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4 Opinión MIÉRCOLES 19 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil DEL VOGUE AL MARIE CLAIRE I las ministras se vistieron de pasarela para posar en el Vogue, Zapatero ha optado por mostrarse natural en Marie Claire, donde exhibe una imagen típicamente kennediana El que fuera dos veces portada de la revista gay Zero y que ahora se siente encantado de que le llamen el justiciero de las mujeres dibuja su perfil en blanco y negro para destilar en una entrevista de personalidad las claves de su ser más íntimo, algo así como el cuaderno de bitácora que da sentido al zapaterismo. Se define como ¡rojo! entre exclamaciones, que suena más a veleidad que a concepto ideológico, en un momento en que los colores cuentan menos que otras cuestiones mayores- -la nación, por ejemplo- -que le han hecho perder muchos puntos en las encuestas. Cuidada apariencia de revista, según los cánones de la propaganda moderna, para dar una imagen de rebelde en busca de causa. S DERROTA DE MARAGALL... L A marcha atrás, por ahora, de Pasqual Maragall en su propósito de hacer cambios en el Gobierno tripartito catalán dista mucho de ser la solución a la crisis de confianza que, con publicidad y predeterminación, le ha planteado su propio partido, el PSC. La dura resolución aprobada el lunes por la Comisión Ejecutiva de los socialistas catalanes ha hecho que cale la imagen de Maragall como un presidente sin autoridad en su propio partido, sin capacidad de dirección en el Gobierno que preside y sin fuerza política para encarar lo que resta de legislatura. Menos aún para encabezar la defensa del proyecto de nuevo Estatuto, que ha promovido mancomunadamente con Rodríguez Zapatero. El PSC echó un pulso a Maragall y se lo ha ganado. Cuando se está en el poder, este tipo de enfrentamientos no son gratuitos, porque al margen de que la estabilidad y el crédito personal del president estén seriamente dañados, el conflicto transmite la sensación de inquietud y temor en los socialistas catalanes por el curso de los acontecimientos. Temen adónde les quiera llevar Maragall. Sin embargo, la solución no es tener a un presidente de la Generalitat bajo libertad vigilada, tal y como se encuentra ahora mismo Pasqual Maragall, quien está, desde el lunes, mucho más expuesto, por tanto, a las presiones de los demás socios del tripartito, especialmente de ERC. Los socialistas del PSC tienen motivos fundados para preocuparse por su imagen ante la sociedad catalana, porque esa imagen se está deteriorando a marchas forzadas y esto no va a facilitar precisamente su labor de defensa del proyecto estatutario ante los sectores más reacios del PSOE. A nadie se le oculta que la intención última del PSC es marcar los tiempos de la tramitación en el Parlamento de la reforma del Estatuto catalán, evitando así que Maragall lleve personalmente el timón. Asistimos a una batalla, no tan encubierta, entre un partido y su máximo dirigente, por mucho que unos y otro se esfuercen en lanzar el mensaje de la unidad de acción y de criterio. El presidente de la Generalitat intenta jugar sus bazas ante los decisivos meses que se avecinan, mientras que el PSC, con Montilla como principal protagonista, pretende llevar las riendas y el compás de las negociaciones para tratar de ajustar las enmiendas al texto estatutario dentro del marco constitucional. En el fondo, el PSC desconfía de Maragall y teme que sea el propio presidente de la Generalitat quien cruce peligrosamente esa imaginaria línea roja que no pocos dirigentes socialistas han trazado como límite infranqueable. Hoy por hoy, Maragall se ha convertido en un problema para los socialistas catalanes, lo que nos sitúa delante de un escenario inédito que añade aún mayor complejidad al proceso abierto tras la decisión del Parlamento catalán, lo que debería obligar a Zapatero a intervenir y abandonar el papel de convidado de piedra. Es el secretario general del PSOE y, como tal, el máximo responsable político de un partido que no puede presentarse a la sociedad con dos visiones tan enfrentadas de la realidad nacional como las que parecen separar a Maragall de Bono o Rodríguez Ibarra, como quedó de manifiesto en la riña a garrotazos dialécticos que mantuvieron delante del mismísimo Rey. Las dos almas del PSOE no caben en un mismo cuerpo, y lo que habrá que determinar es dónde y con quién está el presidente del Gobierno en los momentos decisivos que habrán de venir. Llama la atención que esta disputa entre Maragall y el PSC se produzca después de que el Parlamento catalán haya aprobado el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña, lo