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ABC LUNES 17 10 2005 51 La Orquesta Nacional de España culmina su gira por México en el Festival Cervantino de Guanajuato La Fundación Guggenheim rendirá homenaje a Eduardo Chillida el próximo año en Bilbao torno al polo de una izquierda pro europea, también con islamistas liberales, y a un campo antieuropeo, representado por el ejército y el nacionalismo secularizante, y la Unión Europea es el punto de contención de primer orden. De este modo, las tradiciones políticas están mutando en función de esta cuestión, de una sociedad abierta o de un estado nacional fuerte. Algunos de los antiguos marxistas se han hecho ultranacionalistas y algunos de los fundamentalistas se han convertido al islamismo político moderado y abrazan a Europa. ¿Es bueno que un islamista como Erdogan llegue al poder? -No, no es eso, pero no quiero hablar de política interna. -Pero como escritor usted asume una responsabilidad social. -No soy un hombre político. La UE, la democracia y la libertad son cosas en las que creo, pero no escribo para promover esas ideas. Escribo para entender la vida y para poder representar, y tal vez hacer entender, sus calidades y colores. Escribo para personas como yo que disfrutan con la lectura, su belleza, su profundidad, con la composición de sus frases y palabras, por amor al texto, por así decirlo. Y estoy contra la gran politización de la cultura turca en los años 60 y 70. -No parece que lo logre. -Ahora me he visto arrastrado a una situación política y se trata de ellos o de mí. Pero no se preocupe, voy a salir de ésta cuanto antes y volver a los libros. -Su politización y penalización viene de su simpar reconocimiento de la matanza armenia: los pueblos que ocultan partes de su pasado, ¿se están ocultando de sí mismos? -Así es, intentar ocultar algo poco digno es más indigno que reconocer y hablar del hecho en sí. -Pero la psicología dice que uno necesita, primero olvidar lo malo, y luego crear un buen concepto de uno mismo para avanzar. -Absolutamente. La república de Atatürk seguía esa lógica de olvidar el pasado, en vez de encararlo, para progresar más rápido. Esto no llevó a Turquía más al Oeste sino más hacia el olvido. Y lo que se reprime suele regresar trasvestido de otra manera, por ejemplo bajo la forma de mis novelas. -Ese limbo quedó congelado luego por la guerra fría. -Sí y los gobiernos turcos abusaron de esa posición entre dos mundos y su ingreso en la OTAN sirvió para dar fuera una imagen más moderna de la que en realidad tenía, pero los problemas quedaron congelados y ahora se deshielan y hay que encararlos con honestidad. Y eso sólo puede suceder asumiendo nuestro pasado otomano, con su glorioso imperio, sus errores nacionalistas y su situación de bisagra entre mundos, pero nunca definitivamente democratizado. -En Nieve usted aborda el sentido de pérdida de aquel gran pasado. ¿No es algo que sucede a casi cualquier país? -La nostalgia no es asunto turco, aquí el Estado enseña que, aunque el imperio fue bueno, la república actual es aún mejor. Pero para que la nostalgia no sea hueca sino positiva, mi consejo JUICIO POR TRAICIÓN Me he visto arrastrado a una situación política y se trata de ellos o de mí. Pero voy a salir de ésta cuanto antes y volver a los libros INTELECTUAL OCCIDENTALIZADOR No quiero occidentalizar la cultura, sino la política, y despojar a la mujer de su utilización por parte de los fundamentalistas UNIÓN EUROPEA Abogo por la Unión Europea como medio de forzar una apertura en mi país es añorar y recuperar lo bueno de aquel pasado: la mezcla de culturas. -En La nueva vida usted propone que un libro pueda o no cambiar una vida. ¿El viejo y terrible poder del logos? -Naturalmente, todo el poder de la palabra es recurrente en literatura. Habla con una persona hecha de libros y que vive literalmente entre libros, pero también estoy abierto a mi país y sus problemas. Me preocupa