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ABC JUEVES 13 10 2005 Internacional 29 El Stan destapa un cementerio clandestino de la guerra civil en Guatemala La nueva tormenta tropical no ha frenado el envío de ayuda a los afectados por el huracán b Los indígenas mayas realizan ritos arcaicos para atar a los volcanes y evitar nuevas catástrofes naturales, pues la comunidad teme una pronta erupción MANUEL M. CASCANTE ENVIADO ESPECIAL CIUDAD DE GUATEMALA. Dicen que Dios aprieta, pero no ahoga. Al menos, no ahoga a todos. La onda tropical que se posó sobre Guatemala en las últimas horas, y que amenazaba con derruir las escasas infraestructuras que quedaron en pie tras el paso del huracán Stan sólo produjo lluvias intermitentes y menos devastadoras de lo que se temía. Así, la ayuda humanitaria comienza a fluir, a trancas y barrancas, hasta las localidades que permanecían aisladas desde hace ocho días, como Tacaná, en el departamento de San Marcos, donde ahora se concentran los esfuerzos de los equipos de rescate. Pero muchas comunidades aún permanecen incomunicadas. El riesgo de enfermedades infectocontagiosas preocupa a las autoridades sanitarias, que mantienen la alerta roja a nivel nacional. Los principales temores se centran en la aparición de casos de diarrea, enfermedades respiratorias y afecciones dermatológicas, así como de dengue y malaria. Se esperan los primeros brotes de enfermedades para las próximas semanas anunció el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social. Hasta entonces, los derrumbes y las torrenteras condicionan el futuro, asolan el presente y destapan fantasmas del pasado. La Procuraduría de los Derechos Humanos informó de que la erosión provocada por las lluvias destapó un cementerio clandestino en la aldea maya de Las Nubes, junto a San Martín Sacatepéquez, en el departamento de Quetzaltenango. Presuntamente, el camposanto improvisado alberga a víctimas de la represión militar durante la década de los ochenta del siglo pasado, la etapa más cruenta de la larga guerra civil que sufrió el país. En algunas áreas de Guatemala los antropólogos forenses todavía exhuman cuerpos enterrados hace lustros en fosas comunes, para proceder a su identificación. El recuerdo del genocidio contra los indígenas practicado por el régimen castrense guatemalteco, que los acusaba de apoyar a las guerrillas, impidió que un contingente militar accediera este lunes al desparecido poblado de Panabaj, pues, según uno de sus representantes, la comunidad organizada los rechazó Hace veinticinco años el Ejército ocupó la población, pero fue expulsado tras la matanza de trece campesinos, incluidos niños, a comienzos de los noventa. Desde entonces, los indígenas no quieren saber nada de los militares y, ante el poco o nada de apoyo del Gobierno, la comunidad organizada es aquí la autoridad principal Una mujer herida en Panabaj recibía ayer asistencia sanitaria REUTERS Los volcanes lloran Los más viejos del lugar y sus sacerdotes celebran ceremoniales con incienso, copal y otros aditamentos para atar a los volcanes Atitlán, San Lucas y San Pedro y evitar nuevas calamidades. Según las creencias de los mayas, sus antepasados amarraron hace siglos los volcanes, pero hace dos meses los abuelos de la comunidad advirtieron de que éstos estaban llorando y acechaba una catástrofe. Los mayas, cuyas costumbres y forma de vida apenas han cambiado desde antes del Descubrimiento, sienten El riesgo de epidemias de enfermedades infecciosas mantiene la alerta roja sanitaria en todo el país un singular apego a la tierra y a sus ancestros. De hecho, su particular cosmogonía les hace difícil aceptar que Panabaj, donde yacen centenares de cadáveres, se convierta en un inmenso cementerio y que los fallecidos no vayan a recibir sepultura acorde a sus ritos. El choque cultural llega al extremo de que la Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú, indígena maya quiché, ha solicitado que entre los donativos para los damnificados se incluyan huipiles y otras vestimentas tradicionales, pues los miembros de su etnia no acostumbran a usar ropa de corte occidental. Los mayas del lago Atitlán se dedican en su mayor parte a la artesanía. Los doce pueblos de sus orillas, que llevan el nombre de los apóstoles, forman el principal centro turístico de Guatemala. Sin embargo, ya se ha anunciado el cierre de varios centros de recreo.