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ABC LUNES 17 10 2005 Nacional LUCHA CONTRA LA INMIGRACIÓN ILEGAL LA TRAGEDIA DE LOS SUBSAHARIANOS 13 Íbamos atados de dos en dos. Yo soy cristiano y nos obligaban a ayunar como ellos por el Ramadán. Sólo nos daban de vez en cuando un poco de agua, pan duro y sardinas en lata Decenas de subsaharianos daban en la tarde de ayer vivas al Frente Polisario en agradecimiento por haberlos salvado de una muerte casi segura Nos dieron a cada uno dos cantimploras con agua, tres panes, dos latas de sardinas y varias naranjas. Entonces nos hicieron avanzar hacia lo que los militares decían que era la frontera. Nos gritaban para que subiéramos el muro de arena y pasáramos al otro lado, que Argelia estaba a sólo cinco kilómetros detalla el joven camerunés mientras hace gestos para explicar que dispararon al aire para que corriesen aterrados. Eso hizo que nos dispersáramos y quedásemos un grupo de doce. Anduvimos todo el día y toda la noche sin saber que estábamos haciendo como un círculo. Acabamos de nuevo en otro punto del muro y allí nos volvieron a indicar la dirección que debíamos tomar para ir a Argelia Casi sin agua Encontré en el suelo una caja de las latas de sardinas como las que nos había dado y llamé a mis compañeros para decirles que otro grupo debía haber pasado por allí no hacía mucho. Pero mi agua estaba a punto de terminarse y les dije que no estaba dispuesto a seguir y que si hacía falta moriría allí mismo. Seis nos quedamos y otros seis siguieron adelante por el desierto Fue entonces cuando, pasadas dos o tres horas, apareció un vehículo del que bajó un militar y dos civiles con turbante. Les acababa de rescatar el Polisario. Era el pasado jueves por la tarde. Habían pasado dos o tres días desde que nos abandonaron los marroquíes. A los otros seis que siguieron adelante no los hemos vuelto a ver Thomas se muestra contento pero comenta que no puede volver a su casa de vacío. Allí le esperan su mujer, Brigitte, y su hija, en compañía de una familia en la que sólo su madre lleva a casa algunos ingresos de su trabajo como enfermera en un dispensario. Decenas de subsaharianos daban en la tarde de ayer vivas al Frente Polisario en agradecimiento por haberlos salvado de una muerte casi segura. En Rabat pensarán que se trata de un viaje puramente propagandístico. Este corresponsal se lo tomó como meramente informativo, para que se sepa que Thomas y otros fueron expulsados al desierto en contra de lo que dicen las autoridades del Reino alauí. Otro grupo de inmigrantes auxiliados por los saharauis llevaba escondidos aquí comenta mientras se abre el dobladillo descosido de su pantalón. Una mañana tomaron la carretera de Uxda a bordo de cuatro autobuses Como las veces anteriores. Pero en esta ocasión pasaron el cruce de largo y siguieron en dirección sur. Todos empezaron a gritar a los agentes que les acompañaban. No sabían adónde se dirigían. Se refiere, como todos los testimonios de los inmigrantes en los últimos días a las penosas condiciones en las que las autoridades de Marruecos los trasladaban durante horas y horas sin parar en los autocares. Explica cómo se encuentran con un grupo de periodistas mientras la caravana paró a repostar en una gasolinera y empezaron a gritarles por las ventanillas mientras les enseñaban las manos esposadas. Son esos informadores que grabaron unas imágenes que dieron la vuelta al mundo por su crudeza. Recuerdo que había un joven de raza negra que intentó impedir que los autobuses continuasen su camino comenta Thomas en referencia a Mamadu, el voluntario guineano que trabaja para la Asociación de Amigos y Familiares de Víctimas de la Inmigración Clandestina (Afvic) que llegó a tumbarse en el suelo delante de uno de los autobuses. Íbamos atados de dos en dos. Yo soy cristiano y nos obligaban a ayunar como ellos por el Ramadán. Sólo nos daban de vez en cuando un poco de agua, pan duro y sardinas en lata. Teníamos que hacer pis dentro de las botellas. Éramos como esclavos Dice que pasaron cuatro o cinco días en el autobús y que sólo paraban cuando el conductor se encontraba verdaderamente fatigado. Recuerdo haber pasado un cartel que ponía Agadir y un cruce que ponía El Aaiún Disparos al aire Habla firme y de corrido, aunque algunas preguntas, sobre todo las referidas al día exacto de la semana en el que ocurría cada cosa, a veces no se atrevía a responderlo. Una noche, los cuatro autobuses se detienen en un cuartel militar en el desierto y, tras pasar allí la noche, comenzaron a ser transportados en pequeños grupos en furgonetas a unas dos o tres horas de distancia.