la política, pero soy un novelista y mi tarea implica entender a la gente, formarme ideas y crear composiciones capaces de mostrar lo oculto y las relaciones invisibles entre las cosas y personas que trasciendan el aburrimiento de la vida diaria. -En su última novela habla del triste contraste para la gente de sentirse europea, pese a vivir en condiciones muy poco europeas. -Tanto ésta como La nueva vida están espiritualmente unidas por un viaje que realicé por Anatolia para observar qué pasa con la periferia extrema cuando también es alcanzada por la globalización occidentalizante. Ambas historias retratan la miseria de los desposeídos y su confusión política, cultural y religiosa, porque Turquía es uno de los países con una peor distribución de la riqueza según la Unesco. Esta gran masa de gente por un lado está atraída por el progreso occidental, pero, por otro, literalmente forzada a ir allí a buscar un trabajo y, por último, frustrada y decepcionada por ver tan cerca, en su televisor, sin interrupción, un mundo que le es incalcanzable. Esto alimenta un furor de resentimiento y su salida se expresa a través del nacionalismo y el islamismo. ¿Cree que el consumismo occidental es la solución? -No soy un apóstol del consumismo, pero veo que quienes lo pueden criticar no viven con menos de 100 euros al mes. Para salir adelante aquí necesitamos fábricas y negocios, hace falta crecimiento, venga de Occidente o de donde sea. Yo creo que el islamismo político es esencialmente un nacionalismo antioccidental, pero no porque sostenga la idea de Huntington sobre el choque de civilizaciones, sino simplemente porque la gente quiere vivir mejor y consumir más. Estos dos libros son un intento de comprender la decepción de esta gente. -Esta corriente, ¿no deja a un intelectual occidentalizador como usted un poco fuera de juego? -Puede, pero yo no quiero occidentalizar la cultura sino la política y despojar la posición de la mujer de su utilización por parte de los fundamentalistas. No es propiamente Europa lo que me interesa, sino la sociedad abierta. Y dentro de ésta, uno de sus frutos será la posibilidad de recuperar un pasado multicultural otomano. Los turcos serán más europeos y más otomanos una vez que se abran y se encuentren consigo mismos. ¿Cree que ésa es la función de la UE o debe limitarse a crear bienestar económico? -Yo abogo por la Unión Europea como medio de forzar una apertura en mi país. Pero no olvido que aquí no se trata del temor elitista de un intelectual a ver lastimada su cultura, sino de la necesidad de la gente de tener un trabajo, una alimentación y una educación para sus hijos, lo otro es claramente secundario. El problema de Turquía es económico, no cultural. ¿Debe la pertenencia a la UE definir o no la europeidad de nadie? -Es un asunto de ampliación de la UE no de definición de Europa. Pero sé que la gente es muy susceptible a medida que Turquía se aproxima a la UE y que un largo proceso de negociaciones acarreará tensiones. Sí a esto y no a lo otro. Entiendo que haya gente en Europa que tenga sus dudas, pero hacer política con ello en Europa hiere a mucha gente aquí. Esa sensibilidad y frágil sentido de la dignidad, que yo no comparto, desgraciadamente dispara el nacionalismo antioccidental. VICENTE VICÉNS Familiares y amigos dan su último adiós a Ramón Gaya Familiares, amigos y autoridades de Murcia despidieron al pintor Ramón Gaya, fallecido en la madrugada del sábado en su domicilio de Valencia y al que todos los presentes consideraron como uno de los grandes creadores del siglo XX Gaya, que murió a los 95 años, fue enterrado a mediodía de ayer en el cementerio Nuestro Padre Jesús de Espinardo en una ceremonia íntima por expreso deseo de su viuda, Isabel Verdejo, que estuvo acompañada por la hija del pintor, Alicia, fruto de su primer matrimonio. El poeta Tomás Segovia, muy emocionado, confesó sentirse impresionado por la muerte de un gran amigo