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4 Opinión SÁBADO 15 10 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL GIRO EXTERIOR PASA FACTURA E UNA CUMBRE EN BUSCA DE SENTIDO D ESDE la primera Cumbre Iberoamericana, celebrada en 1991 en Guadalajara (México) han transcurrido quince reuniones de presidentes. Uno tras otro se han sucedido los encuentros trasatlánticos entre los representantes de los pueblos de lengua española y portuguesa, y todavía ese proyecto de integración sigue estando en el aire. Es más, la opinión pública en España y en los restantes países tiene la sensación de que estamos poco más que ante un concepto que tan sólo logra destilar grandilocuentes declaraciones de principios y buenas intenciones que se olvidan tan rápidamente como se da por terminado el encuentro. Sentar a los presidentes a hablar de Iberoamérica está bien, pero ya llevamos tres lustros haciéndolo. Se ha intentado proponiendo de antemano un tema central para ser tratado en las reuniones o, por el contrario, dejando el programa al albur de la actualidad, y ninguna de las dos opciones ha funcionado. A estas alturas es evidente que mientras no se logre un marco institucional estable que prepare las reuniones, y se encargue después de poner en práctica lo acordado, será imposible concretar un proyecto eficaz. Por eso, la Cumbre que comenzó ayer en Salamanca ha de suponer un impulso definitivo al Secretariado General que preside el uruguayo Enrique Iglesias y que ha de ser la semilla de este entramado institucional futuro. Lamentablemente, los poco más de cinco millones de dólares comprometidos para el funcionamiento de esta institución auguran que, a pesar del prestigio indiscutible de su responsable, este Secretariado General no lo tendrá fácil para sacar adelante su cometido y llevarlo a la altura de las aspiraciones comunes de los iberoamericanos. Dar sentido concreto a la cita y evitar el desánimo entre los asistentes al acudir a la reunión, resumido por el presidente de Colombia con la famosa frase del turismo presidencial Por debajo de estos hechos, la comunidad iberoamericana existe de la mano de unos poderosos lazos de compenetración, sincronía e identidad entre los pueblos que la forman. Muchos factores nos unen: la lengua, la cultura, la historia y la vida de millones de personas que han formado parte de las formidables corrientes migratorias que se siguen produciendo hasta hoy en día- -de las que el propio Iglesias es un ejemplo, puesto que nació en España pero su familia recaló en Uruguay- y estos vínculos están ahí, renovándose a pesar de los casi dos siglos que han transcurrido desde el inicio de los procesos de la independencia americana. Sin embargo, poderosos obstáculos tienden paulatinamente a entorpecer su futuro. Uno es geoestratégico, y el otro político. Así, la germinante vida comercial y financiera que acumula el Pacífico hace que el eje de los intereses económicos de la comunidad se desplace progresivamente hacia el oeste, orillando así su fachada atlántica y, sobre todo, su mirada hacia Europa a través de España y Portugal. Mientras, la imponente vecindad de Estados Unidos al norte de esa inmensa comunidad ha dado la desafortunada impresión de que el proyecto de las cumbres debería ser una especie de contrapeso, cuando en realidad debe ser un elemento complementario. Y políticamente, se sabe que nada cimienta más una relación entre pueblos que una comunidad de valores, y ese debería ser el principal objetivo de este foro. La extensión y preservación de la democracia, de la libertad y del respeto a los derechos humanos ha de ser el mejor cemento para mantener unidas a las sociedades que, aunque nacieron de una misma raíz, son ahora diversas y florecen enriquecidas con el mestizaje. Peor aún, la actitud egocéntrica de ciertos dirigentes- -presentes o ausentes- -que actúan más animados por impulsos populistas o escudados en ideologías trasnochadas, ha hecho que muchas veces el mensaje político de estas reuniones se haya convertido en un reflejo distorsionado de los verdaderos impulsos sociales de los países iberoamericanos. Que el Gobierno socialista haya prestado voz, voto y atención a los folclorismos políticos (no por ello exentos de riesgos) de Castro o Chávez y que haya revertido el hilo conductor de la política exterior de nuestro país- -que por su delicada naturaleza debe ser ajeno a los vaivenes desquiciantes- -es una muy mala noticia