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34 Internacional EL CONFLICTO CHECHENO SE EXTIENDE POR EL CÁUCASO NORTE DOMINGO 16 10 2005 ABC La muerte de Masjadov radicaliza a los separatistas R. M. M. MOSCÚ. El líder separatista Aslán Masjadov, abatido el pasado mes de marzo en una operación trampa de los servicios secretos rusos, había mantenido lejos de los órganos de dirección de la guerrilla a Shamil Basayev, autor de los atentados terroristas más brutales cometidos en Rusia, pese a su indiscutible carisma entre muchos de los combatientes. Sin embargo, tras su muerte, Basayev ha recuperado el control de la insurgencia, haciéndola más radical y beligerante. Hacía falta alguien con talla, capaz de coordinar a la guerrilla y estimular nuevas inyecciones de dinero de parte de las organizaciones terroristas internacionales y ese hombre sólo podía ser Basayev aseguraba hace unas semanas el general Valeri Manilov, ex jefe adjunto del Estado Mayor del Ejército ruso. Integrados en la estructura de Al- Qaida, los wahabíes a las órdenes de Basayev emplean métodos parecidos a los de la insurgencia iraquí. Entre otros crímenes, practican el asesinato sistemático de policías o de cualquier otro colaborador con las tropas rusas. Familiares de un policía ruso abatido en la ciudad de Nalchik por guerrilleros islamistas transportaban ayer su cadáver REUTERS El paro, el estancamiento económico, la corrupción y los abusos de las tropas rusas son el mejor caldo de cultivo para el extremismo islamista. En el Kremlin lo saben, pero nada parecen hacer para evitarlo y la amenaza que se cierne sobre Rusia es la desintegración En armas contra la madre Rusia RAFAEL M. MAÑUECO. CORRESPONSAL MOSCÚ. El presidente Vladimir Putin saltó al estrellato político ruso cuando su predecesor, Boris Yeltsin, le nombró primer ministro, en agosto de 1999. Su irresistible ascensión se produjo siendo director del FSB (antiguo KGB) y tuvo lugar justo en el momento en el que el terrorista número uno de Rusia, Shamil Basayev, y sus hombres acababan de comenzar un ataque a gran escala contra Daguestán para instaurar allí un Estado islámico, como el que regía en Chechenia en aquel momento. La misión de Putin era poner freno a la amenaza que suponía el régimen checheno y evitar la extensión del islamismo radical por todo el Cáucaso Norte. Su talante resolutivo y duro caló en el pueblo ruso y consiguió que le confiaran el sillón presidencial pero, seis años después, los extremistas islámicos campan a sus anchas, no sólo por Chechenia, sino también por Daguestán, Ingushetia, Osetia del Norte, tristemente famosa por lo que sucedió en Beslán el año pasado, y KabardinoBalkaria, cuya capital, Nálchik, fue atacada el pasado jueves por un centenar y medio de guerrilleros. Ni la vecina región de Stavropol, patria del ex presidente soviético Mijail Gorbachov, ni las repúblicas norcaucásicas de Karachaevo- Cherkessia y Adigueya, están a salvo de esas sangrientas incursiones. Todo el Cáucaso Norte esta ya incendiado. Desde hacía un año no se habían vuelto a repetir acciones terroristas de gran envergadura, lo que creó una falsa imagen de que algo avanza. La muerte, el pasado mes de marzo, de Aslán Masjadov, principal líder guerrillero y presidente electo de Chechenia, vino a reforzar esa sensación de mejoría. En realidad, la violencia no ha cesado ni un momento. Los ataques contra policías y fuerzas del Ejército son diarios en Chechenia, Daguestán e Ingushetia, como también las desapariciones de personas. Eso sin contar los altos niveles de delincuencia que azotan toda la zona. Fobia contra los chechenos Las expeditivas medidas que ha venido aplicando Putin en los últimos años para erradicar el terrorismo y la violencia no están dando el resultado esperado. Los expertos señalan varias causas que explicarían por qué las filas del fundamentalismo caucásico se siguen todavía nutriendo de combatientes: el paro, el estancamiento económico, la corrupción y los abusos de las tropas rusas. Según Ramzán Kadírov, número dos del Gobierno pro ruso de Chechenia e hijo del presidente asesinado, Ahmad Kadirov, a esa lista habría que añadir la xenofobia reinante en toda Rusia hacia nosotros los chechenos Según datos del Gobierno ruso, el paro alcanza al 70 por ciento de los jóvenes en el conjunto del Cáucaso Norte. En el caso de Chechenia supera el 90 por ciento. Ese mismo porcentaje, según los datos facilitados por el minis- tro ruso de Desarrollo Económico y Comercio, Herman Gref, es el que hay de pobres en la república separatista. Se trata de un círculo vicioso considera Gref. No hay inversiones, que crearían riqueza y puestos de trabajo, porque hay una gran inseguridad. Y son el paro y la pobreza las principales causas de que los extremistas lo tengan fácil a la hora de reclutar combatientes para seguir perpetrando acciones terroristas. La corrupción, según reconoce el propio jefe del Kremlin, ahoga la economía, en general en toda Rusia, pero de forma especial en Chechenia y en las repúblicas norcaucásicas. Dmitri Kozak, representante del presidente Putin en el Distrito Federal Sur, elaboró recientemente un informe advirtiendo de que la catastrófica situación política y económica en el Cáucaso Norte, debida a la corrupción, el nepotismo y la crítica situación social de la población, entraña un grave riesgo de que avance el separatismo y Rusia termine desintegrándose. El diario digital de oposición ruso Gazeta. ru señalaba esta semana que no es de extrañar que la gente se eche al monte cuando las dotaciones del Gobierno federal desaparecen al llegar a la región, mientras los dirigentes republicanos se construyen mansiones, cuando aumenta la pobreza y cuando hay que pagar enormes sobornos para encontrar colocación e incluso sitio en la escuela para los niños Gazeta publicaba recientemente el resultado de un sondeo realizado durante el verano en Daguestán, en el que la mayoría de los encuestados reconocieron estar dispuestos a echarse a la calle, algunos incluso con armas, para acabar de una vez con la pobreza, la corrupción y la inseguridad. AI acusa al Ejército Uno de los focos de inseguridad e indignación en la región lo constituyen precisamente las fuerzas de seguridad rusas, sobre todo los destacamentos de operaciones especiales del Ejército. A ellos, según Amnistía Internacional (AI) se les atribuyen torturas, secuestros, detenciones arbitrarias y asesinatos sumarísimos de civiles. El último episodio de ese tipo de abusos se produjo el pasado mes de agosto en una aldea chechena cercana a la frontera con Daguestán, de la que desaparecieron sin dejar rastro once personas. Después se supo que por allí había pasado el destacamento Vostok una unidad especial del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas. El terrorista Basayev ha aumentado su poder en la guerrilla chechena Vladimir Putin no ha conseguido frenar el auge del islamismo