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60 Cultura NOBEL A UN PUNZANTE CRÍTICO DE LA POLÍTICA OCCIDENTAL VIERNES 14 10 2005 ABC LA AGRIA SEMILLA EN AMÉRICA ALFONSO ARMADA D esde que otro incómodo fustigador del poder, Dario Fo, lo ganara, ningún dramaturgo había vuelto a merecer el Nobel. Harold Pinter es un peligro público, sobre todo para aspirantes a autores: su pirotecnia cargada de malicia, su intencionada crítica del poder y, sobre todo, de los mecanismos de poder y engaño que se agazapan en las palabras, ha hecho pensar a incautos y ambiciosos que basta con hacer piruetas a la pinteriana para dar en el blanco. El propio Pinter no ha podido librarse de ese riesgo, pero su furia contra las fachadas, los disfraces y las buenas intenciones que incendian el mundo le han permitido, gracias a su control del material dramático, salir más airoso que sus muchos epígonos e imitadores. Sin embargo, y contra el aserto de teletipos que lo nombraban el más importante dramaturgo británico vivo cabe pensar que tal vez Caryl Churchill lo ha dejado atrás. Para esos escrutinios están los críticos. En su permanente diatriba contra maniobras interesadas y retóricas de humo, Pinter se empleó a fondo contra el alto mando político anglosajón (el tándem Bush- Blair) a cuenta de la guerra de Irak: sirviéndose del púlpito de su fama, calificó de pandilla de delincuentes a la cúpula estadounidense y lamentó la pesadilla de histeria, ignorancia, arrogancia, estupidez y beligerancia de la primera potencia, y llegó a acusar a su primer ministro de criminal de guerra En la orilla americana son muchos los autores de las penúltimas hornadas que han bebido del agrio manantial de Pinter, empezando por Edward Albee y terminando por Tony Kushner, aunque en ese ácido que corroe la falsa inocencia del lenguaje y su avieso uso político, moral y sexual figuras como Sam Shephard, Neil LaBute y Richard Foreman también han tenido en distinto grado a Pinter como punto de partida ético y estético del que desmarcarse y trazar sus propias cartografías. Teatros de off Broadway, como LaMama y Theather for a New City, también han alumbrado dramaturgias al calor de la fértil ira de Pinter. Shephard, profundamente irritado por el redoble iraquí, hizo en El dios del infierno su particular y rabiosa contribución a la Pinter como denuncia del fascismo republicano aunque su vuelo literario quedó alicorto por un exceso de lastre político, algo que el británico ha conseguido casi siempre evitar. Disturbios en la fábrica POR HAROLD PINTER (Una oficina en una fábrica. El señor Fibbs en su escritorio. Un golpe a la puerta. Entra el señor Wills) FIBBS: Ah, Wills. Bien. Adelante. Siéntese, por favor. WILLS: Gracias, señor Fibbs. FIBBS: ¿Recibió mi mensaje? WILLS: Acabo de recibirlo. FIBBS: Muy bien. (Pausa. Bueno. Vamos a ver... ¿Quiere un cigarro? WILLS: No, gracias, por mí no, señor Fibbs. FIBBS: Pues verá, Wills, escuché que había habido algún disturbio en la fábrica. WILLS: Sí, yo... Yo creo que podría decirse así, señor Fibbs. FIBBS: Bueno, por el amor de Dios, ¿de qué se trata? WILLS: Bueno, no sé exactamente cómo explicárselo, señor Fibbs. FIBBS: Pero vamos, Wills, tengo que saber de qué se trata, para poder hacer algo al respecto. WILLS: Bueno, señor Fibbs, es nada más que los obreros se... bueno, parece que se pusieron en contra de algunos productos. FIBBS: ¿En contra? WILLS: Parece que ya no les gustan mucho. FIBBS: ¿No les gustan? Pero si tenemos fama de producir los mejores repuestos para máquinas de todo el país. Son los hombres