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ABC MARTES 18 10 2005 Opinión 5 MEDITACIONES GALLIMATÍAS LBERTO ha estado a las difíciles muchas veces y también a las fáciles, si las hay. Es muy inteligente y cumple muy bien sus responsabilidades. Es muy profesional y, según dice, es como es. A algunos les gusta más que a otros y yo me encuentro entre los primeros, como la mayoría (I) Hay cosas que algunos no entienden de Alberto. A mí me pasa lo mismo. Pero yo le entiendo, porque a mí también me pasa. Todo el mundo sabe lo que hay que hacer (II) Rajoy en estado puro. El presidente del PP presentó ayer una conferencia del alcalde de Madrid y, llegado al terreno personal, eligió uno de sus célebres gallimatías, esas construcciones sintácticas en las que ejerce de gallego y que uno ha de escuchar cuatro veces para tener claro qué es lo que ha querido decir. En este caso parece que hay feeling entre ellos. O no. MARCO AURELIO A LEER Y PENSAR POLARIZACIÓN Y ZAPATERISMO LA OPINIÓN PÚBLICA Y SUS PROBLEMAS DE JOHN DEWEY Ediciones Morata Madrid, 2004 184 páginas 16,50 euros Declive de la vida pública Cuando fue publicado este libro, en 1927, comenzaba a despuntar para su autor el malestar de la cultura estadounidense. Acaso sus páginas constituyan uno de los más tempranos e inteligentes diagnósticos sobre la crisis de la nación americana. En ellas proclama el desgaste de las mejores tradiciones democráticas y el declive de la vida pública en la sociedad de masas. Pese a las reservas que cabe oponer a su concepción radical de la democracia como forma de vida social y a sus inclinaciones hacia el progresismo cercano al ala izquierda del partido demócrata, no sucumbe a las tentaciones colectivistas y censura el colectivismo. Pero también deplora la pérdida de los valores sociales que permiten la vida democrática y siente nostalgia ante la decadencia de la comunidad. En realidad, el problema no estriba tanto en el diseño institucional como en la propagación de los valores a través de la educación y de los medios de comunicación. Ésta, la comunicación, es entendida como un arte social. Han pasado casi ochenta años, pero casi se podría haber escrito ayer. IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA L sistema democrático no es una terapia ni tiene plasticidad infinita, como a veces parece suponer Rodríguez Zapatero. Es, por el contrario, un modus operandi fundamentado en el equilibrio entre choques y amortiguadores, entre crisis y metabolizaciones. Casi como de repente, factores tan heterogéneos como Mohamed VI, Pasqual Maragall o la Alianza de Civilizaciones han producido efectos inevitables de choque. Ahora estamos en fase de ver si funcionan los amortiguadores. En este orden, ya entran en contradicción dos circunstancias altamente volátiles: la popularidad personal del presidente del Gobierno y la naturaleza de sus apoyos parlamentarios. Quedan a la expectativa la ciudadanía y toda una química de apegos o desapegos electorales. Es significativo que la artillería expresiva del PSOE concentre el fuego con la idea de que el PP está aislado, que se ha echado al monte. Esa trayectoria de tiro coincide con una mejora de posiVALENTÍ ciones del partido de Mariano Rajoy en PUIG las encuestas. Una vez más, nos encontramos en el lugar de una vieja batalla, en no pocas ocasiones ninguneada y considerada falaz, que es la batalla por el centro. Tercera vía una organización centrista del partido demócrata americano, acaba de propiciar un documento que en no pocas facetas sería útil para considerar la trayectoria del zapaterismo. A cargo de dos expertos- -William Galston y Elaine Kamark- el documento lleva por título La política de polarización (www. third- way. com) Fundamentalmente, el informe sugiere que, en lugar de inyectar energías en la base del Partido Demócrata, se intente ir en busca de los votantes que oscilan. Una agenda demócrata desproporcionadamente progresista ha entregado a los republicanos el voto centrista, de mujeres casadas y de católicos. Esos votantes de centro sólo pueden ser captados con mensajes menos polarizadores: en definitiva, dice La política de polarización los demócratas deben ir a las elecciones presidenciales E de 2008 afrontando con mayor claridad cuestiones como la seguridad nacional, las cualidades personales de integridad, los valores morales y la realidad de la competición global. La política demócrata- -según ese argumento- -está más polarizada que el electorado. Ésa es en gran manera la posición actual del PSOE, a la que se ha llegado por efectos azarosos, consecuencia del liderato inesperado de Zapatero y de una excepcional llegada al poder después del 11- M. Ha habido una polarización por parte del actual PSOE, aunque instrumentada bajo el camuflaje que hasta ahora se llamaba talante No de otro modo tiene explicación el panorama de divisorias que reflejan las encuestas. Zapaterismo equivale, entre otras cosas, a polarización. Por eso será muy ilustrativo ver cómo se portan los amortiguadores a la hora de los impactos polarizados. Los autores de La política de polarización analizan cuatro mitos. El mito de la movilización consiste en dar por sentado que una victoria demócrata se conseguirá galvanizando a la base y llevándola a votar en pleno. El mito de la demografía es creerse que el voto hispano y de las mujeres profesionales garantiza una duradera mayoría demócrata. Por mito del lenguaje se entiende aquella suposición por la cual el problema del Partido Demócrata no es lo que defiende, sino cómo lo dice. El cuarto mito, en fin, es creerse que se pueden ganar unas elecciones presidenciales esquivando los temas morales o relegando la seguridad nacional. De este y otros análisis colegimos que el voto de centro rechaza la polarización y busca, más que la blandura o la dureza, una cierta claridad. En realidad, la polarización es una apuesta de alto riesgo y ésas son las aventuras que disgustan al voto centrista. La polarización acostumbra a tener un efecto añadido: la división interna en los partidos cuyo liderato practica una estrategia que polarice. Hasta ahora, en el PSOE no han sido perceptibles graves tensionesinternas generadas porla políticaexteriory el concepto de seguridad nacional que son característicos del zapaterismo. No es lo mismo, ciertamente, el Estatut vpuig abc. es