuro heredero de la Corona. Cómo va a sonreír el de la risita de sesión continua y el abuelo Cebolleta cuando la vea. Más o menos como el Mienmano de Ernesto Maragall.