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ABC MARTES 18 10 2005 Cultura 55 Sobre todo se trata de un encuentro universitario- -añade Lasaga- -en el que doctorandos y jóvenes investigadores presentarán comunicaciones y en el que se desarrollarán diversas mesas redondas. Hemos recibido nada menos que 57 comunicaciones de alto nivel académico realizadas por doctorandos y profesores universitarios cuando, como mucho, esperábamos veinticinco, lo que no sólo demuestra- -concluye el director del congreso- -que su obra despierta interés, sino una gran revitalización de su pensamiento En las mesas redondas (dedicadas a la proyección universitaria de Ortega, a su ética y su política y, entre otros temas, a sus trayectorias filosóficas) participarán filósofos, historiadores y especialistas como Andrés Ortega Klein, Javier Muguerza, Fernando Savater, Juan Pablo Fusi, Santos Juliá, Jacobo Muñoz, Jon Juaristi, José Luis Molinuevo, José Luis Abellán, Enrique Bacigalupo, Javier San Martín y Francisco Martín, entre otros. Pedro Cerezo dictará la conferencia inaugural, titulada Cervantes y el Quijote en la aurora de la razón vital y Ángel Gabilondo, rector de la Universidad Autónoma, cerrará el congreso disertando sobre Yo hablaba a Juan... Ortega y el buen decir Presidirán, hoy, la inauguración del encuentro el rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa; el decano de la Facultad de Filosofía, Juan Manuel Navarro; el presidente de la Fundación José Ortega y Gasset, Antonio Garrigues Walker, y su vicepresidente, José Varela Ortega. PRESENCIA DE ORTEGA IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA a vigencia de un pensador puede plantearse de dos maneras, como hecho y como cuestión de derecho. Cabe, por un lado, decidir si está presente en los estudios actuales, o, por otro, si debe estarlo, si su obra lo merece. Creo que en el caso de Ortega y Gasset, en los dos sentidos debe responderse de manera afirmativa. Está presente, acaso no tanto como debiera, y además su pensamiento exhibe una potencia de veracidad y verdad que le permite arrojar luz sobre la realidad. Sobre este segundo sentido de su vigencia quisiera tratar en estas pocas líneas. La relevancia de Ortega es, ante todo, filosófica. Eso no impide negar su mérito literario, ni su labor de incitación intelectual. Por encima de lo demás, fue un filósofo que, sobre todo a partir de su descubrimiento de la fenomenología de Husserl, forjó uno de los más profundos sistemas filosóficos del siglo XX. Su pensamiento se inscribe en la que es, a mi juicio, la tradición filosófica más fértil de la pasada centuria. ¿Qué queda de Ortega? Si se me pidiera que enunciara lo que me parece más vigente de su obra, diría que, acaso por encima de todo, la elaboración de una filosofía presidida por el programa consistente en superar las deficiencias, especialmente el subjetivismo, el L positivismo y el relativismo, a las que había arribado la modernidad. Bajo la expresión razón vital trazó una nueva manera de entender las relaciones entre la vida y la razón, que superaba a la vez el racionalismo y el vitalismo. Forjó una teoría metafísica de la vida humana, entendida como realidad radical, y elaboró sus categorías fundamentales. Su doctrina de la perspectiva es tanto una concepción de la verdad como una teoría del conocimiento, que también supera el doble desafío del dogmatismo absolutista y del relativismo escéptico. Esta teoría de la vida y de la verdad desemboca en una ética que también es perspectivista y, por lo tanto, no relativista, y que se fundamenta en una concepción de los valores como cualidades objetivas. Dentro de su ética y, en general, de su metafísica, cobra todo el sentido su distinción entre dos tipos de vida, noble y vulgar, en la que se fundamenta su teoría de la minoría selecta y su concepción aristo- Su pensamiento se inscribe en la que es la tradición filosófica más fértil de la pasada centuria crática de la sociedad, compatible con la adhesión al liberalismo y la democracia. Su teoría entraña una defensa de la excelencia y una crítica del igualitarismo en la cultura y, en general, en todos los ámbitos de la vida social que no son estrictamente políticos. La crítica contemporánea de la degradación de la cultura de masas tiene en él a uno de sus pioneros y a una de sus más enérgicas y autorizadas voces. En estos tiempos de confusión y, tantas veces, de indigencia intelectual y moral, las ideas de Ortega sobre Europa y España poseen enorme vigencia. Un asunto relevante para discernir su actitud hacia la trascendencia es la distinción que efectúa entre realidad radical, que es aquella primera en el orden de la evidencia y cuya efectividad no puede ser puesta en duda (para él, la vida personal de cada cual) y la realidad absoluta o fundamental. De esta distinción puede concluirse que su filosofía no es incompatible con el cristianismo ni, en general, con la religiosidad. Soy consciente de algunas de sus insuficiencias, errores y limitaciones, pero de ellas ya se ocupan otros de manera sobreabundante y no siempre justa. Tal vez, más relevantes aún que sus principales ideas lo sea su ejemplaridad como maestro del pensar, pues, adepto a la única pedagogía verdadera que es la del ejemplo y la alusión, nos incita a buscar la verdad desde nuestra intransferible circunstancia vital.