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62 Los domingos DOMINGO 16 10 2005 ABC A VUELTAS CON EL ESTATUTO derecho del pueblo gitano, por ejemplo. Tras pedir que el texto respete la libertad de los padres para poder optar por la enseñanza religiosa, los obispos catalanes subrayan, por su parte, que el Estatuto no tenga espíritu de exclusión y que fomente el respeto mutuo entre todos los españoles En un comunicado, los obispos consideran que el ordenamiento jurídico de Cataluña, igual que el del Estado español, debería de fomentar y respetar, dadas las raíces cristiana del pueblo catalán, las creencias de los cristianos y la proyección pública de las mismas. Los inmigrantes, olvidados Alejandro Erazo, portavoz de la Coordinadora de Colectivos de Inmigrantes de Cataluña, lamenta que el nuevo Estatuto catalán no reconoce los derechos de los extranjeros que viven y trabajan en Cataluña, como el derecho a voto pese a ser una de las demandas históricas de este colectivo. Para este comerciante chileno, que tiene una tienda de artículos importados en el barrio Gótico de Barcelona, los políticos catalanes han perdido una espléndida ocasión para reconocer públicamente la importancia de los inmigrantes, ya que con su esfuerzo y trabajo contribuyen también al enriquecimiento de Cataluña Erazo rechaza opinar sobre la polémica del término nación o del sistema de financiación pero, sin embargo, considera muy positivo que la Generalitat pueda fijar el número de inmigrantes que anualmente puedan entrar a trabajar en Cataluña. La autonómica es la Administración que mejor puede fijar el cupo de inmigrantes en función de las necesidades de su mercado laboral apunta. Francisco García Prieto, junto a Josep Borrell, representa la voz de los inmigrantes de los cincuenta en Cataluña (Viene de página anterior) centrarán el debate político en el Congreso, pero algunos colectivos catalanes reclaman a las Cortes españolas que lean con lupa y modifiquen la letra pequeña del Estatuto. El presidente de la asociación Médicos Cristianos, Josep María Simon, espera que los diputados pulan la redacción del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo o el derecho a morir dignamente porque, a su juicio, con el texto actual se intenta colar el aborto libre y la eutanasia en Cataluña. Los católicos lamentan que el texto ignore la tradición cristiana en Cataluña Erazo advierte que los inmigrantes extranjeros no son reconocidos Contra el aborto y la eutanasia Este médico, que defiende la postura de los colectivos cristianos escasísimamente oídos durante el proceso de redacción del Estatuto, pide que se reconozca que el embrión es un ser vivo para que las embarazadas no puedan decidir sobre su vida y que se impulsen las curas paliativas a los ancianos enfermos en lugar de abrir la puerta a una muerte digna. Otra de las preocupaciones de las organizaciones cristianas es la continuidad de la enseñanza religiosa en Cataluña. El texto es muy confuso y se tendría que mejorar- -señala Simon- ya que se afirma que la enseñanza pública es laica en Cataluña y, a la vez, se reconoce el derecho de los padres a elegir un centro religioso para sus hijos El facultativo lamenta que el Estatuto ignore la larga tradición cristiana de Cataluña y, sin embargo, haga un reconocimiento explícito de la cultura y el EL FANTASMA DEL ESTATUTO XAVIER PERICAY l pasado fin de semana fue pródigo en encuestas. Aunque el radio de acción variara de una a otra, todas tenían como epicentro- -no podía ser de otro modo- -el Estatuto catalán y sus réplicas. No voy ahora a abrumarles con los datos, que muchos de ustedes seguramente ya conocen. Lo que me interesa destacar del conjunto de estos sondeos es que, sea cuál sea la pregunta que uno analice en relación con los aspectos más polémicos de la propuesta estatutaria- -la consideración de Cataluña como nación, el sistema de financiación propio, la obligación de conocer el catalán, la conversión del Tribunal Superior de Cataluña en última instancia judicial- y ciñendo dicho análisis a las muestras referidas a Cataluña, en ningún caso el porcentaje de respuestas afirmativas alcanza el 88 por ciento de votos a favor con que el Parlamento de Cataluña aprobó el pasado 30 de septiembre el proyecto de reforma del Estatuto. Es más, la mayoría de las veces este porcentaje de síes está muy lejos del tanto por ciento parlamentario. Ni que decir tiene que una cosa es una encuesta y otra muy distinta una votación efectuada en sede parlamentaria. Pero, aun así, el trecho entre el parecer demoscópico de E los ciudadanos catalanes y el sentido del voto de sus legítimos representantes autonómicos resulta difícil de entender, si no es apelando al divorcio entre unos y otros. Y lo grave es que jamás sabremos a ciencia cierta cuántos catalanes están de acuerdo con el actual proyecto de Estatuto. Para sacar algo en claro, el proyecto debería haber sido sometido a referendo antes de su envío a Madrid, como ocurrió en 1931 con el Estatuto de Núria. Ahora, lo más que llegaremos a saber es cuántos ciudadanos están de acuerdo con el nuevo proyecto que salga de las Cortes y cuántos no, teniendo en cuenta que entre estos últimos podrán contarse en su momento tanto los que ya no aprobaban el primer proyecto como los que sí lo aprobaban y encuentran en cambio inaceptable el definitivo. De ahí que, en lo sucesivo, y con independencia incluso de cuál sea el calado de las más que previsibles rebajas, convenga irse acostumbrando a la presencia en España de esta suerte de fantasma que el nacionalismo catalán alumbró hace quince días. No lo duden: cada vez que sea preciso, sus progenitores lo sacarán a pasear. Todos a una. ¡Y cuidado con decirles que al espantajo le falta cuerpo!