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ABC DOMINGO 16 10 2005 93 Los inspectores de Trabajo niegan que se hayan hecho las 360.000 actuaciones que dice Caldera El G- 20 debate reducir los subsidios agrícolas para avanzar en la liberalización del comercio mundial Los países en vías de desarrollo rechazan la rebaja del 70 propuesta por la UE b Los ministros de Finanzas del grupo intentan limar sus diferencias de cara a la trascendental reunión de la Organización Mundial del Comercio en diciembre PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL CIUDAD DE LA GRAN ÉPOCA (CHINA) Mientras miles de agricultores se manifestaban ayer en Salamanca contra la política de abandono del presidente Zapatero, el futuro del campo se decidía a 9.000 kilómetros de distancia y en un foro donde el Gobierno español no tiene representación alguna. El lugar elegido era la Ciudad de la Gran Época, un monumental complejo turístico situado a las afueras de Pekín y que recrea a escala la capital china durante las dinastías Ming y Qing. En este lujoso entorno caracterizado por el derroche, se reunieron ayer los ministros de Finanzas de los países que forman el Grupo de los 20, que aglutina a las naciones más industrializadas, como Estados Unidos, Alemania o Japón, y a las potencias emergentes, como China, Brasil o la India. Entre todos, suman el 90 del PIB mundial, el 80 del comercio internacional y dos tercios de la población del planeta, por lo que sus decisiones afectan a todos. El objetivo de tan selecto club, que no incluye a España porque el Banco Central Europeo representa a los Estados miembros de la UE que no pertenecen al G- 7, era avanzar en la liberalización del comercio mundial siguiendo los compromisos establecidos en 2001 en la denominada Ronda de Doha. Sin embargo, la falta de consenso con que se cerró la Conferencia de Cancún en 2003, sobre todo en torno a las ayudas agrícolas que prestan EE. UU. y la UE, retrasó tales planes hasta 2006. Por este motivo, el G- 20 se encuentra inmerso en una carrera contrarreloj para acercar las posturas de sus componentes antes de la decisiva cumbre de la OMC que tendrá lugar en Hong Kong en diciembre, y que pretende instaurar un nuevo sistema internacional de relaciones comerciales totalmente liberalizado y exento de barreras proteccionistas. Rato conversa con el presidente chino, Hu Jintao, ayer durante la cumbre EFE El FMI se une a las peticiones de EE. UU. para que China reforme su divisa China sabe que debe continuar la reforma de su divisa sin demora declaró ayer en el transcurso de la cumbre del G- 20 Rodrigo Rato, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) Rato elogió la decisión china de revaluar su moneda en julio pasado, lo que estimó un paso en la buena dirección aunque consideró que sería conveniente para el propio país que su moneda goce de mayor flexibilidad para absorber los choques externos El director del FMI, por otro lado, señaló que el Fondo está dispuesto a colaborar con el gobierno argentino cuando éste lo plantee. El FMI y Argentina podrían alcanzar un acuerdo crediticio o un programa económico a petición del país, que pidió reanudar las conversaciones con el Fondo tras un año de alejamiento de la mesa de negociaciones. El programa del FMI con Argentina fue suspendido en 2004 cuando el gobierno proyectaba una oferta de canje de deuda. Factura política Para alcanzar dicho marco, que se supone incentivará la economía y potenciará el crecimiento de los países más pobres, las potencias emergentes del G- 20 rechazaron ayer las reducciones de las ayudas agrícolas propuestas por EE. UU. y la UE. En total, ambos gigantes destinan más de 124.000 millones de euros para financiar una agricultura deficitaria que sólo representa el 2 de su PIB y que emplea a menos del 4 de su población, pero que constituye un sector que podría provocar gran inestabilidad social y pasar una alta factura política a sus gobiernos. Aun así, Washington ofreció una drástica rebaja inicial de los subsidios a la exportación, el apoyo interno y el acceso a los mercados para eliminar, La guerra comercial que mantienen China y Estados Unidos ha condicionado el desarrollo de la cumbre en una segunda fase al cabo de cinco años, estas políticas que distorsionan el comercio agrícola. Por su parte, Bruselas está dispuesta a limitar hasta en un 70 %lo s fondos ligados a la producción o a los precios. A cambio, las potencias industrializadas exigen a las naciones en vías de desarrollo abrir sus servicios al exterior para que puedan ser prestados por sus compañías, por lo general mucho más modernas y competitivas y dotadas de una mayor tecnología. Un claro ejemplo de esta situación es la guerra comercial que enfrenta a EE. UU. y China, y que ha empañado el desarrollo de este encuentro. Así, mientras Washington baraja imponer más restricciones para frenar las exportaciones textiles del gigante asiático, al mismo tiempo le exige que deje de controlar la cotización de su moneda nacional, el yuan, y que abra su sector financiero al exterior. Además de para dirimir estos conflictos generados por la globalización, la reunión del G- 20 sirve para analizar la situación de la economía mundial y hacer frente a sus retos y amenazas. Entre los temas que se debatirán hasta hoy, clausura de la cumbre, destacan el aumento del precio del petróleo, los desequilibrios globales, la explotación de los recursos energéticos, la degradación del medioambiente y la lucha contra la pobreza.