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ABC JUEVES 13 10 2005 65 Toros FERIA DEL PILAR Corrida aparatosa para la televisión Plaza de toros de la Misericordia. Miércoles, 12 de octubre de 2005. Sexta corrida. Lleno. Toros de Valdefresno y Fraile Mazas, muy serios y de aparatosas cabezas, grandes y mansos en general, menos el 3 más en tipo y que embistió bien; 1 y 2 complicados y peligrosos. Enrique Ponce, de rioja y oro. Pinchazo, media desprendida y descabello (saludos) En el cuarto, dos pinchazos y media estocada tendida y desprendida. Aviso (saludos) Antonio Barrera, de azul marino y oro. Estocada atravesada (saludos) En el quinto, estocada rinconera (saludos) Salvador Vega, de blanco y oro. Pinchazo y estocada (oreja) En el sexto, media estocada baja y tres descabellos (ovación de despedida) Juan José Trujillo se destocó con los palos. ZABALA DE LA SERNA ZARAGOZA. La corrida de Valdefresno fue de enorme aparato, grande por doquier, por delante, por detrás, por los pechos, por la culata, por altura y largura. Para televisarla, un gran espectáculo de carnes y cuernos, pero un trago para torearla, mansa aunque no del todo mala precisamente a partir del tercero. Ése fue el toro que más cabía en la muleta y en el aparato del televisor (saturado por la aparatosidad de la valdefresnada) y a la postre el toro que mejor y más notable embestida tuvo. En suerte le correspondió a Salvador Vega, de gran cartel en Zaragoza a raíz de grandes actuaciones: ayer, por los adjetivos, todo parecía tremendamente grande. La faena de Vega fue buena y pudo ser mejor. Si ahora me preguntan cómo torea no sabría definirlo, porque tampoco él podría definirse, y de hecho no se define. Desde que se doctoró le viene pasando esta orfandad de estilo propio. A derechas se acopló bien al temple, y por ahí basó la estructura de la obra: si tocase menos por fuera las embestidas y curvara el trazo a la cadera ganaría enteros: se dice pronto. A izquierdas despide los viajes en línea. El conjunto, ya digo, fue vistoso para la gente, y tras un pinchazo y estocada se le recompensó con una oreja. Antes de pasar página, Vega apechó con el acochinado y pechugón sexto, al que toreó entero sobre la diestra generosa en distancia con su cuerpo para que aquello cupiera de alguna manera en la longitud del brazo. De ir y venir sin maldad, el morlaco- -aquí sí que suena acorde al tamaño- -terminó rajado, como la mayoría de sus hermanos, sin ruido torero en lo que duró. Por estética, dos tandas en redondo de Enrique Ponce con el muy serio y cornalón cuarto se elevaron sobre todas las faenas por estética, esa estética dejada y natural de Ponce que se abandona con sereno valor cuando por los muslos le pasan unos pitones como los de la fotografía superior de Fabián Simón. Esas tandas que despertaron bramidos en los tendidos, por ligadas, continuas y pulcras, ésas que fueron dos contadas antes de que se acobardase el descolgado bruto, más bruto aún entre las tablas, que cuando un toro se raja y no quiere ni a favor de querencia, sí que Enrique Ponce cuajó dos tandas magistrales de redondos, que fueron la cumbre estética de la tarde se pone bruto de veras. Ponce con el pitón agarrado era una esfinge de poder sobre el manso. Se abrió a la hora de enfocar el volapié tanto como al trazar los pases de pecho: cabíamos usted, Moratinos y yo. Otra historia libró con el agresivo primero, un tío con rencores por el izquierdo que le hicieron dudar hasta al mismo maestro valenciano. A José Monje le caló el dañino segundo cuando se partió el alma y las carnes por hacerle el quite a su matador, Antonio Barrera, volteado de fea manera avanzada ya la faena. Los boquetes de la taleguilla y la abundante sangría transmitieron a los tendidos la sensación de gravedad de las heridas. Peligroso toro éste, que nunca iba me- FOTOS: FABIÁN SIMÓN tido en las telas del valeroso Barrera. Un respeto para el esfuerzo del sevillano, que sin embargo se mostró un tanto ligero y monótono con el mansón quinto. Claro, que más que un toro se adivinaba en sus hechuras un percherón oculto, un caballazo de tomo y lomo, de los que por alzada más que con los cuernos embisten con los pechos. Cornada de 30 centímetros al peón José Monje Pasadas las diez de la noche, el subalterno José Monje era ingresado en la UCI de la clínica Quirón de la capital aragonesa tras ser intervenido en la enfermería del coso por el doctor Val- Carreres y su equipo, que emitieron el siguiente parte facultativo: José Monje sufre dos heridas por asta de toro, una a nivel del tercio medio del muslo izquierdo con un orificio de entrada de 15 centímetros y otro de salida de 30 centímetros que atraviesa la pierna con fuerte desgarro muscular y rotura de vasos de la musculatura de la región, importante espasmo del paquete vascular femoral y contusión del nervio ciático; y una segunda en el escroto con evisceración del testículo derecho. Pronóstico grave La gravedad de la cornada de José Monje se percibió enseguida en los tendidos