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ABC VIERNES 14 10 2005 57 Editores y libreros arremeten contra la desidia del Gobierno hacia la grave crisis que padece el sector editorial Hallan en Filadelfia una de las últimas partituras manuscritas de Beethoven, perdida desde 1890 En 2002 se le diagnosticó un cáncer de esófago. Ayer apareció con bastón y hematomas en la cara profundamente implicado en arte y en política y unas veces los dos se encuentran y otras no. Todo esto va a ser muy interesante A principios de año había anunciado que dejaba de escribir teatro para concentrarse en otras formas de expresión, como la poesía y el activismo político. Ayer volvió sobre este punto, al indicar que el mundo se va a ir por la alcantarilla si no tenemos mucho cuidado. Irak es sólo un símbolo de la actitud de las democracias occidentales hacia el resto del mundo y cómo ejercen su poder Debido a sus problemas de salud- -en 2002 le diagnosticaron un cáncer de esófago del que se está recuperando- apenas hizo ayer declaraciones públicas. Se limitó a salir a la puerta de su casa, con un bastón y algunos hematomas y vendajes en la cara, para mostrarse abrumado por la concesión del galardón. No he tenido tiempo de pensar sobre esto, pero estoy muy conmovido. Es algo que no esperaba en absoluto declaró. LAS PAUSAS DE PINTER, UN LEÓN EN INVIERNO VALENTÍ PUIG Original poeta del teatro Aunque la dimensión política de Pinter puede contribuir a ver en la decisión de la Academia Sueca una nueva bofetada a Washington, tras la concesión del Nobel de la Paz al organismo internacional que vela por el control del armamento nuclear, diversos autores teatrales británicos destacaron ayer sobre todo la calidad literaria del galardonado. El director teatral Peter Hall, que ha trabajado con Pinter durante más de cuarenta años, consideró el galardón un gran premio para un gran y original poeta del teatro Para Tom Stoppard, uno de los mayores dramaturgos británicos de posguerra, es completamente merecido porque como escritor ha sido firme durante cincuenta años, superando el desconcierto y la incomprensión de críticos y audiencia REUTERS guro en qué medida este hecho ha tenido algo que ver con este premio afirmó. Con ganas de que su perfil fuertemente crítico con las decisiones de política internacional tomadas por las Administraciones Bush y Blair, como es el caso de la guerra de Irak, sea tenido en cuenta en lo que sobre él se escriba estos días, Pinter añadió: Estoy arold Pinter ha puesto en escena un mundo lacónico y amargo, inflamable cuando las nieblas del tiempo entrecruzan el perfil de los personajes, hasta que la realidad de tan efímera pueda ser falsa. El Nobel de Literatura le llega cuando acaba de cumplir setenta y cinco años, cinco menos que su odiada Margaret Thatcher. Es un autor más bien exhausto, a años luz de aquella década de los cincuenta cuando- -junto con John Osborne- -fue desmantelando a martillazos el teatro de cuchara de plata que entre otros procedía de Wilde. La fiesta de cumpleaños El vigilante El amante los cincuenta y los sesenta fueron los años más prolíficos e intensos de Pinter, años de osadía y ruptura, años de una dramaturgia a puerta cerrada, claustrofóbica. Suele decirse que en el teatro de Harold Pinter lo mejor son las pausas, los silencios cargados de sentido- -cargados de silencio y a veces de emoción inútil, violencia o sinrazón- -que operan dramáticamente entre las palabras banales de los personajes. Un crítico entusiasta decía hace poco que esas pausas de Pinter son como los espacios entre las personas en los cuadros de Cézanne, Seurat o Picasso: expresivos, intensos, firmes, porque dramatizan la tensión entre los personajes. Esa es la experiencia del espectador en Tierra de nadie por ejemplo. La estrenaron John Gieguld y Ralph Richardson, con dirección de Peter Hall. La pièce bien faite y el teatro del absurdo se aliaban para extraviarse en busca del tiempo perdido. Esas pausas llegaron incluso a apoderarse del propio Pinter como personaje H Y el sentado se ahoga en la rigidez de sus gruñidos. En Pinter el portero monologa con monos en la cara. Y el sentado perora monono y pustuloso. En Pinter el cosmopolita Rueda de la polis al cosmos. En Pinter la fábula y la parábola Hiperbolizan con nuestras tuberculo sis En Pinter las estaciones de la memo ria son locamente piedras. Pinter y el teatro Saltan ya en nuestros trampolines- sentado assis para Rimbaud; palabra que mucho utilizó también y con el mismo sentido Samuel Beckett Pinter y su esposa, en una imagen tomada en 1998 AFP en la vida real, para pavor y ninguneo de algunos de sus entrevistadores. Presente y pasado se yuxtaponen en piezas como Viejos tiempos pero al final casi siempre el tiempo ido resulta ser como la única determinación posible para el vivir actual de los personajes, siempre mecidos por el tempo -las pausas y los silencios- -que el autor administra con sabiduría y crudeza. Traición extrapola el sentido de culpa de un adulterio, todo muy al sesgo, como un susurro. Extraño y sutil clave bien temperado entre bambalinas. Nacido en el East End londinense en 1930, hijo de un modisto judío, de orígenes húngaros y portugueses, objetor de conciencia en su juventud, aprendiz de actor, Harold Pinter en los años más fecundos estaba casado con la actriz Vivien Merchant. Al final, aquellos jóvenes airados que se enfrentaron brillantemente a todo el Establishment británico acabarían en la domesticidad. Es la vieja historia de la institucionalización del rebelde, aceptada aunque sea a regañadientes. Pinter fue dejando de estar tan presente en los teatros, vivía junto a Holland Park, con Lady Antonia Fraser, biógrafa de lujo. Ha ido firmando manifiestos contra esto y aquello, príncipe de la gauche caviar que riega sus peonías en los patios traseros de Hampstead. Su penúltimo enemigo a abatir es el Tony Blair que ha implicado tropas británicas en Irak. Mientras tanto él como Osborne estrenan más bien poco, es Tom Stoppard el autor británico que se mantiene admirablemente al pie del cañón. Con no pocos de sus guiones cinematográficos- El sirviente Accidente -colaboró con Losey. Otra pieza magnífica fue el guión de Siempre estoy sola Luego, en los años finales del siglo pasado, apareció en el teatro de Pinter una paranoia que se hacia insoslayable y cargante, concretada en breves piezas dramáticas sobre sus manías de persecución política. Por ejemplo, la representación de El nuevo orden mundial duraba ocho minutos. Aún siendo amigo de Vaclav Havel, Pinter creía que la Checoslovaquia comunista era más libre que el Reino Unido. Poco antes de la jornada anunciadora del Nobel, Harold Pinter acababa de decir que se dedicaría más a la poesía que al teatro. La fatiga melancólica de los escenarios hace tiempo que le satura y limita. Sólo se entusiasma con el cricket un deporte ceremonial al que considera más importante que el sexo. A buen seguro que Pinter dará un Do de pecho en su discurso de aceptación del Nobel, como un rugido del león en invierno.