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6 Opinión SÁBADO 15 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS ALBERTO MONTANER ESCRITOR EL CIRCO DE ZAPATERO E gusta imaginar a José Luis Rodríguez Zapatero disfrazado con un quimono rojo bien bordado y pantalones negros de satén. Tal y como los artistas de circo especializados en el número de los platos diabólicos ¿Recuerdan? Sobre una larga mesa, verticales, surgen unas finas varas de bambú y, cimbreándolas, el habilidoso malabarista coloca sobre ellas un plato que gira vertiginosamente. Al primero sigue un segundo, y un tercero y un cuarto. Recuerdo haber visto en el Price de Madrid, el circo que hoy ocupa con poco garbo y menos arte el equipo de Carmen Calvo, a un maestro del género capaz de mantener en movimiento hasta M. MARTÍN tres docenas de platos. FERRAND La tensión en la pista era inmensa. Alguna de las varas cesaba en su vibración impulsora y el plato corría el riesgo de caer al suelo, pero la agilidad del artista le permitía llegar a tiempo, en dos zancadas, y agitar otra vez el bambú. Zapatero llegó al circo de la política, como tantos otros, sin un número bien ensayado. Su pertenencia a la familia socialista le abrió las puertas en tan endogámico espectáculo y, tras hartarse de polvo y serrín en la pista central del de la Carrera de San Jerónimo, le llegó su oportunidad. Algo que les debe, en parecidas terceras partes, a sus electores, a los efectos del 11- M y, en virtud del principio de acción y reacción, a José María Aznar. En consecuencia, tuvo que improvisar un número para salir a la pista y optó por los platos diabólicos Hasta ahora ha venido actuando sin brillo, pero con discreción. Poco a poco, según crece el número de platos en movimiento, su situación es más apurada y ya es el momento en que, entre las zancadillas que le pone Pasqual Maragall, el domador de caniches que le precede en la actuación, los empujones que le atizan los integrantes de la troupe de saltadores marroquíes, los antipodistas cubanos, los forzudos venezolanos y demás actuantes coincidentes bajo la misma carpa, se le pueden venir todos los platos al suelo. Siguiendo el mandato circense, el espectáculo debe continuar; pero a Zapatero se le avecina un gran sofocón como consecuencia de lo que ya pinta como su inmenso fracaso. No porque se le caigan los platos desde lo alto del bambú, que los aficionados tendemos a benevolentes y aplaudidores, sino porque se descubrirá que los platos no eran cerámicos como quiso hacernos creer en su presentación y, en consecuencia, no se rompen al caer al suelo. Zapatero nos ha dado plástico por porcelana y, de engaño en engaño, sostiene un circo en el que las fieras son de cartón, como las pesas de los forzudos. Sus payasos no tienen gracia y, puestos al fracaso, no tocan el saxofón ni la trompeta. Ni tan siquiera saben darle a la pandereta. Un circo calamitoso, de aficionados, que ya aburre al personal. Comienzan a sonar los primeros pateos. M UNA CUMBRE INÚTIL PARA UN CONTINENTE INDEFENSO El autor analiza las principales sombras que se ciernen sobre Iberoamérica, centradas en el emergente eje populista formado por Chávez y Castro, y el desinterés de Washington. Y lamenta, sobre todo, que en la Cumbre no se aborden los problemas reales de la región U NA de las consecuencias perversas de las Cumbres Iberoamericanas es que contribuyen a estimular a losenemigos de España y de la Hispanidad. En América Latina estos costosos saraos suelen animarse con las protestasde grupos indigenistas manipulados por los comunistas en contra del oprobioso genocidio de los aborígenes a manos de los españoles La señorita Rigoberto Menchú- -machacada por sus compatriotas, no por los españoles, dicho sea de paso- -ha hecho una bonita carrera con estos peculiares lamentos. En Salamanca ha ocurrido exactamente lo mismo: el entusiasta y bullicioso comité de recepción de Fidel Castro y de Hugo Chávez lo integran Batasuna, el entorno etarra, independentistas radicales de toda laya, más la furibunda patulea de enemigos del mercado, de la monarquía, de la Unión Europea, de la OTAN y de cualquier elemento que le confiere sentidoy forma a la democracia occidental. Aquello parece la fiesta de cumpleaños de Stalin. A Castro y a Chávez los aman, precisamente, quienes detestan a España. Pero este año la cita iberoamericana coincide con otro hecho alarmante. Estados Unidos desplazó hacia el Medio Oriente a la mitad de los asesores militares destacados en Colombia. Es todo un síntoma de la benigna negligencia con que Washington se relaciona con la región, pese a la cálida retórica de sus diplomáticos. Eventualmente, acabará des- entendiéndose del conflicto. La compleja y difusa estructura del poder en Estados Unidos impide el establecimiento de compromisos de largo alcance. El check and balance conlleva ese efecto pernicioso: Estados Unidos no es un aliado fiable. Su diseño institucional se lo impide. Basta una alteración enel signo de la opinión pública o en la aritmética parlamentaria para que se debiliten o refuercen los nexos exteriores. Pero también se entiende la fatiga norteamericana. América Latina no es África. Si los latinoamericanos no son capaces de prosperar y mantener la democracia y el orden interno, pese a contar más de dos siglos de independencia, con universidades que poseen cuatrocientos años de su fundación, provistos de élites cultas y educadas, es muy poco lo que Estados Unidos puede hacer. El asunto es muy grave, porque llega en mal momento. Es una lástima que las Cumbres Iberoamericanas, que se reúnen periódicamente, no sirvan para examinar seriamente los problemas de la región. El mayor peligro que hoy amenaza a todas las naciones latinoamericanas es la evidente formación de un eje Castro- Chávez encaminado a desestabilizar a todos los paísesde la zona. Esta pareja de hecho (y pronto de derecho si se constituye la federación cubano- venezolana de que tanto se habla) tras un sesudo análisis de las condiciones objetivas de la historia, como dicen en esa secta