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ABC DOMINGO 16 10 2005 Los domingos 59 Emilia Herranz posa delante de la exposición itinerante Humanitarios en acción que este fin de semana pasa por Madrid les, que se dé un trato humano y digno a las personas. Muchas veces las declaraciones de los políticos no se corresponden con lo que vemos. Hay un salto entre lo que se dice y lo que se hace. Hasta ahora, lo que hemos visto es que se había dejado gente abandonada en el desierto, y que nadie lo ha hecho bien: ni España, ni Marruecos ni la Unión Europea. Eso es lo que constatamos. No soy quién para criticar a Marruecos, pero en este caso han abandonado a los inmigrantes. En cuanto a España y la UE, no han sido capaces de exigir que se cumpliera la normativa internacional. Han actuado de una forma débil ante Marruecos. ¿La acción política ha aportado soluciones al problema de la inmigración? -Éste es un asunto realmente complejo. Saltar la valla o llegar en pateras es el final del problema, el final de una historia que empieza mucho antes. Hay que conocer algunos países de África para entender por qué se quieren ir, y que no se irían si la situación fuera otra. Creo que si la gente viese realmente el dolor tan grande que muestran las caras de los que se despiden, lo que les cuesta echarse al camino, empezarían a comprender algo. El principio de la historia es que hay mucha gente que vive muy mal. Personas que tienen hambre, que no tienen medicamentos, que sus hijos se mueren, que huyen de guerras, de desplazamientos masivos, de ejecuciones sumarias, que escapan para salvar su vida o la de los suyos. Cualquier solución tiene que pasar por algo más que el control de las fronteras. Hay mucha desesperación en esta gente, e inventarán nuevos medios de llegar. Les hemos vendido un mundo fantástico, y quieren tener un poquito. Hay mucha gente que se muere en África, y hace falta una agenda que busque una solución global. ¿Una cumbre multilateral, como proponen Marruecos y España? -Está por ver qué saldrá de ahí. Ahora mismo se está manejando mal la situación. No se respetan los acuerdos internacionales. Pedimos el mínimo, un trato digno y humano, y no lo estamos viendo. Eso no es muy difícil de conseguir. Lo que pedimos es que España y la UE se impliquen en ello, porque abandonar a gente en el desierto sin nada para sobrevivir no Nos hemos limitado a decir lo que vemos, a constatar lo que ocurre, la violencia, el abandono. Lo que MSF cuenta es lo que hay, datos, hechos, y los denunciamos con intención de que algo cambie es un trato digno. Si a día de hoy no hemos conseguido ese mínimo, hablar de una solución global puede parecer utópico, pero hay que intentarlo. Con voluntad política se consiguen muchas cosas. Hay recursos: nosotros seguiremos reclamándolos. ¿Las ONG tienen trabajo porque los Gobiernos no hacen el suyo? -Las ONG no deberían existir si todo funcionase correctamente, si los gobiernos hiciesen su trabajo, si se ocupasen de la salud de la gente. Nosotros somos un parche. -Explique a esos políticos que no han pisado África los motivos por los que alguien sale de Níger y pasa luego uno o dos años en el desierto, y corre el riesgo de que le roben, le maten o le violen. -Propondría hacer un juego de rol, que el político se ponga en su piel. No puede dar de comer a sus hijos porque la plaga de la langosta ha arrasado su cosecha; no tiene acceso a los centros de salud, porque están demasiado lejos o son demasiado caros; sus hijos se van a morir. No tiene nada para darles de comer. O vive huyendo, porque una noche le sacan de su casa y le pegan cuatro tiros, o matan a la mitad de su familia. O vive en la carretera, en busca de un campamento de desplazados, de un trozo de plástico para refugiarse. Cuando estás en esa tragedia diaria, piensas qué tengo que perder si lo tengo todo perdido. Es mejor intentar llegar a algún sitio donde poder conseguir algo para enviar a mi familia Lo haríamos todos. Es algo humano: intentar salvar tu vida o a la de los tuyos. -MSF habla de la ayuda a la que todos tienen derecho. Cuando esa idea se mezcla con la política, ¿todo se enturbia? -Todo se puede enturbiar, sí. Nosotros no damos soluciones, no nos corresponde. Siempre hablamos de lo que vemos. Nuestros informes pueden interpretarse como denuncia, pero lo que hacemos es reflejar lo que hemos visto, que se sepa lo que está pasando. Es un riesgo que se quiera mezclar de mala manera, utilizar políticamente, pero no vamos a dejar de hacerlo siempre que el resultado valga la pena. Se nos puede manipular, utilizar, de un lado y de otro, pero la ayuda es lo primero. -Dice que no tiene soluciones, pero de su experiencia alguna conclusión habrá extraído... -Los inmigrantes vienen de países que están mal, donde hay guerras y una pobreza extrema. Una solución que se quede en palabras vacías de contenido y no busque paliar realmente ese sufrimiento estará condenada al fracaso. -David Rieff, periodista y escritor, dice que el humanitarismo está en crisis. ¿Es así? -Algunas de sus críticas son acertadas. Puede que esté en crisis porque hay una apropiación tan grande del término humanitarismo que se ha creado confusión. No se entiende muy bien que se pueda hablar de misiones humanitarias de los ejércitos. Eso es preocupante. Y peligroso. El asesinato de cinco compañeros en Afganistán es un ejemplo: se ha creado una confusión de actores tal, que hay gente que primero dispara y luego pregunta. La acción humanitaria tiene que ser independiente e imparcial. Independiente de todo poder político y económico. Es muy difícil que un ejército sea independiente de la política exterior del país que representa, y no tiene que ser de otra manera, pero eso es una cosa, y la acción humanitaria otra. El término vende, y se utiliza con demasiada alegría. ¿El humanitarismo en su sentido original desaparecerá? -No es del todo cierto, pero algo hay de verdad. Mucha gente lo sigue haciendo por convicción, arriesga su trabajo o su piel para colaborar y ayudar. Pero es verdad que las ONG están de moda, y puede haber gente que las utilice para trepar, como un escalón intermedio en su carrera. Lleva razón en parte de su planteamiento, pero no por completo: sería muy injusto con mucha gente cuya única aspiración es ayudar.