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56 Los domingos DOMINGO 16 10 2005 ABC CARAVANA DE MUERTE (Viene de página anterior) chos humanos, turistas despistados y mafiosos ávidos de negociar viajes al otro lado de la frontera. Nadie era mejor vista que ella. Todos los emigrantes la conocían. Y a todos- -o casi- -los conocía. Sus desventuras. Sus ilusiones. Sus verdaderos nombres y países... Por eso Maleno ha sido la pieza clave que ha puesto en marcha el engranaje para que el abandono por parte de las autoridades de Marruecos de centenares de subsaharianos en el desierto no termine en una tragedia de dimensiones inasumibles. Fue ella quien dio por primera vez la voz de alarma cuando todos mirábamos sin descanso las vallas de Ceuta y Melilla a la espera de una nueva avalancha. Detenciones en cadena Fue el sábado 1 de octubre. Me llaman desde Rabat. Está habiendo detenidos. Veinticuatro son demandantes de asilo. Siguen detenciones en Casablanca. En las calles, en los cafés, en las casas... Se llevan incluso gente con visados de estudiante, con sellos de entrada en sus pasaportes todavía vigentes... Algo estaba pasando explica. En sus manos, una libreta en la que apunta todo. El móvil y ese cuaderno son una prolongación de sus manos huesudas. Unas horas antes de todas estas redadas, medio centenar de subsaharianos se habían entregado a las autoridades en el campamento de Beliones. Fue en la mañana del viernes 30 de septiembre. Arrojan la toalla después de la avalancha en la que han conseguido entrar más de doscientos en Ceuta pero también ha costado la vida a cinco de ellos. Este corresponsal, testigo de la rendición en grupo, confirmó por boca del jefe de la Gendarmería de Tánger, que dirigió la operación, que todos ellos serían expulsados del Reino alauí por la frontera de Argelia a la altura de la ciudad de Uxda, a unos 150 kilómetros de Melilla. Todos, los de Rabat, Casablanca, Beliones... pensaban que irían, como siempre, hacia Uxda. La Jefa que de todo se acaba enterando, lleva su balance particular de la avalancha de Ceuta y echa cuentas. Teníamos perdidos a 132, entre los que había 18 heridos, que habían sido expulsados tras entrar en Ceuta y que fueron trasladados al cuartel de la Gendarmería de Tetuán Se habían evaporado, porque ya no estaban allí y, supuestamente, deberían tomar el mismo camino, Uxda. Efectivamente, hasta esa ciudad empiezan a viajar los distintos grupos de detenidos a lo largo y ancho de Marruecos. A través de sus teléfonos móviles mantienen permanentemente informada a su ángel de la guarda, que ve con sorpresa cómo los autobuses pasan de largo y toman la carretera que va hacia el sur, paralela a la frontera argelina. Los subsaharianos intentan aportar datos sobre adónde se dirigen. Errachidía, Budenib, El Aui- Autobuses fletados por las autoridades marroquíes (sobre estas líneas y abajo) emprenden el camino de Uxda para la definitiva repatriación, hacia Mali y Senegal, de los subsaharianos con los que no ha podido el infierno del desierto na Suatar... el desierto puro y duro, mordiendo ya la raya casi sin marcar con el vecino argelino. Todos empiezan a llamarme explica cogiendo su teléfono. Van en muchos grupos. Cree que primero llegaron a la zona del desierto los que devolvieron a través de la valla de Ceuta. Después, los de Rabat y Casablanca. Los que se rindieron en Beliones... En sus notas está todo. Sabe de dónde vino cada llamada. En su mente iba organizando los convoyes de autobuses. Quién iba en cada uno. De dónde procedían... Y nadie hacía caso a Maleno, cuando la tragedia se estaba mascando en pleno pedregal de la hamada De espaldas a las vallas, que seguían acaparando la atención de todos. Toda la información que iba recopilando la pasábamos inmediatamente a todos mis contactos