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4 Opinión LUNES 17 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil ALARMA EN LA UE E MARAGALL SE DESPEÑA A capacidad de Pasqual Maragall para crear problemas está adquiriendo dimensiones homéricas. En sólo cuarenta y ocho horas y con un único movimiento (una consulta a ERC para remodelar su Gobierno y colocar en el nuevo gabinete a su hermano) ha conseguido soliviantar a su propio partido, a sus socios en el tripartito y a la principal fuerza política de la oposición en Cataluña. Tal es el tamaño de la brecha abierta y tantos los flancos de queja que ha desatado que ya resulta difícil encontrar en la política actual alguien que propenda a crear convulsiones de ese tamaño y de manera tan habitual. Baste recordar el episodio que protagonizó al pronunciar la famosa frase Ustedes tienen un problema que se llama 3 por ciento con la que venía a acusar de corrupción a CiU. Ahí es nada. Para salir del atolladero en el que se encontraba por el escándalo del barrio del Carmelo, y agobiado por las acusaciones de negligencias de todo tipo que señalaban a su gobierno en aquel hundimiento, lanzó semejante cortina de humo (en sede parlamentaria) que multiplicó por seis el revuelo, la confusión y el desconcierto en la opinión pública. Es decir, y dicho de manera más sencilla, Maragall tiende a crear un problemón para salir de un problema. Ahora, vuelve a ocurrir lo mismo con el intento de abrir una crisis en su gobierno. Seguramente, al proponer ahora la remodelación del gabinete, en el ánimo del presidente catalán estaba el sedar, en la medida de lo posible, el incontenible coro de voces que se oponen a la reforma del Estatuto aprobada por el Parlamento autonómico, y que no es sólo una cosa del PP sino un movimiento que se extiende poderosamente por los cimientos del edificio socialista. Ya no son los barones territoriales- -tradicionales portaestandartes de la queja contra la expansión del nacionalismo dentro del PSOE- -quienes llevan la voz cantante, sino que la corriente contraria es casi unánime en Ferraz y otros aledaños. Al intentar distraerla con la crisis gubernamental, Maragall ha vuelto a caer en el mismo error: ha creado otro aprieto sin resolver el antiguo. Porque ahora, y tras denunciar su unilateralismo, es el propio PSC el que le critica abiertamente por no haber L consultado con el partido sus intenciones y por haberse ido derecho a ERC a pedir la venia. El hecho de que su hermano estuviera de por medio, como candidato a coger el asa de una cartera, no le ayuda nada y hace más comprensible, que no justificable, el ocultismo con el que se ha movido. El primer secretario de los socialistas catalanes, y ministro de Industria, José Montilla, afeó inmediatamente su conducta a Maragall y le advirtió que no es el momento de hacer cambios. Fuera del socialismo, las críticas son también unánimes. Aunque acogiéndose a su destreza como pescador en río revuelto, CiU no dejó pasar la oportunidad para radiografiar la extrema debilidad del presidente de la Generalitat, al que no le queda ni un gramo de autonomía en el ejercicio del poder, ni siquiera para sacar adelante un cambio de piezas en su gobierno. En el contexto actual, la desautorización de Maragall a tres bandas (ERC, PSC y CiU) supone una malísima noticia para el proyecto estatutario aprobado en el Parlament, pero buena para el constitucionalismo, pues las brechas abiertas restarán fuerzas al tripartito y a Convergencia en la defensa de tan disparatado texto. La imagen y el crédito político de Maragall, que ha gastado media legislatura en esa ensoñación del Estatuto, parecen heridos de muerte. Nunca tanto como ahora ha aparecido ante la opinión pública tan dependiente de una Esquerra que, con sólo el 16 por ciento de los votos, maneja a su antojo los tiempos y la agenda política del presidente de la Generalitat. La displicencia con que este partido le trata bordea la chusquedad. Y las malas horas que atraviesa Maragall son también un aviso a otros navegantes sin brújula. Rodríguez Zapatero puede tomar buena nota de lo que está ocurriendo en Cataluña, pues él siguió los mismo pasos en las Cortes y optó por idéntica alianza, si bien con una diferencia sustancial: los independentistas catalanes consiguieron el 2,4 por ciento de los votos emitidos en 14- M. Conviene tener siempre en mente este minúsculo porcentaje a la hora de valorar en manos de quién se encuentra la