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58 Los domingos DOMINGO 16 10 2005 ABC CARAVANA DE MUERTE EMILIA HERRANZ Presidenta de Médicos sin Fronteras (MSF- E) España y la UE han actuado de una forma débil ante Marruecos Cree que en la crisis de los inmigrantes subsaharianos nadie lo ha hecho bien. Ni España, ni Marruecos, ni la UE. Nosotros nos limitamos a denunciar un escenario de violencia y abandono subraya TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTO: SIGEFREDO S e sienta delante de un poleo menta y, antes de empezar, pide disculpas por su voz suave, como si fuera imposible ejercer la denuncia con unas cuerdas vocales como las suyas, seda en el volcán de una semana cosida con ruido, agotadora. Emilia Herranz, casada, con dos hijas a las que ve poco, viaja con el móvil encabritado, pendiente de que sus ojos en Marruecos le describan las desdichas de los inmigrantes subsaharianos en el desierto. El miedo. La necesidad. La violencia. El abandono. En realidad, nada nuevo para esta médica rural que ingresó en la ONG que hoy preside en 1992, y recorrió medio mundo con el maletín a cuestas. Guinea Ecuatorial, Cuba, Panamá, Colombia, Guatemala, Ecuador, Kenia, Somalia, Zimbabwe, Tanzania... A veces es tremendamente duro, porque se te mueren los pacientes, pero otras es gratificante: con acciones simples desde el punto de vista médico se pueden salvar vidas. Además, este trabajo permite denunciar lo que pasa con el ánimo de ayudar, de que alguien haga algo Y en ese punto, Emilia vuelve a su voz, tan suave cuando necesita hablar tan alto. ¿Qué le ha impresionado más de lo que le han contado estos días a través de ese móvil? -La situación de total abandono y desprotección de los inmigrantes. Yo he estado allí en otras crisis, y ya entonces me parecieron personas extremadamente vulnerables. Uno piensa que los inmigrantes que llegan a la frontera son los más fuertes, los que más medios tienen, aquellos a los que la familia ha apoyado para hacer el viaje. Objetivamente se puede pensar que no es la gente más necesitada de ayuda, que los que se quedan en Mali, Angola o Tanzania están en peor situación. Pero enseguida constatas esa aparatosa vulnerabilidad. Les roban, hacen enormes caminatas, se debilitan. Y de repente averiguan que, además de heridos y solos, les cubre un manto de incertidumbre. No saben adónde los llevan, tienen hambre, sed, miedo, enfermedades, lesiones que hay que curar. El hecho de imaginar algunos de los rostros que entonces vi todavía peor de lo que los vi es lo que más me ha afectado. -Un informe de MSF dice que en la última década han muerto 6.300 inmigrantes en la zona. Y sin embargo, en España no hay conciencia de un saldo tan alto de víctimas. -Ha sido un conflicto invisible, es cierto, y no sé la razón. Un compañero me decía que da la impresión de que este año se han batido récords de saltos de valla, y no ha sido así, pero por alguna causa la crisis se ha hecho más mediática. Hasta ahora el público recibía noticias sueltas, sobre todo relacionadas con las pateras, pero nosotros, en los últimos dos años, hemos atendido a más de diez mil personas sólo en el área de Ceuta y Melilla. -De pronto, los políticos han puesto ahí la lupa... -Los políticos tenían que ser conscientes de lo que pasaba, pero se les había visto poco por allí. Ahora han ido, influidos por el titular de los inmigrantes abandonados en el desierto. Sin esa denuncia, no sabemos qué hubiera pasado. La atención política ha venido motivada por el ruido que ha hecho la prensa, y la prensa ha funcionado como altavoz de las denuncias que los cooperantes hacían sobre el terreno. Yo creo que los políticos tenían que conocer la situación, pero lo cierto es que han viajado y se han hecho la foto sólo tras la denuncia. -Sus datos dicen que el 23,5 de las consultas atendidas por MSF en dos años han estado relacionadas con la violencia. -Hemos registrado casos de violencia provocados por las fuerzas de seguridad, sobre todo marroquíes, pero también españolas. Pedimos el mínimo, un trato digno y humano, pero es que ese mínimo no lo estamos viendo. España y la UE tienen que implicarse en conseguir que se cumplan los acuerdos globales Golpes, daños psicológicos, incluso violaciones a menores. Cualquier tipo de violencia es rechazable, pero quizá sea más preocupante la que procede de las fuerzas de seguridad. De las mafias podría caber suponerla, o los inmigrantes podrían temerla, pero de la Policía esperas protección y cumplimiento de las leyes internacionales. Si de ahí te llega dolor, ¿a quién hay que acudir entonces? ¿Cómo es su relación con las autoridades marroquíes? -La relación más intensa es con las autoridades sanitarias, y desde ese punto de vista no es mala. Los médicos marroquíes también se conmueven con estas historias. En cuanto al territorio político, nos hemos limitado a decir lo que vemos, a constatar lo que ocurre, la violencia, el abandono. La interpretación la tienen que hacer otros. Lo que MSF cuenta es lo que hay, datos, hechos, y los denunciamos con la intención de que algo cambie. Nosotros no pedimos explicaciones. Lo que queremos es que se tomen cartas en el asunto. Con algunas denuncias no ocurre nada, pero al menos salen a la luz, y nadie puede alegar el desconocimiento. Esta vez ha habido reacciones, es evidente, tanto en este lado como en el otro. -El panorama parece tan desolador que podemos pensar que no hay salida. ¿Lo cree usted? -Nosotros huimos del fatalismo, que conduce al abandono de estas poblaciones. Por eso estamos aquí, para aliviar su sufrimiento. Desde que nos concedieron el premio Nobel se nos suele escuchar más, pero es muy desesperante a veces ver que, con algunas actuaciones sencillas, con medicamentos asequibles y con medidas básicas de higiene se podrían evitar mucho sufrimiento y muchas muertes. Pero no nos rendimos: al contrario, nos sirve de aliento para continuar, para intentar poner a estas personas en las agendas de los medios, de los políticos, de los agentes económicos. ¿Qué ha sido más útil estos días: su papel como médicos o como testigos de cargo? -Las dos cosas. Cuadra muy bien con nuestro perfil: primero está el auxilio médico, pero parte de nuestra misión es el testimonio, siempre que pueda mejorar la calidad de vida de estas personas. Llevábamos dos años atendiéndoles, pero llegó un momento en el que además de sanar a los subsaharianos que encontramos en el desierto, pensamos: hay que gritarlo. La denuncia tal vez haya sido más útil que la atención médica, porque el mundo les ha mirado; quizá, en esta ocasión, ha salvado más vidas que la acción médica. Cientos de personas abandonadas en el desierto tienen pocas posibilidades de volver a casa. -Los políticos españoles y marroquíes se han mostrado satisfechos con su trabajo... -La sensación no es nueva. Nosotros no entramos en el debate de las soluciones al problema de la inmigración. Sólo contamos lo que vemos, intentamos dar atención médica y esperamos que se cumplan los acuerdos internaciona-