de internet y a la web de Indimedia- Estrecho En su cuaderno iba anotando testimonios escalofriantes. Este es el de Hamidu, ya repatriado en avión a Senegal. Las luces son Argelia. Hemos andado toda la noche hacia las luces. Había heridos. Nos hemos perdido en el desierto. Todos aquellos que no llegan al campamento argelino se mueren. Nos han dado de comer, de beber, y no nos han maltratado. Nos han indicado el camino de vuelta a Marruecos. He visto siete muertos. Dos eran mujeres anglófonas. A los que logran salir del desierto, los marroquíes los vuelven a mandar al desierto Hamidu siguió llamando a su protectora. Buscad a la gente con helicópteros. Pedid a la ONU que los recojan, aunque sea del lado argelino El silencio oficial, aun conociendo a La Jefa impedía salir a toda página con lo que sabíamos que era verdad pero no podíamos comprobar con nuestros propios ojos. Desde Rabat no sólo lo desmentirían, sino que, como suelen hacer, dilapidarían el trabajo de los periodistas. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Rabat y Ginebra callaba en una espera preocupante. Ahora, escribiendo este reportaje, uno no puede evitar cierto sentimiento de culpa por no haber logrado que la tragedia se contase antes. Todo estaba consumado cuando un equipo de Médicos Sin Fronteras llegó a El Auina Suatar el viernes 7 de octubre. Aunque el espectáculo era sobrecogedor, podría haber sido mucho peor si los subsaharianos no hubieran tenido la oportunidad de dar la voz de alarma días antes. Todavía este viernes, mediante la agencia oficial Map, Marruecos se mofaba de esas baterías de móviles que pasan de mano en mano por el desierto y, según ellos, nunca se acaban. Esas baterías son las que impidieron que la decisión de dejarlos tirados en medio de la nada acabara convirtiendo a los inmigrantes en carroña. Otro senegalés. Ayer enterramos a un muerto. A uno con las piernas rotas lo llevamos a las espaldas. Si nos van a matar, mejor que nos lleven a nuestros países La Jefa recibía llamadas las veinticuatro horas del día. Háblame. Cuéntame cosas para que pueda seguir andando. Cosas del bosque, de cuando estábamos juntos Gracias a los móviles Se desgañitaba por el móvil. Insistía una y otra vez. Tenéis que contarlo. Llamad a vuestros jefes a Madrid. Escribid sobre lo que está pasando. Ayudadnos a que reaccione la ONU, la comunidad internacional. Contadlo, que está muriendo gente abandonada por los marroquíes en el desierto En Tánger, una mujer escocesa es la primera que aporta 150 euros que se destinan a frenar la caída en picado del saldo del teléfono de La Jefa También se cargan los de quienes llaman desde el desierto. Después vendrían más pequeñas, fundamentales para seguir con el empeño de buscar a los subsaharianos para salvarles la vida. A la entrada de Dajla, pudimos verlos de cerca por primera vez. Nos llamaban por las ventanillas. Sandra lloraba. Y Marruecos desmentía lo que veíamos con nuestros propios ojos Camino del infierno Finalmente, el sábado 8 de octubre consiguen lo necesario para salir de Tánger con una Renault Kangoo de alquiler La Jefa el jesuita Pep Buades, el olivarero y voluntario de la asociación Elín Francisco Carrasco y la observadora de Women Links Worldwide Sandra Escauriaza. No se conocen entre sí ni se habían embarcado nunca en una aventura como esta. Sobre la furgoneta, 500 raciones de comida preparadas por las Hermanas de Calcuta con la ayuda de vecinos de Tánger. Una pieza de pan, una lata de sardinas, un zumo y una botella de agua. Es una expedición humilde, sin apenas recursos y que va por detrás de la de Médicos Sin Fronteras. Pero llevan un tesoro: los contactos y la información que, sin parar, le llega a La Jefa Así comienzan a tragar kilómetros sin descanso, mientras siguen llegando noticias de