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ABC MARTES 18 10 2005 11 Francia anuncia su apoyo a España para que la Unión Europea aborde la grave crisis con la inmigración La siniestralidad en las carreteras se dispara en el mes de octubre y alcanza los diez muertos diarios fender a su propio partido. Mientras, Pasqual Maragall se limitaba a reafirmar sus competencias exclusivas como president y hacía oídos sordos a las peticiones de una reunión de urgencia de los líderes del tripartito. Maragall no regresó al Palacio de la Generalitat tras la cumbre hispano- francesa y se quedó en el de Pedralbes, oficialmente para preparar su discurso de apertura del Debate de política general con su equipo. Maragall viajó en avión con Zapatero para hacer frente a su soledad. Con visible malestar, Montilla evitó saludar al presidente del Gobierno catalán Diplomacia aérea sin un cruce de miradas TEXTO: LUIS AYLLÓN ERC se desentiende Por su parte, los socios de gobierno de Maragall fueron igualmente duros en su oposición a la propuesta de abrir una crisis de gobierno en pleno Debate de política general y a dos semanas de que el Congreso debata la toma en consideración del nuevo Estatuto catalán. Las cúpulas de uno y otro partido consideran que ahora cualquier movimiento en el gobierno se intrepretaría como una cesión ante Maragall y no están dispuestas a asumir ese desgaste. La consigna entre las filas republicanas es que la crisis provocada por el intento de remodelación del Ejecutivo catalán es un problema interno de los socialistas y que la única opinión de ERC al respecto es que sus consejeros son intocables Los republicanos, que han protagonizado los dos únicos relevos del Gobierno catalán- -el de Josep Lluís Carod- Rovira como consejero jefe tras su entrevista con ETA, y el de Pere Esteve, que abandonó el ejecutivo por enfermedad- no están dispuestos a implicarse en un problema que consideran ajeno. Tanto es así, que la cúpula independentista había decidido ayer que Carod no debía acudir a la reunión de urgencia solicitada por el líder de ICV, Joan Saura, que finalmente no se llegó a producir. La Ejecutiva de ERC aprobó también una resolución en la que recuerda a Maragall que no puede plantear una remodelación de gobierno sin el acuerdo de los partidos que le dan apoyo, y mucho menos si cuestiona los equilibrios del Pacto del Tinell. El dirigente de ICV y número tres de la Generalitat, tradicionalmente una de las voces más mesuradas del tripartito, acusó a Maragall de deslealtad y le recordó que es el presidente de un gobierno de coalición y tiene la obligación de iniciar procesos de consulta con los tres partidos del gobierno REUTERS participar en la cumbre hispano- francesa y en un posterior encuentro con empresarios, sin que se produjera la esperada llamada de la Generalitat para rebajar tensiones. En la sede del PSC son conscientes de que es necesaria una salida para quien no deja de ser su líder electoral, pero no están dispuestos a verse totalmente desautorizados por Maragall. Y más después de que el president planteara la remodelación a ERC sin pasar por el PSC, en unos términos más pensados en compensar a su principal socio que en de- BARCELONA. Seguramente, José Luis Rodríguez Zapatero hubiera preferido que la cumbre sobre cooperación transfronteriza con Francia se hubiera celebrado en otro momento o en otro sitio. Pero, desafortunadamente para el presidente del Gobierno, tuvo lugar en Barcelona y en medio de la polémica, encendida el fin de semana, por la decisión de Pasqual Maragall de remodelar el gobierno de la Generalitat. Por eso, en el Palacio de Pedralbes, las miradas de los periodistas buscaban ayer a los protagonistas de la crisis, intentando calibrar su estado de ánimo por cualquier pequeño gesto. Maragall, que la noche del domingo había compartido mesa y mantel en Madrid con el presidente portugués, Jorge Sampaio, aprovechó el avión de Zapatero para volver a Barcelona con él. Desde la Moncloa se asegura que, a pesar de ello, ambos no hablaron de la situación en Cataluña ni del malestar suscitado en el seno del PSC por la iniciativa de Maragall de informar sólo a ERC de la remodelación de su Ejecutivo. Mientras Zapatero y Maragall viajaban a Barcelona, en la Ciudad Condal, el primer secretario del PSC, José Montilla, se reunía con la Ejecutiva, que no ocultaba su malestar por la actitud del presidente de la Generalitat y al que desautori- Las ministras Salgado y Magdalena Álvarez, testigos de la incomunicación entre Montilla y Maragall zaba en toda regla. Ocupado en los quehaceres de su partido, el ministro de Industria no pudo estar en la inauguración de la Cumbre, pero sí, un par de horas después, en la foto de familia. Ahí se cruzó con Maragall, pero ni uno ni el otro hicieron siquiera ademán de saludarse. Aún más, segundos antes de posar, en los preparativos de la instantánea, cuando unos y otros hablan y sonríen para hacerse un hueco, Montilla pasó por delante del presidente del Gobierno catalán y, sin mirarle, estrechó la mano del presidente de Navarra, Miguel Sanz, quien hasta entonces departía con el propio Maragall. Ante ellos, las ministras Elena Salgado y Magdalena Álvarez no salían de su perplejidad. Tampoco se saludaron después en la rueda de prensa de Zapatero y Villepin, en la que Maragall y Montilla estuvieron sentados cerca, separados tan sólo por la ministra de Sanidad. En su comparecencia ante los periodistas, al ser preguntado sobre si considera adecuado que se abra una crisis de gobierno antes de que el Estatuto aprobado en el Parlamento catalán sea debatido en el Congreso, Zapatero echó balones fuera: la cortesía institucional le impedía hacer comentarios. Lo único interpretable fue que prefería ser prudente y que la responsabilidad de los cambios en un gobierno le corresponde en primera persona a su presidente. Montilla, al final, no volvió con Zapatero en el avión, como se había apuntado. Ni se vio con Maragall. Todo un ejercicio de equilibrio en medio de la zozobra.