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100 Los sábados de ABC SÁBADO 15 10 2005 ABC A TODA VELA FRANCISCO SITGES Armador de la emblemática saga de barcos Xargo y ex presidente de los prestigiosos Astilleros Mefasa Mi fustración fue no cruzar el Atlántico Es el armador por antonomasia en España. A sus casi 77 años, la gran familia de la vela le rendirá homenaje en la próxima Semana del Atlántico. La Medalla de Oro de la Real Federación Española de Vela es poco galardón para tanta humanidad TEXTO: PEDRO SARDINA Fue uno de los grandes empresarios de las décadas de los 70, los 80 y los 90. Nacido hace setenta y siete años en Arnau (Asturias) en el seno de una familia de ingenieros de minas, hizo el doctorado en Ciencias Químicas en la Universidad de Oviedo y llegó a ser presidente de los Astilleros Mefasa, donde se han construido los barcos más emblemáticos de la náutica española. ¿Cómo fueron sus comienzos? -Nací en un acantilado del Cantábrico, por lo que mi amor al mar brotaba por mis venas. Avilés era un puerto de carbón y a mí me encantaba pescar con trasmallos, al curricán, a los calamares y al bonito, si había. Necesitaba un barco para poder realizar mi afición. Tenía una piragüa que me había construido gracias a los planos que me trajo mi padre de América, pero con eso no se podía, así que encargamos un bote de seis metros para remar a cuatro, al que pusimos una vela latina. Teníamos catorce años y nunca habíamos visto un barco de vela. Ahí comenzamos a aprender a navegar. ¿Comienzos difíciles para unos jovencitos? -No había otra cosa, y si queríamos navegar había que hacerlo así. Más tarde tuvimos un Star, que compramos a un ingeniero del puerto, y con él empezamos a saber lo que era la velocidad en el mar. El momento crucial de mi vida marina fue cuando me planteé comprar una avioneta o un barco. Yo era piloto y me encantaba volar. Después de pensarlo mucho, me decidí por el barco para poderlo compartir con mi familia. Me hice un barco pesquero de aluminio de veintiséis metros al que llamé Xargo I y me lancé a la aventura sin tener casi ni idea. ¿Ese no era para navegar a vela? -No. En principio lo utilizábamos para navegar desde Asturias a cualquier punto del Mediterráneo. Pasábamos Finisterre y el Estrecho de Gibraltar con toda la familia a bordo y nos íbamos de vacaciones a Ibiza o Palma. Allí pasábamos el verano en un ambiente muy náutico. ¿Cómo pasó de un pesquero a un velero? -En mi mente tenía que lo que realmente quería era un velero. Hice unos planos a mi manera para esperar a que llegara una oportunidad. Estando en Ibiza me encontré con dos jovenzuelos e invitándoles a unos vinos les hablé de mi proyecto. Ellos fueron receptivos, aunque me tacharon de chalado cuando les saqué esos planos de un cajón. Los dos jovenzuelos eran Antonio Román y José Eraso. ¿Cómo era ese diseño? -Era un velero de dos mástiles, tenía treinta y seis metros de eslora y estaba fabricado en aluminio. Lo diseñé con cuatro camarotes, uno para que cada miembro de mi familia, y también tenía camarotes para la tripulación. Era un barco demasia- El Rey a bordo del Xargo después de una regata do grande para lo que se estilaba entonces. Sólo la quilla pesaba veindidós toneladas y calaba seis metros. Vendí el Xargo I a un armador griego y nos pusimos a construir el Xargo II -Luego, llegó el Xargo III -Sí. Era un gran barco, que dio la vuelta al mundo compitiendo contra el Licor 43 Estoy muy orgulloso de ese barco. Era noble y duro. Un barco para navegar sin fronteras. -Y el Xargo IV -Esa es un historia muy bonita. Era un barco con tanta calidad, que Dennis Conner venía a donde estábamos regateando para entrenarse para la Copa América. Lo construimos en 1980, en Estados Unidos. Hicimos regatas en Bahamas y en varios sitios, pero me fustró mi ilusión de cruzar el Atlántico. Cuando íbamos a hacerlo se llenó de agua por culpa del tambucho de proa, que medía más de un metro cuadrado, y tuvimos que dar la vuelta para arreglar esa avería. Como tenía que trabajar, me quedé en tierra y se abortaron todas mis ilusiones de cruzar el charco. Sólo nos ganaba el Kialoa que era otro maxi, y fue todo un honor que el armador del Kialoa encargara a Mefasa la cuarta unidad de esa saga. German Fers dio con el diseño ideal y en match race éramos casi invencibles. Fuimos los pioneros en poner un génova de kevlar y subcampeones del mundo. ¿Qué le parece la tecnología que hay ahora? -Los barcos han evolucionado a máquinas de velocidad, pero han descuidado la seguridad. Nosotros inventamos en Mefasa las ruedas de acero, que eran mucho más resistentes que las de plomo, así como las poleas de reenvío. Hicimos las botavaras rectagulares porque tenían la misma resistencia, pero servían para aprochechar treinta centímetros más de velamen. Fuimos pioneros en navegar con génovas de kevlar y en adaptar a los barcos botavaras cuadradas