que debería haber redundado en una etapa, si no de consolidación, sí, al menos, de tranquilidad para Maragall. Pero todo apunta a que, acabado el Estatuto, el tripartito carece de razón de ser y que la clase política catalana se ha quedado al descubierto en sus peores rasgos de endogamia y distanciamiento, sin guión de acción política y sin capacidad para plantearse nuevos proyectos. El nuevo Estatuto, una vez fuera de Cataluña, ya no sirve como coartada para nadie y sólo está provocando discordia y enfrentamiento. En definitiva, el lamentable episodio protagonizado por Maragall es la metáfora última del descrédito de una clase política que ha convertido el Estatuto en instrumento al servicio de sus particulares intereses y no del conjunto de los catalanes. Más allá de la reforma estatutaria, queda una profunda sensación de desgobierno y distanciamiento de los problemas reales de los ciudadanos. José Luis Rodríguez Zapatero EFE SÓLO CUANDO TRUENA HORA, las prisas: la comisión de Salud Pública- -Ministerio de Sanidad y comunidades autónomas- -acordó ayer adquirir entre seis y diez millones de antivirales en prevención de la gripe aviar. Las autoridades sanitarias habían decidido en abril pasado comprar dos millones de fármacos- -llegarán en el primer semestre de 2006- para dar cobertura a un 5 por ciento de la población. Ante la crisis provocada tras la aparición de nuevos casos en Grecia, se amplía considerablemente el pedido. El problema está en que las nuevas dosis no llegarán a España antes de 2007. Imprevisión que revela hasta qué punto seguimos acordándonos de Santa Bárbara sólo cuando truena. Como casi siempre, con gripe o sin ella, llegamos tarde y mal. A ...Y SORDINA AL CONSEJO DE ESTADO gro sobre blanco. Hasta el Parlamento catalán se atrevió a solicitar del Consejo Consultivo un dictamen que, finalmente, relató una serie- -más bien corta o recortada- -de inconstitucionalidades, manifiestas unas, probables otras. Esta decisión del PSOE, sin embargo, era coherente con la posterior admisión a trámite del proyecto como reforma estatutaria, no como reforma constitucional, acordada con el voto en contra del PP. Si los textos que se someten al Parlamento deben ser calificados según su redacción original, pocas dudas caben de que el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña está promoviendo un proceso neoconstituyente, al configurar en el Estado español una nueva nación con soberanía, distinta de la nación española. Por otro lado, no hay que llamarse a engaño: ésta es la intención declarada de los autores del proyecto estatutario. El enmascaramiento del debate no puede conducir a ningún buen resultado y sólo abonará las crisis que, como una onda expansiva, está provocando un proyecto que el PSOE y Rodríguez Zapatero nunca debieron avalar. Y en Madrid, el otro escenario de esta crisis, el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el PSOE no están dispuestos a mejorar la situación. Las primeras decisiones del Grupo Parlamentario Socialista, tomadas ayer en la Mesa del Congreso, han puesto de manifiesto que el PSOE no tiene voluntad de encauzar el debate sobre el proyecto estatutario con sinceridad y respeto institucional. Primero rechazó, con sus aliados, la petición de informes previos al Consejo de Estado, al Consejo General del Poder Judicial y al Tribunal de Cuentas. Todo el que ha querido- -ministros, barones socialistas, expertos anónimos, sindicatos, el gobernador del Banco de España- -se ha manifestado sobre el proyecto de Estatuto catalán, principalmente para criticarlo. Pero los órganos del Estado que, en este momento del debate político, más podrían aportar, en sentido legal y técnico, sobre la incidencia del proyecto en la unidad constitucional y financiera del Estado son relegados al silencio por el PSOE, que prefiere iniciar el trámite parlamentario sin la carga de que las inconstitucionalidades de la reforma estén puestas ne- IRAK, ADELANTE L A elevada participación registrada en el referéndum constitucional de Irak y el voto afirmativo cosechado en la mayoría de sus provincias manifiestan la apuesta por el futuro de un país decidido a pasar página y a superar la resaca de un conflicto que, pese a los esfuerzos de los líderes iraquíes, sigue activo. En este contexto de esperanza, la apertura, hoy, del juicio a Sadam Husein plantea una prueba a la aún débil estructura democrática de Irak, y no sólo porque se juzga a uno de los tiranos más despreciables de Oriente Próximo, sino porque la ejemplaridad del proceso afecta a la reputación de una democracia incipiente que aspira a ser, también, un Estado de Derecho.