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10 VIERNES 14 10 2005 ABC Nacional Moratinos, cabizbajo, como el hondureño Mario Fortín; arriba, el ministro cubano Pérez Roque, el mexicano Luis Ernesto Derbez y el embajador brasileño, José Viegas Filho EFE Castro logra en la Cumbre concesiones hostiles a EE. UU. y después deja plantado a Zapatero Tras decir el Gobierno que vendría, comunicó que tenía que ocuparse de las ayudas a Pakistán y Centroamérica acuerdos, por primera vez se insta a Washington a entregar a un presunto terrorista reclamado por Venezuela y Cuba y se habla de bloqueo estadounidense L. AYLLÓN A. MARTÍNEZ- FORNÉS SALAMANCA. Pese a los reiterados anuncios y los buenos oficios del Gobierno en forma de cesiones previas, Fidel Castro no estará en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca. Así lo comunicó el Ejecutivo, in extremis despejando la principal incertidumbre del encuentro que arranca hoy. Esta vez con mayor motivo que en anteriores citas, la polémica había rodeado la posible presencia del dictador cubano, tras la reciente sentencia del Tribub En los nal Constitucional que abre la puerta a que la Justicia española pueda actuar en el ámbito internacional en casos de genocidio y violación de los derechos humanos sin que haya compatriotas encausados. Anuncios de querellas, manifestaciones a favor y en contra... La expectación se diluyó como un azucarillo. Eso sí, unas horas antes del anuncio, Cuba había alcanzado ya sus dos grandes objetivos: que se apoye su reclamación de que Estados Unidos extradite a Venezuela a Luis Posada Carriles, a quien considera responsable de un atentado terrorista en 1976, y que se critique con más dureza que hasta ahora la estadounidense Ley Helms- Burton hasta el punto de calificar, por primera vez en la historia de las cumbres iberoamericanas, no ya de embargo, sino de bloqueo la política de Washington hacia la isla. A los cubanos les bastó la reunión de ministros de Exteriores, previa a la de jefes de Estado y de Gobierno, para que se aprobaran sendos comunicados que, dada la aquiescencia a los mismos por parte del Ejecutivo español, no van a favorecer precisamente sus relaciones con la Administración Bush. Es fácil que Washington no vea con buenos ojos que el Gobierno de Zapatero haya optado por intentar allanar el camino para que viniera Castro. Su propio ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque, se apresuró a mostrar su satisfacción por los acuerdos. Después de suscitar la acostumbrada incertidumbre y de hacer creer al Gobierno que podría venir a Salamanca, como en dos ocasiones indicó la vi- cepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, Castro ha preferido mantener su tradición de no acudir a estas reuniones desde el año 2000. La ausencia de Castro fue confirmada anoche, a las 20,45 horas, por el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, quien se limitó a comentar que el Ejecutivo recibía la noticia de la cancelación del viaje de la misma manera que si hubiera venido La decisión corresponde a los gobiernos. En unos casos tienen una justificación y en otros, otra añadió, metiendo en el mismo saco la ausencia de Castro y la de los mandatarios que afrontan catástrofes naturales. En realidad, el Gobierno hubiera preferido que Castro viniera, pero el comandante, después de despreciar la invitación a que la bandera cubana es-