mejor pagados de la industria. Tenemos la cantina más barata en Yorkshire. No hay dos menús iguales. Tenemos salón de billar en las instalaciones, ¿no? tenemos una pileta de natación para el personal. ¿Y qué me dice del salón para escuchar discos? ¿Y me viene a decir que están disconformes? WILLS: Oh, los hombres están muy agradecidos por todas las instalaciones, señor. Lo que no les gustan son los productos. FIBBS: Pero son productos hermosos. Llevo toda una vida en el negocio. Y nunca he visto productos tan hermosos. WILLS: Así son las cosas, señor. FIBBS: ¿Cuáles no les gustan? WILLS: Bueno, está el troncho miñón de bronce, por ejemplo. FIBBS: ¿El troncho miñón de bronce? ¿Qué problema tiene el troncho miñón de bronce? WILLS: Parece que ya no les gusta más. FIBBS: ¿Pero qué es exactamente lo que no les gusta? WILLS: A lo mejor es simplemente su aspecto. FIBBS: ¿El troncho miñón de bronce? Mire que le aclaro que es la perfección. Es la mismísima perfección. WILLS: Sencillamente, no lo pueden ni ver. FIBBS: Bueno, me deja pasmado. WILLS: No es sólo el troncho miñón de bronce, señor Fibbs. FIBBS: ¿Qué más? WILLS: Está el vástago rematado en semiesfera monoovoide. FIBBS: ¿El vástago rematado en semiesfera monoovoide? ¿Dónde va a encontrar un vástago mejor? WILLS: Hay vástagos y vástagos, señor Fibbs. FIBBS: Ya sé que hay vástagos y vástagos. ¿Pero dónde va a encontrar un vástago rematado en semiesfera monoovoide mejor que éste? WILLS: Ya no quieren tener nada que ver con él. FIBBS: Estoy hecho pedazos. Hecho pedazos. ¿Qué más? Vamos, Wills. No tiene sentido ocultarme nada. WILLS: Bueno, odio decirlo, pero le tomaron aversión al escariador aflautado espiral de mango cónico de alta velocidad. FIBBS: ¡El escariador aflautado espiral de mango cónico de alta velocidad! ¡Pero eso es absolutamente ridículo! ¿Qué pueden tener contra el escariador aflautado espiral de mango cónico de alta velocidad? WILLS: Lo único que puedo decirle es que están en un estado de severa agitación por culpa de él. Y además está el caño de escape lateral teflonado con manigueta. FIBBS: ¡Qué! WILLS: Y el enchufe roscado y el adaptador roscado y el comparador vertical mecánico. FIBBS: ¡No! WILLS: Y lo que no pueden ni nombrar sin ponerse a temblar es la mordaza para mamola de Jacobo acoplable al taladro portátil. FIBBS: ¡Mi mamola de Jacobo! ¡Mi mamola de Jacobo no! WILLS: Ya le digo que están en contra del conjunto completo de productos. Adaptadores de codo macho, bulones de tubos, grampones de escarde, salpicadores internos, puntas de trinquete, puntas de semitrinquete, matorras metálicas blancas... FIBBS: Pero no, seguro que no tienen nada contra mis encantadores tarugos de acople paralelo machos. WILLS: ¡Odian y detestan sus encantadores tarugos de acople paralelo machos, y los conectores de succión en orejeta, y los bulones traseros, y los bulones delanteros, y también el pistolón de vaciado de bronce con manigueta y el pistolón de vaciado de bronce sin manigueta! FIBBS: ¡No puede ser el pistolón de vaciado de bronce con manigueta! WILLS: Y sin manigueta. FIBBS: ¿Sin manigueta? WILLS: Y con manigueta. FIBBS: ¡No puede ser con manigueta! WILLS: Y sin manigueta. FIBBS: ¿Sin manigueta? WILLS: Con manigueta y sin manigueta. FIBBS: ¿Con manigueta y sin manigueta? WILLS: ¡Con y sin! FIBBS (rendido) Y dígame, ¿qué es lo que quieren hacer en su lugar? WILLS: Lío. (Harold Pinter. Teatro. El amante Escuela nocturna y Sketches de revista Harold Pinter. Prólogo y traducción de Rafael Spregelburd. Primera edición. Buenos Aires. Losada, 2005)