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ABC DOMINGO 16 10 2005 71 Cultura y espectáculos Ayer falleció en Valencia, a los 95 años recién cumplidos, el pintor murciano, amigo de Juan Ramón Jiménez y María Zambrano y gran admirador de Velázquez (obtuvo el premio que lleva su nombre) a quien dedicó un hermoso ensayo, Velázquez, pájaro solitario Muere Gaya, creyente mesiánico del gran arte POR JUAN PEDRO QUIÑONERO Ramón Gaya nos deja un legado inmenso, como pintor, crítico, poeta, memorialista, indispensable para entender las grandes encrucijadas de nuestra cultura y nuestro arte, que él consideraba como cimientos que era imprescindible conocer, asentar, cultivar, para poder salvarnos de la barbarie que, a su modo de ver, amenazaba nuestro futuro. Gaya fue un niño prodigio, el benjamín de la pintura abstracta a juicio de su paisano Luis Garay, en la Murcia de los años 20 del siglo pasado, donde muy pronto comenzó a dibujar, pintar, escribir, colaborando en revistas de la época, como Verso y Prosa Sudeste Héroe y Mediodía De aquella primerísima etapa de formación murciana, siguiendo los pasos de Garay y Pedro Flores, quedan las huellas de un joven artista de imprevisible camino. El destino de Gaya cambió de rumbo tras su legendario viaje y exposición en París, en 1928, donde, en compañía de sus mentores murcianos (Flores y Garay) expuso con cierto éxito. Pero su estancia en París terminaría precipitadamente. Murió su madre. Y Gaya se alejó para siempre de las tentaciones vanguardistas. A su modo de ver, el cubismo fue el último de los grandes movimientos artísticos. Tres días de luto en su Murcia natal, donde hoy será enterrrado ABC MURCIA. El entierro de Ramón Gaya tendrá lugar a las doce y media de la mañana de hoy en el cementerio de Espinardo, una pedanía de Murcia. El Ayuntamiento ha decretado tres días de luto oficial por Gaya, Hijo Predilecto de la ciudad desde 1980 y Medalla de Oro, a los que se ha unido la Universidad de Murcia, en la que fue investido doctor honoris causa Las banderas oficiales del Ayuntamiento ondearán a media asta hasta el martes, día en el que también reabrirá sus puertas, cerradas desde ayer, el Museo que lleva el nombre del insigne pintor. Los restos mortales de Gaya serán trasladados al Cementerio Nuestro Padre Jesús de Espinardo, donde se oficiará un responso en la intimidad, por deseo de su familia. La próxima semana se celebrará un acto oficial. El pasado lunes Murcia recibió la última muestra de la generosidad y entrega de Ramón Gaya hacia su ciudad, con motivo de la donación que realizó al Museo de las obras de la serie Años de exilio El centro cultural, en la Plaza de Santa Catalina, cuenta con más de un centenar de óleos, acuarelas y dibujos cedidos por su autor. Amigos, artistas y políticos, desde el presidente Valcárcel al alcalde o al rector de la Universidad, expresaron su profunda tristeza por la pérdida y subrayaron la proyección universal de un creador que llevó con orgullo y honor el nombre de Murcia por todo el mundo. Años de destierro Siguieron años de vertiginoso aprendizaje y tragedias. Instalación en el Madrid de preguerra. Participación muy activa en las épicas aventuras político- culturales de la época, como las Misiones pedagógicas Colaboraciones y trabajos muy diversos. Reconocimientos casi inmediatos. Y, ya estallada la guerra, amistades fraternales y colaboración en la mítica Hora de España Su primera esposa murió en el bombardeo de Figueras. Fue el comienzo del destierro. Gaya vivió una temporada muy corta no lejos de Burdeos, en un castillo de su amigo Cristóbal Hall, que cuidaría de su hija Alicia. El pintor embarcaría en el Siania rumbo a México, donde encontró amigos fraternales y dio el rumbo definitivo a su creación, tras pintar algunas obras maestras, comenzando por el legendario retrato de Juan Gil- Albert. En México, Gaya vuelve a participar en ruidosas polémicas. Y es reconocido como un grande entre los grandes por Octavio Paz y Juan Ramón Jiménez. Y es en México donde Gaya ahonda en su rechazo de las vanguardias y comienza la asombrosa serie de sus homenajes, a Velázquez, a Murillo, a Rembrandt, a Rubens, etc... El poeta, sin raíces, en tierra extraña, sueña El pintor, ante el caballete en su estudio con su patria y con revisar los amenazados fundamentos del museo universal. Hasta que decidió volver a Europa, a Roma, donde se encontró con María Zambrano. Los años romanos de Gaya y el primer retorno a Madrid sellaron para siempre su destino personal. El gran arte clásico de los museos romanos y parisinos, el Museo del Prado, se convirtieron en una de las fuentes privilegiadas de su obra. En Roma, dialoga con Rafael; en Madrid con Veláz- ABC quez; en París, con los maestros renacentistas y barrocos del Louvre. Esa sed insaciable le condujo a los acuarelistas chinos de la época clásica y siembra sus reflexiones capitales sobre la historia de la pintura española, que culminan con varias obras maestras, como su ensayo sobre Velázquez, y su brevísimo texto sobre el Museo del Prado, que él considera como la roca fundacional que da un sentido y un destino a la historia toda de España. Gaya fue un pintor hondísimo, el mejor acuarelista de su tiempo, hombre de enorme carácter, de opiniones jupiterinas, juicios temerarios y una fe de creyente mesiánico en la pintura y el gran arte, indispensables, a su modo de ver, para entender las raíces de nuestra historia. Juan Pedro Quiñonero es autor de Ramón Gaya y el destino de la pintura (Biblioteca Nueva) que se publicará en noviembre