gobernabilidad de España. L proceso de regularización masiva, emprendido la pasada primavera por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, ha tenidocomo efecto secundario el convertira España en una especie de país lanzadera de los inmigrantes que quedaron fuera del proceso de regularización. Fuentes policiales estiman que al menos 25.000 han cruzado los Pirineos y llegado, fundamentalmente, a Francia y Bélgica, al proceder originariamente de zonas africanas francófonas. A esa cifra hay que unir los que, una vez regularizados en nuestro país, pueden moversepor todala UE y deciden hacerlo. Tanto París como Berlín han denunciado, y mostrado su enojo, por el unilateralismo con el que el Ejecutivo español se ha movido en un terreno tan sensible. Haciendo tantos amigos al actuar por su cuenta, no es de extrañar que España vea menguado su apoyo cada vez que los Veinticinco se reúnan. Hacer de Juan Palomo tiene sus riesgos, sobre todo cuando, como en Europa, se juega en equipo. Sadam Husein REUTERS EN EL BANQUILLO OS iraquíes votaron el sábado su Constitución, con un estimable índice de participación- -gigantesco incluso si lo comparamos con el escepticismo con el que los europeos votaron la suya- -y el martes comienza el juicio contra Sadam Husein. De manera lenta, pero sin pausa, el nuevo Irak prosigue su avance. Aunque el terrorismo siga sembrando de nubes el presente y quizás el futuro cercano de la gran mayoría de ciudadanos que sí ha querido emprender este camino, lo cierto es que los iraquíes van cumpliendo etapas. El proceso al dictador destapará todas las atrocidades por él cometidas, lo que también es buena vara para medir el antes y el después de Irak tras su caída. L LA LECCIÓN DEL DEPORTE HORA que se cumple el 50 aniversario de la muerte de Ortega y Gasset, es tentador evocar su ensayo sobre el origen deportivo del Estado aunque sólo sea como conjuro, ya que en España el Estado parece estar en peor forma que el deporte. En vivo contraste, nuestro viejo Estado hace ademanes de autolesionarse con pequeñas incisiones internas mientras nuestros jóvenes deportistas se encargan, con grandes triunfos, de simbolizar la pujanza del país despejando fronteras. Es como si un catalán, un asturiano y un balear que rondan los veinte años (Daniel Pedrosa, Fernando Alonso y Rafael Nadal) quisieran darle al suelo común donde ha arraigado su diverso genio una lección magistral sobre el arte de estar a la altura de los tiempos. No hay duda de que, siendo los suyos- -frontispicio de otros muchos- -éxitos de aliento individual, en todo el mundo serán interpretados, sin embargo, como una prueba conjunta de la capacidad española para generar campeones en un escenario tan exigente como el actual. A Estos ases precoces, con su densa estela de emulaciones masculinas o femeninas, sellan sus victorias con la doble impronta de la tradición y del siglo XXI. Son los héroes actuales de un linaje espontáneo que antes encarnaron Blume, Bahamontes, Nieto, Santana o Fernández Ochoa, pero también los frutos metódicos de una nación cuya evolución deportiva se ha adaptado, como un guante al manillar o una mano a la raqueta, al despertar político, económico y social desde que se recuperó la democracia. Hitos adecuados, en fin, al partido que España juega desde hace treinta años. Sabemos, gracias al carácter de tales conquistas, que también en deporte España es ya mucho más que una ráfaga de llamativas singularidades, y el objetivo pendiente es refrendar esta madurez con el brillo en compromisos que exigen una gran labor de equipo. La selección española de fútbol, por ejemplo, representaría en ese empeño un trasunto de compromisos más trascendentales. De momento, unos cuantos veinteañeros le han hecho un oportuno homenaje al espíritu deportivo de Ortega. ALBOROZO HABANERO P OR si a alguien le quedaba alguna duda de quién ha sido el gran triunfador de la Cumbre Iberoamericana, no hay más que escuchar las declaraciones, plenas de incontenible alborozo, del canciller cubano Pérez Roque. Está por ver que en los distintos países asistentes (Cuba no llevó ni a su presidente a Salamanca) la cita y sus conclusiones hayan despertado semejante entusiasmo. No ha sido así, entre otras cosas, porque el Gobierno español- -anfitrión y como tal responsable en buena medida de la agenda de asuntos a tratar- -decidió volcarse en apoyo del eje populista que encarnan Castro y Chávez. A saber, un dictador y un ex golpista.