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74 Cultura DOMINGO 16 10 2005 ABC LA COLECCIÓN DEFINITIVA El próximo domingo, la mejor colección de música clásica El 23 de octubre, con su ejemplar diario de ABC y completamente gratis, la primera entrega de la insuperable selección de Deutsche Grammophon TEXTO: ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE FOTOS: ABC oda historia tiene su fecha. La música grabada mira a 1877, año en el que el pianista Josef Hofmann impresiona un rollo de cera en el laboratorio de Thomas Alva Edison, en Orange, en los suburbios de Newark, Nueva Jersey. No es difícil imaginar a los dos protagonistas acercándose al fonógrafo, callados y con la respiración entrecortada tratando de distinguir entre una maraña de crujidos el lejano cascabeleo de instrumento. Porque el nuevo juguete no daba para más: grababa y reproducía. Mal, por supuesto, pues al hacerlo desgastaba el propio soporte convirtiendo aquellos sonidos atrapados por la mecánica en materia fungible. Nadie, ni el mismísimo Julio Verne, que por entonces se dedicaba a predecir el futuro, habría sido capaz de soñar las inmensas posibilidades que se estaban despejando gracias a la frágil materia de semejante artilugio. Pero lo cierto es que desde entonces la música y el mundo han sido otros. Lo que conocemos, la posibilidad de curiosear cualquier partitura sin especiales conocimientos, de tenerla al alcance de la mano donde y cuando se quiera, en definitiva, el hacer de la música algo familiar, es algo que se les debe a pioneros como Hofmann, por cierto, inventor más tarde de un objeto de tanta utilidad y poca relación con la música como el limpiaparabrisas. O al gran Enrico Caruso, uno de los primeros en convencerse seriamente de las posibilidades de promoción que facilitaba el ingenio. Y no era fácil. Él mismo sufrió el desdén de muchos, como el de aquella gran dama de fino porte presente en una demostración organizada en un salón de Mayfair y que tras escuchar la grabación de Vesti la giubba incluyendo el más famoso suspiro jamás registrado en la historia de la discografía, fue capaz de exclamar sin apenas levantar la vista ni dejar de hacer ganchillo: Me parece que este hombre estaba bastante histérico Que la música grabada ha cambiado la forma de escuchar es algo indiscutible. Hoy nada tiene que ver con el sentido casi religioso, fervoroso y reservado que se impuso a finales del siglo XIX. El consumo incesante que realiza un público nuevo y de grandes dimen- T siones ha hecho que en nuestros días haya más gente atenta a la música grabada que a la interpretada en vivo. Y eso tiene algo de fascinante. Porque una grabación puede no cambiar, pero sí lo hace el oyente como bien dijo el director de orquesta Leonard Bernstein, tan certero en el campo de la pedagogía, recordando de este modo que tener cerca un disco es tanto como poseer un poema, un libro o un recuerdo sobre el que volver tantas veces como se desee. Ese es el misterio: ante una grabación son los oyentes los que hacen la música, los que le dan sentido y realidad, y, como bien ha estudiado la sociología del arte, los que permiten que la imaginación esté por encima de lo imaginario constituyendo una sociedad potencial que está más allá de nuestro alcance Si mediante la escucha el oyente disfruta de nuevos modos de percepción y de sentimiento, con la música grabada se facilita, por añadidura, dejar en reposo los no siempre saludables hábitos cotidianos. Bien mirado: pura medicina. Pero no es cosa de desestimar ninguna opinión, que bien pensado hasta aquella buena e incrédula dama aposentada en Mayfair tenía razón. Al sonido grabado hay que agradecerle que sea imagen de muchas cosas, bien del histérico tenor si es que llega el caso, bien de la realidad sonora de muchas partituras. Incluso del retrato de personas como Karajan, Gardiner, Pogorelich, Argerich, Böhm, Abbado, Barenboim, Domingo, Berganza, Rostropovich, Boulez o el propio Bernstein; de sus El sello discográfico por excelencia en la cultura musical La Deutsche Grammophon Gesellschaft fue creada en 1898 por Emile Berliner, inventor del gramófono. El éxito de la empresa fue inmediato, pues poco después la fábrica de Hannover fabricaba más de un millón de discos al año. El catálogo estaba formado por fragmentos de ópera, piezas de salón y multitud de arreglos que ajustaban la duración de las obras a la corta extensión de una cara La entrada en el nuevo siglo coincide con la incorporación de Fred Gaisberg, primer productor de la historia de la música grabada, quien contrata a Feodor Chaliapin, Nellie Melba y el joven Enrico Caruso, que acababa de realizar la histórica grabación de diez arias de ópera, prensadas en Hannover. Luego, vendrían la grabación, en 1910, del primer movimiento del concierto para piano de Grieg en interpretación de Wilhelm Backhaus y dirección de Landon Ronald, o el registro de la Quinta sinfonía de Beethoven interpretada por la Filarmónica de Berlín y dirigida por Arthur Nikisch, presentada en ocho caras. En 1938, un temperamental Herbert von Karajan graba la obertura de La flauta mágica anticipando una vinculación que se formalizará veintiún años después en una de las asociaciones discográficas más rentables de la historia, y que aún alcanzará a la implantación del disco compacto inaugurada en 1981 con la grabación pionera de Eine Alpinesinfonie de Strauss. Y junto con Karajan, todo un plantel de orquestas e intérpretes excepcionales (desde Furtwängler a Kleiber, de Menuhin a Pollini) que aún se especializará con la pionera im- plantación en los 60 de la marca Archiv Production, dedicada a la música antigua interpretada con criterios historicistas. Y, ante todo, la calidad técnica que lleva, en los 50, a la creación de la figura del ingeniero de sonido o a incorporar, en los últimos tiempos, nuevas tecnologías como el 4 D Audio Recording system o la 24- bit Surround Technology. Todo al amparo de la siempre inconfundible etiqueta amarilla, esa a la que el diseñador Gerhard Noack añadió una estela de tulipanes calculada para que durante el giro del Lp se produjera el efecto estroboscópico de una imagen detenida.