para España y para esta Cumbre. RA de esperar. El giro copernicano en las relaciones exteriores de España impulsado por Rodríguez Zapatero desde que llegó a La Moncloa comienza a pasar factura y a perjudicar los intereses económicos de nuestro país. Estados Unidos acaba de vetar la venta de aviones españoles, que tienen componentes de patente estadounidense, a Venezuela. El veto, del que hoy informa ABC, coincide en el tiempo con la inquietud que en Washington ha despertado que España apoye, por primera vez en su historia, una resolución contra el bloqueo de EE. UU. (un país en teoría aliado) a Cuba (la última dictadura de Occidente) Ambas noticias no están directamente conectadas, pero sí comparten el mismo momento traumático que viven las relaciones bilaterales entre Washington y Madrid y que el Ejecutivo socialista ha sido incapaz de enmendar en año y medio de mandato. Lejos de hacerlo, parece decidido a empeorar la situación. Mientras se dedica un apoyo entusiasta a dos personajes de la catadura moral y política de quienes mandan en Venezuela y Cuba, se escenifican desencuentros con quienes lo hacen o lo harán en Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania. Comparen. Nunca las relaciones exteriores de España habían aspirado a tanta irrelevancia y a tan minúsculos objetivos. Elena Salgado AFP AHORA SE ACUERDAN DE LOS ANTIVIRALES SPAÑA tiene pensando solicitar a la Unión Europea que se cree una especie de fondo de solidaridad para compartir los antivirales destinados a contrarrestar un hipotético brote de gripe aviar. Mientras Francia almacena ya cinco millones de dosis, España sólo cuenta con 6.000. De nuevo, la improvisación se coloca en el frontispicio de nuestros gestores, incapaces de ver un problema hasta que lo tienen encima. Que algunos países hayan sido capaces de almacer millones de dosis y España no, merece una reflexión por parte de las autoridades sanitarias. De nuevo cunde la sensación de falta de coordinación entre las administraciones central y autonómica, autoras a medias de esta negligente respuesta, si bien corresponde al Ministerio de Sanidad una mayor responsabilidad pues hubo de pilotar, e imponer llegado el caso, un mecanismo de previsión más eficaz. No fue del todo así, y hoy sólo nos queda esperar la solidaridad del vecino. PRECIOS: TEMORES QUE SE MATERIALIZAN E A tasa de inflación ha traspasado la línea roja, en España y en Europa. El ogro inflacionista asoma pues la oreja, una vez más con el petróleo como protagonista; aunque tal hecho, que es un dato, no debería convertirse en excusa. La tasa de septiembre eleva la subida interanual del IPC al 3,8 por ciento en España (índice armonizado) y a más del 2,5 por ciento en la zona del euro. Con esos datos, uno de los efectos inevitables será la subida de los tipos de interés que el Banco Central Europeo ha insinuado, en realidad ha anunciado, y que puede empezar a materializarse a fin de año. La subida del precio del dinero tendrá un efecto contractivo en la economía española, deseable, pero que puede afectar al motor del crecimiento, al consumo interno, más allá de lo que la teoría y el análisis económico sugieren. Así que empieza una travesía económica menos virtuosa, más azarosa que la que venimos disfrutando durante los últimos años. El Gobierno reconoce que a fin de año la tasa de inflación puede instalarse en torno al 4 por ciento, doble de la L pretendida y más de un punto por encima de la media europea. Es cierto que el precio del petróleo es el principal responsable de semejante estirón, pero en el caso español a ese factor se añaden otros que vienen siendo crónicos y que nadie ha sido capaz de conjurar. El diferencial español en esta materia, que se arrastra desde la implantación del euro, constituye en este momento la principal amenaza de futuro para nuestra economía y nadie quiere tomárselo en serio para actuar en consecuencia. El efecto de semejante tasa de inflación sobre los gastos presupuestarios (pensiones y otros epígrafes) no será ni neutral ni pacífico; puede producir consecuencias adicionales nada deseables, que si no son bien gestionadas empujarán a un cambio de ciclo. Las expectativas económicas se contagian de las malas noticias casi con inmediatez, y lo que ha sido firme confianza en el futuro puede convertirse en recelo y temor. La resignación cómoda con la que el Ejecutivo y los agentes sociales aceptan la situación es tan alarmante como el dato mismo.